A pesar de haber empezado 2026 en un entorno geopolítico de gran complejidad, en Tressis descartan que su impacto llegue al terreno macroeconómico y de los mercados financieros. Por eso su visión para el ejercicio 2026 apenas tiene en cuenta este factor y habla de un año marcado por un crecimiento global débil, sin recesión, pero condicionado por elevados niveles de deuda, un entorno fiscal exigente y un escenario monetario que seguirá siendo acomodaticio, según indicaron esta mañana en su presentación en Madrid. En este contexto, la entidad apuesta por una estrategia de prudencia activa, basada en la selección, la calidad y la flexibilidad como ejes fundamentales de la inversión.
«Venezuela no supone un riesgo de crisis, hay una visión pragmática. Ya sabemos que todas las operaciones que lleva a cabo la Administración Trump tienen un impacto económico y bursátil contenido», defendía Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis. «Si nos dicen que hay una intervención militar en Venezuela y una revuelta popular en Irán y que las bolsas están en máximos y el petróleo cayendo nos llevaríamos las manos a la cabeza. Pero los operadores no quieren un petróleo al alza, no quieren una escalada que genere un efecto negativo en las economías. El riesgo geopolítico es muy bajo y el objetivo de Trump es demostrar al mundo que esos riesgos que ocupan tantos titulares tienen muy poco impacto«, añade.
Su visión macro y de mercados para este año favorece a EE.UU. frente a Europa: “El mundo entra en una fase de crecimiento estructuralmente más pobre, en el que la abundancia de liquidez convive con una inflación que no termina de desaparecer y con niveles de deuda que limitan el margen de actuación de gobiernos y bancos centrales”, señala José Miguel Maté, consejero delegado de Tressis. “No es un escenario de recesión, pero sí exige una gestión mucho más selectiva y disciplinada”, ha asegurado. Desde el punto de vista macroeconómico, estima que Estados Unidos seguirá liderando el crecimiento entre las economías desarrolladas. Europa mantiene un escenario frágil, marcado por tensiones fiscales y políticas en algunos países clave, mientras que en mercados emergentes el dinamismo se concentra en Asia, con un enfoque más selectivo.
Según la entidad, las políticas estadounidenses -arancelaria, fiscal y desregulatoria- son un acicate para el crecimiento económico y los beneficios empresariales, frente a una Europa donde ocurre todo lo contrario, por lo que podría haber factores de riesgo en sus plazas bursátiles. «Las valoraciones en EE.UU., tan exageradas a principios de 2025, se han moderado, algo que no ha ocurrido en Europa», explica Maté. Para el experto, supone un riesgo que las expectativas de beneficios empresariales (del 16% para el S&P 500 y del 10% en Europa) no acaben de cumplirse, un riesgo mayor en el caso europeo. «El relativo entre evolución de mercado y mejora de resultados no se ha compensado en Europa y los índices europeos, que presumen de infravaloración pero no es el caso», advierte.
Tsunami monetario
Lacalle habla de un crecimiento en 2026 «improductivo, que viene sobre todo de aumentar el gasto público y empobrecer a la clase media». Y es que uno de los conceptos centrales de su escenario para 2026 es el denominado “tsunami monetario”: años de políticas expansivas, déficits elevados y balances públicos sobredimensionados que siguen condicionando el entorno financiero. Esta combinación prolonga un ciclo de liquidez abundante y tipos reales contenidos, pero mantiene vivo el riesgo de inflación persistente, especialmente en el sector servicios. “La inflación ha bajado, pero no ha desaparecido como riesgo”, explica Lacalle.
Para el experto, el elefante en la habitación es la deuda, el déficit, pues «la parte grande iceberg son pasivos ya comprometidos y no financiados, que suponen el 4% del PIB en Europa, lo que derivará en mayores impuestos, menor crecimiento productivo y riesgo de inflación persistente a futuro», dijo, criticando políticas que disparan la deuda y empeoran la posición de los ciudadanos, lo que genera polarización y hartazgo. «Existe una inflación de precios persistente y eso se nota en la expansión de múltiplos en las bolsas, y rentabilidades exigidas a los bonos desconectadas de la realidad de solvencia de los estados, además de un problema de poder adquisitivo de las monedas muy relevante», añade.
Una situación que también limitará las políticas restrictivas de los bancos centrales: «El objetivo de los bancos centrales no es controlar la inflación, aunque sea lo que dicen: es cierto que tienen un objetivo a medio plazo, del 2% anual pero hay que tener en cuenta que no tienen independencia, pues tienen como objetivo que los gobiernos se financien barato: por eso la animadversión de Trump con respecto a la Fed está tan justificada». Así, aunque no podrán repetir las políticas ultraexpansivas del pasado, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo afrontan 2026 con un sesgo acomodaticio: en concreto, Lacalle habla de entre dos y tres bajadas de tipos este año en EE.UU. mientras en Europa no descarta alguna bajada adicional, teniendo en cuenta que las últimas no han tenido ese efecto de depresión de la rentabilidad exigida en los bonos soberanos. «Los bancos centrales al final son rehenes de la política fiscal: lo que importa son las acciones y éstas han sido brutalmente acomodaticias en los últimos años».
Así las cosas, Tressis asume un aumento de la masa monetaria por encima del crecimiento del PIB nominal, lo que seguirá apoyando las valoraciones de los activos financieros, aunque con mayor volatilidad y divergencias.
Renta variable: calidad y prudencia, sin burbuja en la IA
En renta variable, la concentración y el optimismo de los inversores son dos de los factores que destacan desde la entidad. Tressis sigue sobreponderando la región norteamericana y Europa frente a los índices globales, si bien es cauta con las valoraciones y apuestan por una mayor participación sectorial. Entre las temáticas que destacan se encuentra salud, tras confirmar una mejora en los resultados; tecnología y comunicaciones con beneficios, haciendo mucho hincapié en compañías rentables; industriales, se estima una recuperación de las manufacturas a nivel global; y muy selectivos en consumo, dadas las correcciones en algunos segmentos.
Lacalle descarta una posible burbuja en la IA, y ve totalmente normal que las inversiones en tecnología incluyan destrucción creativa: «La visión apocalíptica de una burbuja no tiene sentido porque eso siempre ocurre con la inversión en tecnología. El endeudamiento de las empresas es muy bajo y no está basado en expectativas de aumentos de precios; de hecho, las empresas de IA invierten para bajarlos y no necesitan que suban para repagar su deuda. A veces hay un concepto falso con las burbujas: ahora se lanza al mercado el miedo a la burbuja de la IA, pero siempre aparece la evidencia de que la verdadera burbuja es la deuda soberana. La IA no es una entelequia basada en el futuro sino en una realidad, que genera rentabilidad y resultados positivos hoy, con endeudamiento bajo. No es que las compañías sean ganadoras de los últimos años, es que son las ganadoras del futuro».
Renta fija más selectiva y oportunidad en oro
La renta fija vuelve a ocupar un papel relevante en las carteras, si bien en un entorno más complejo. La creciente preocupación por la sostenibilidad fiscal ha elevado la volatilidad de la deuda soberana y ha incrementado las rentabilidades exigidas en los tramos largos. Por ello, Tressis prioriza duraciones medias, entre tres y cinco años, y una clara preferencia por la alta calidad crediticia. En deuda privada, las perspectivas son más favorables gracias a la solidez de los balances empresariales y a unas rentabilidades a vencimiento que siguen siendo atractivas, especialmente en Europa.
En materias primas, los metales preciosos —oro y plata— continúan ganando protagonismo como activos de protección frente a desequilibrios monetarios y geopolíticos, apoyados por las compras de bancos centrales. Los metales industriales, especialmente el cobre, se benefician de la inteligencia artificial y la transición energética, aunque son sensibles a la evolución de la economía China. «El oro es el ganador de la destrucción de poder adquisitivo de las monedas fiduciarias y lo refleja el hecho de que todos los bancos centrales del mundo están reduciendo su peso en monedas y aumentando el de oro; la demanda vs la oferta sigue siendo potente», añade Lacalle.
Mientras, el petróleo afronta 2026 en un entorno de precios contenidos y de equilibrio entre oferta y demanda, lo que contribuirá a la estabilidad macroeconómica, aunque siempre está expuesto a episodios de volatilidad derivados de riesgos geopolíticos. «Veo una tendencia lateral en el precio del petróleo, no una caída brutal como en los últimos años», dice Lacalle. «Es difícil que el precio caiga muchísimo, o suba: en el momento en que hay un operador relevante que desaparece por razones geopolíticas (por ejemplo Venezuela) el efecto es cero».



