Las tensiones se han calmado por ahora, pero el desorden controlado en el frente geopolítico ha llegado para quedarse, lo que también aporta una nueva mirada sobre el papel de algunos activos financieros. Según algunos expertos, mientras que el oro gana tracción entre los inversores, los bonos del Tesoro estadounidense -otro de los activos refugio por excelencia- parece estar sufriendo una aparente pérdida de relevancia como activo de inversión.
La tendencia que observan los analistas es que los inversores utilizan cada vez más el oro como cobertura contra el riesgo de renta variable, desplazando los bonos del Tesoro de larga duración.“Este cambio refleja un colapso estructural en la relación tradicional entre renta variable y renta fija: desde 2022, las correlaciones se han mantenido cercanas a cero, lo que ha erosionado la eficacia de los bonos como diversificador. Históricamente, la exposición a la duración amortiguó las caídas en los activos de riesgo. Sin embargo, episodios recientes, como la caída posterior al Día de la Liberación, donde la renta variable y los bonos a largo plazo se vendieron simultáneamente, han socavado la confianza en los bonos como una cobertura fiable”, apunta Lale Akoner, analista Global de Mercados de eToro.
Los flujos muestran que los inversores están asignando a renta variable y oro simultáneamente, al tiempo que reducen la exposición a los bonos a largo plazo. Para Akoner, esta tendencia refleja algo más que la cobertura contra la inflación y una reasignación de la gestión del riesgo de la cartera. “Si la correlación entre bonos y acciones se mantiene inestable, el papel del oro como amortiguador de volatilidad podría afianzarse, redefiniendo la forma en que las carteras cubren el riesgo bajista a lo largo del ciclo”, matiza.
La pérdida del trono
Desde mediados de la década de 1990, los bonos emitidos por el gobierno estadounidense se han convertido en el activo de reserva más utilizado del mundo, destronando al que reinaba hasta entonces: el oro. Según explica Enguerrand Artaz, estratega en La Financière de l’Échiquier, paradójicamente, esa corona que han ostentado se la debían sobre todo a Europa. “Mientras que la deuda estadounidense ganaba presencia de forma gradual en los activos de reserva, el peso del oro disminuía con rapidez y los bancos centrales europeos vendían sus reservas de oro para prepararse para el advenimiento del euro. Así, el metal amarillo cayó del 60% de las reservas mundiales a comienzos de los años 1980 hasta el 10% a comienzos de la década de 2000. En paralelo, los bonos del Tesoro estadounidense pasaban del 10% al 30%. Estos niveles se mantuvieron estables en líneas generales durante dos décadas. Sin embargo, la situación se ha invertido otra vez. De hecho, después de desbancar al euro en 2024, el oro ha vuelto a superar a la deuda estadounidense en las reservas mundiales desde septiembre de 2025”, relata Artaz.
En su opinión, este cruce se explica por dos dinámicas subyacentes. La primera es la erosión progresiva del volumen de deuda estadounidense en manos de inversores extranjeros desde mediados de la década de 2010. Y, la otra dinámica en marcha es el fuerte incremento de las compras de oro desde 2022 en un contexto de mayor incertidumbre geopolítica sustanciado en el conflicto entre Rusia y Ucrania.
El experto consideran que existen buenas razones para que estas dos dinámicas continúen: “El retorno de los conflictos geopolíticos y una tendencia gradual, pero poderosa, de vuelta a la regionalización del mundo favorecen el uso del oro como activo de reserva: el oro no depende directamente de un Estado y es prácticamente el único activo con la capacidad de absorber los flujos que abandonan los bonos estadounidenses”.
Un dato que ayuda a contextualizar esta reflexión es que los mercados de oro y de deuda estadounidense tienen tamaños comparables, alrededor de 25 y 30 billones de dólares, respectivamente, y muy superiores al resto de clases de activos. Según el análisis del experto de LFDE, “este fenómeno se ha acelerado durante los últimos meses de forma paralela al fuerte aumento del precio del oro (un 139% desde finales de 2023), pero también de forma estructural: la agresiva política comercial de la Administración Trump ha acrecentado la propensión de los bancos centrales y los inversores a abandonar el dólar como activo refugio preferente”.
En una última reflexión, Artaz apunta que las dudas sobre la “salud de las finanzas públicas en EE.UU.”, aumenta la desafección por la deuda estadounidense puedan hacer perder al dólar su estatus de moneda de reserva. “No hay más que un paso, pero no sería muy conveniente darlo. Sumando todos los instrumentos, el dólar sigue siendo el primer activo de reserva mundial y, aunque el oro lo destronase, seguiría siendo una referencia. Por el contrario, el mercado de la deuda estadounidense, que está en un 30% en manos de inversores fuera de EE.UU., podría convertirse en un campo de batalla geopolítico. Eso posibilitaría que el oro siguiera brillando”, concluye.
Fuera de la batalla geopolítica
La conclusión que lanza Artaz merece unas líneas: ¿podría acabar los grandes tenedores de deuda estadounidense sus bonos como un “arma”? Por ejemplo, entre la comunidad inversora ha llamado la atención que, la semana pasada, dos fondos de pensiones daneses y uno sueco anunciaron que estaban vendiendo activamente bonos estadounidenses.
Además, cabe recordar que China, en particular, ha reducido sus compras de bonos estadounidenses casi un 40% desde 2013. Este movimiento ha sido replicado por varios bancos centrales del sudeste asiático, cada vez más propensos a vincularse al yuan chino que al dólar en el plano monetario. En cambio, Japón, que sigue siendo el primer tenedor extranjero, ha mantenido el valor de su cartera en términos absolutos, pero el porcentaje ha caído con fuerza, ya que ha pasado del 10 % del total de la deuda estadounidense negociable en 2010 a menos del 5 % en la actualidad. Por su parte, el resto de países desarrollados ha mantenido en términos globales sus porcentajes, pero sin aumentarlos, y únicamente el Reino Unido ha incrementado de forma efectiva sus inversiones en deuda estadounidense.
Es inapropiado afirmar que detrás de estos movimientos haya una intención geopolítica, pero sí podemos analizar qué probabilidades tiene un escenario de este tipo. Por ejemplo, Eiko Sievert, director de calificaciones del sector público y soberano de Scope Ratings, considera poco probable que la UE.“La posible venta y reequilibrio de las reservas en otras divisas o activos sería gradual y poco probable como resultado de un acto legislativo o de la persuasión moral de las autoridades de la UE frente a las represalias de Trump. Además, los inversores privados tendrán mucho cuidado de no perjudicar el valor de sus carteras, lo que podría ocurrir si vendieran grandes cantidades de deuda estadounidense en un breve periodo de tiempo”, explica.
Según el análisis de Sievert, una venta de este tipo de activos conllevaría también riesgos en mayor o menor medida, dependiendo del ritmo y la magnitud de la venta. Y dada la interdependencia, a menos que quienes vendan deuda estadounidense compren deuda de la UE o de los Estados miembros, se producirá un efecto contagio también en los diferenciales de la UE. “Las implicaciones podrían ser de gran alcance, ya que la reducción de la demanda del dólar estadounidense también podría provocar un fortalecimiento del euro, lo que podría debilitar el crecimiento económico de los Estados miembros de la UE centrados en las exportaciones. De hecho, a nivel global, una venta masiva probablemente generaría volatilidad, un aumento de los diferenciales y afectaría al mercado monetario, con posibles implicaciones en términos de liquidez a nivel mundial, lo que podría provocar la intervención de las autoridades monetarias”, concluye, describiendo un escenario del que estamos bastante lejos.



