Existe un elevado consenso en torno a que el crecimiento económico mundial se mantenga estable en 2026, aunque la incertidumbre política, sobre todo respecto a EE.UU. se mantenga, así como los conflictos geopolíticos. En este contexto, la agencia de calificación EthiFinance Ratings, prevé que los rating soberanos se mantengan estables, especialmente por el acceso continuado a los mercados, la gestión ordenada de la deuda y un entorno de política monetaria en proceso de normalización. Sin embargo, la agencia advierte que la diferencia de los ratings es cada vez más pronunciada, impulsada por las diferencias de crecimiento potencial, la inestabilidad política e institucional, y las trayectorias fiscales desiguales.
Estas perspectivas y reflexiones son relevantes porque, como señala Antonio Madera, economista jefe de EthiFinance, un rating es “ese gran elefante que cuesta mover, pero que cuando se mueve, hace ruido”. Según su experiencia, los inversores especializados otorgan al rating el papel que tiene, es decir, el de evaluador de la solvencia que debe ser estable a lo largo de los ciclos, y no sensible a ellos. “A diferencia de lo que ocurrió en la crisis de deuda soberana, en la que sí se señalizó un problema de solvencia acentuado por una crisis financiera, en este caso la percepción es de una mayor aceptación de los ratings en torno a los niveles otorgados”, advierte.
Divergencias en Europa
En Europa, por países, el Mapa de Crédito Soberano de EthiFinance Ratings sitúa a Alemania, Países Bajos y los países nórdicos como aquellos con mayor nivel de confianza en la ejecución política y preservación fiscal; mientras que Portugal y Grecia muestran que los ajustes fiscales y las reformas estructurales pueden reconfigurar el perfil soberano; y Francia, Italia y España enfrenta posiciones fiscales “desafiantes”, con una deuda pública elevada y déficits fiscales persistentes, aunque con diferencias entre ellos.

Según su análisis, Portugal es un claro ejemplo de país que puede evolucionar de una intervención a un situación equilibrada de sus finanzas públicas, camino que parece seguir Grecia, “aunque todavía con niveles de deuda pública muy preocupantes”, añade.
¿Dudas sobre EE.UU.?
Respecto a EE.UU., Madera reconoce que el hecho de que Moody’s rebajara el año pasado su nota no puede ser un motivo para cuestionar su capacidad para atender sus obligaciones en tiempo y forma -en términos de probabilidad de quiebra, la diferencia entre AAA y AA es muy pequeña-, ya que sigue siendo un emisor extremadamente seguro. “Más bien, pone de manifiesto que su situación actual en cuanto a posición fiscal, deuda, déficit exterior y calidad institucional es incompatible con la excelencia que se exige a un país AAA”, señala.
Madera se muestra seguro al afirmar que al igual que no prevé ninguna mejora en el rating de EE.UU. , tampoco ve motivo para una nueva corrección de su valoración, aunque sí reconoce que existe un riesgo importante en cuanto al factor institucional, un elemento que en países desarrollados pasa desapercibido pero que constituye la piedra angular que asienta la bóveda de su calificación.
“Los bloqueos políticos en torno al límite de deuda, la incapacidad de articular una senda fiscal clara y/o la amenaza constante a la independencia de la Fed, erosionan la confianza de los inversores y penaliza la gobernanza. A ello se une el hecho de que su rating se asienta en el rol de moneda de reserva que desempeña el dólar en las finanzas internacionales, y aunque no tengo dudas de que el dólar seguirá ostentando esta función, no es menos cierto que los vaivenes geopolíticos y la desconfianza hacia la situación fiscal, lo han debilitado en pro de inversiones en divisas más seguras al otro lado del Atlántico, por lo que es bajo este contexto cuando se hace aún más necesario el camino hacia la consolidación fiscal”, explica Madera.
Ante este peor rating de EE.UU., los mercados tienden a amplificar las incertidumbres, aunque no es menos cierto que en este caso concreto éstos ya descuentan que esta mejoría no llegará en el corto ni medio plazo. “No formar parte del grupo de las triples A’s cierra la puerta a determinados inversores institucionales que exigen este tipo de rating para sus inversiones, aunque el hecho de que cada vez sean menos países dentro de ese selecto club está obligando a replantear políticas de inversión”, explica.
Según su experiencia, reconoce que lo que realmente le preocupa es el aspecto coyuntural derivado de la incertidumbre geopolíticas y la desconfianza, “ya que, entre otros factores, impacta directamente sobre el coste de la deuda y, por ende, erosiona el colchón fiscal, algo que sin duda contribuye a deteriorar los desequilibrios que comentaba anteriormente”, matiza.
Diversidad en Latam
A ojos de Madera, Latinoamérica en un lugar importante de este complejo tablero de ajedrez que se viene dibujando en los últimos años, y sobre el que EE.UU. parece querer ostentar una posición de influencia a la vista de los últimos acontecimientos en Venezuela o las amenazas de extender el conflicto a otras área de la región. “En este contexto de incertidumbre, encontramos luz en el histórico acuerdo entre Europa y Mercosur, por abrir la puerta a un mercado potencial extremadamente amplio para ambas partes y que sin duda se traducirá en un crecimiento económico en la región. Además, los flujos de capital extranjero podrían poner su vista en estos mercados -necesitados de inversión- en búsqueda de destinos alternativos a EEUU.”, destaca.
Con todo ello, su perspectiva para la región es estable y no esperan una materialización de esos riesgos y oportunidades en el corto plazo. “Chile, México, Perú y Brasil continuarán mostrando los mejores niveles de solvencia de la zona, aunque no serán ajenos -sobre todo en Perú y Brasil, que enfrentan elecciones este año al igual que Colombia– al clima de fragmentación institucional, exacerbada por la presión externa en pro de la polarización. En el resto de países de la región con economías dolarizadas, los efectos pueden ser mixtos, tanto en términos de comercio internacional como de endeudamiento”, señala Madera.
Justamente, se detienen en el análisis de esta región al ser preguntado por quiénes creen que son los “buenos rating desconocidos”. En este sentido, el experto insiste con Chile, Uruguay o Perú. “Los dos primeros destacan por su mayor estabilidad gubernamental y calidad institucional, con unas finanzas públicas más equilibradas en el caso de Chile. Perú, en la misma situación, enfrenta más tensiones gubernamentales que los anteriores”, concluye.



