El arranque de 2026 ha supuesto un punto de inflexión en la lectura de mercado que maneja Guinness Global Investors. En un encuentro reciente con prensa, Matthew Page, gestor de las estrategias Guinness Global Equity Income y Guinness Global Innovators, destacó cómo las tendencias han cambiado en el mercado, particularmente con el conflicto bélico entre Irán y EE.UU. desde finales de febrero. El ejercicio anterior ya había dejado un patrón de comportamiento fragmentado —con fases de rally inicial, corrección por tensiones comerciales, recuperación posterior y un tramo final marcado por dudas en torno a las valoraciones de la inteligencia artificial—, pero, para el experto, el contexto actual introduce un elemento adicional: la creciente divergencia entre lo que descuenta el mercado y los riesgos latentes.
¿Qué están descontando exactamente los mercados?
En enero, el escenario parecía relativamente constructivo. Existían tres vientos de cola claros para el crecimiento de beneficios: una política monetaria más laxa, un impulso fiscal relevante —especialmente en Estados Unidos y Alemania— y un fuerte aumento del gasto en capital por parte de las grandes compañías. Sin embargo, también emergían dos focos de riesgo: el deterioro potencial del mercado laboral estadounidense y una inflación que seguía por encima del objetivo del 2%, con tasas subyacentes más cercanas al 3%, recuerda Page.
Desde entonces, el comportamiento de los mercados ha sido revelador. Las valoraciones bursátiles y las revisiones de beneficios al alza convivieron hasta que el estallido del conflicto con Irán provocó una corrección en el MSCI World. Aun así, la reacción de los distintos activos sugiere una lectura relativamente complaciente. El petróleo, por ejemplo, ha repuntado con fuerza en el corto plazo —desde niveles cercanos a 60 dólares hasta superar los 100—, pero la curva de futuros apenas se ha movido. En palabras de Page, esto indica que “el mercado está diciendo que se trata de un problema de corto plazo”, subraya el gestor.
Este mismo patrón se repite en otros indicadores. La volatilidad implícita ha aumentado, pero sin alcanzar niveles de estrés comparables a episodios anteriores. En renta fija, los tramos largos reflejan mayores expectativas de inflación, mientras que los cortos apenas han variado. Y, sobre todo, las estimaciones de beneficios empresariales continúan revisándose al alza incluso tras el inicio del conflicto. “Es otro indicio de que el mercado da por hecho que esto va a ser un problema de corto plazo”, insiste Page.
Sin embargo, ahí reside precisamente el principal riesgo. Si el conflicto se prolonga o deriva en un escenario de estancamiento, el impacto sobre los precios de la energía y, por extensión, sobre la inflación y el crecimiento, podría ser significativamente mayor de lo que actualmente descuentan los activos. De hecho, las expectativas de inflación de los economistas ya han repuntado en torno a 40 puntos básicos desde finales de febrero, mientras que las previsiones de crecimiento para Estados Unidos han comenzado a revisarse a la baja, advierte el gestor.
A pesar de ello, el mercado sigue proyectando un entorno muy favorable para los beneficios en 2026 y 2027. “Nuestra preocupación es que quizá este optimismo sea excesivo”, señala Page. En su opinión, existe una desconexión entre la evolución de los fundamentales macroeconómicos y las expectativas implícitas en los precios de los activos. “El mercado quiere comprar este rally y creer que no hay un problema estructural”, concluye el gestor.
¿Hasta qué punto es sostenible el ciclo de la IA?
En paralelo, Eric Santa, analista de la firma, puso el foco en otro de los grandes vectores de mercado: la inteligencia artificial. Su diagnóstico combina oportunidades evidentes con riesgos crecientes, especialmente en lo que respecta a la sostenibilidad del ciclo de inversión.
Las cifras son elocuentes. Si en 2024 se estimaba que las grandes tecnológicas destinarían unos 300.000 millones de dólares a inversión en capital, en marzo de 2026 esa cifra se ha más que duplicado hasta aproximarse a los 700.000 millones. De hecho, cinco compañías —Meta, Alphabet, Amazon, Microsoft y Oracle— concentran ya cerca del 37% del capex total del S&P 500, pese a representar apenas un 9% de sus ventas.
Este esfuerzo inversor está transformando la naturaleza del sector. “Antes eran compañías más ligeras en activos, con márgenes muy altos y pocas necesidades de reinversión. Ahora vemos que, para 2026, se espera que destinen hasta el 94% de la caja operativa al capex”, explica Santa. En algunos casos, como Oracle, esta cifra supera ampliamente el 100%, lo que implica recurrir a endeudamiento y eleva el riesgo financiero.
El mercado, por ahora, parece aceptar esta dinámica bajo la premisa de que la monetización llegará rápidamente. De hecho, se espera que 2026 sea el último año de contracción del flujo de caja libre agregado, con una recuperación posterior a medida que los servicios de computación en la nube generen ingresos. Pero esta narrativa no está exenta de incertidumbres, advierte el analista.
Uno de los principales interrogantes se centra en las compañías privadas de IA, como OpenAI o Anthropic, cuyos ingresos crecen de forma exponencial pero que siguen registrando pérdidas significativas. “La pregunta es cómo serán capaces de financiar este gasto si continúan quemando caja”, apunta Santa.
A ello se suma una creciente complejidad en las relaciones dentro del ecosistema tecnológico. Los acuerdos triangulares —en los que una misma empresa puede ser cliente, proveedor e inversor— incrementan la interdependencia y, con ello, la fragilidad del sistema. Aunque la monetización de los centros de datos está siendo rápida, esta estructura podría amplificar los riesgos en caso de desaceleración, añade.
En términos de valoración, el panorama es igualmente heterogéneo. Las revisiones de beneficios han sido muy positivas —con incrementos significativos en compañías como NVIDIA—, pero los múltiplos se han comprimido. Esto ha generado divergencias notables dentro del sector tecnológico: mientras los semiconductores han protagonizado un fuerte rally, el software cotiza con descuentos históricamente elevados. “El mercado está disparando primero y preguntando después”, resume Santa, lo que abre la puerta tanto a ineficiencias como a oportunidades.
En este contexto, Guinness Global Investors está reforzando su sesgo hacia segmentos más defensivos, especialmente el consumo básico. La firma considera que estas compañías ofrecen protección en entornos de mercado adversos, gracias a su capacidad de fijación de precios y a la resiliencia de la demanda. En paralelo, su estrategia Global Income mantiene un posicionamiento orientado a la estabilidad, mientras que Global Innovators continúa enfocada en compañías de crecimiento capaces de generar retornos superiores al 10% anual de forma sostenida, con un peso relevante en tecnología.
Novedades sobre Guinness Global Investors
La gestora, que cuenta con unos 10.000 millones de euros en activos bajo gestión, continúa apostando por un crecimiento orgánico apoyado en su modelo independiente, con el capital en manos de sus propios empleados. En este marco, la firma avanza en la apertura de una nueva oficina en París, que se sumará a sus sedes de Londres y Dublín. Además, prepara el lanzamiento de su primer fondo de renta fija, previsto para junio, en una fecha aún por concretar. En España, la distribución de sus productos corre a cargo de Selinca.



