Última actualización: 13:22 / Martes, 18 Enero 2022
Según un informe del BID

La confianza, el problema más acuciante de Latinoamérica

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  • En  términos  globales,  el  porcentaje  de individuos  que  cree  que  se  puede  confiar  en  la  mayoría  de  las  personas (confianza generalizada o “interpersonal”) descendió del 38% en el período 1981-85 al 26% en 2016-20
  • Entre 1980 y 2020, la tasa promedio de crecimiento per cápita del PIB real en América Latina y el Caribe se situó por debajo del promedio mundial

La   confianza   es   el   problema   más   acuciante   —y, sin embargo, el menos abordado— al que se enfrenta América Latina y el Caribe. Ya se trate de los demás, del gobierno o de las empresas, la confianza en la región es menor que en cualquier otra  parte  del  mundo, señala un extenso informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Las consecuencias económicas y políticas de la desconfianza se propagan a toda la sociedad.  La desconfianza reduce el crecimiento y la  innovación:  la  inversión,  la  iniciativa  empresarial  y  el empleo  florecen  cuando  las  empresas  y  el gobierno,  los trabajadores y los empleadores, los bancos y prestatarios, así  como  los  consumidores  y  productores  confían  unos en otros. Por otro lado, la confianza dentro de las organizaciones  del  sector  privado  y  público  es  esencial  para  la colaboración y la innovación.

Según el BID, la desconfianza distorsiona la toma de decisiones democrática. Impide que los ciudadanos exijan mejores servicios públicos e infraestructura, y que se unan entre sí para controlar la corrupción; asimismo, reduce sus incentivos para hacer sacrificios colectivos que benefician a todos.

El organismo consideran que “los gobiernos pueden  aumentar  la  confianza  ciudadana  con  promesas más  claras  sobre  lo  que  los  ciudadanos  pueden  esperar de ellos, con reformas del sector público que les permitan cumplir  sus promesas  y  con  reformas  institucionales  que refuercen los compromisos que los ciudadanos contraigan unos  con  otros”.

Dada la  importancia  de  la  confianza  interpersonal  en  la  mayoría  de las  interacciones  sociales,  políticas  y  económicas,  su  bajo  nivel  y  su disminución  en  América  Latina  y  el  Caribe  constituyen  una  fuente de  preocupación  (gráfico  1). 

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En  términos  globales,  el  porcentaje  de individuos  que  cree  que  se  puede  confiar  en  la  mayoría  de  las  personas (confianza generalizada o “interpersonal”) descendió del 38% en el período 1981-85 al 26% en 2016-20, según datos de la Encuesta Integrada de Valores. En América Latina y el Caribe, la reducción ha sido aún más drástica, con una caída de los niveles de confianza del 22% al 11%. Solo una de cada 10 personas cree que se puede confiar en los demás.

Aunque la confianza es escasa en el resto del mundo, es más baja en América Latina y el Caribe que en cualquier otra región. Los bajos niveles de confianza interpersonal y la escasa capacidad para obligar a los gobiernos a rendir cuentas se refleja en una alta desconfianza en el gobierno. Según la Encuesta Integrada de Valores, a lo largo del período 2010-20, un promedio de  menos  de  tres  de  cada  10  ciudadanos  en  América  Latina  y  el Caribe confiaban en su gobierno. La desconfianza en el gobierno es un problema mundial, pero es mayor en América Latina y el Caribe, aun cuando las diferencias no sean tan acusadas como en el caso de la confianza interpersonal (gráfico 2)

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Desconfianza, bajo crecimiento y alta desigualdad

La desconfianza y los vínculos débiles de ciudadanía entre los empleados  públicos  y  más  allá  intensifican  los desafíos  crónicos  y urgentes de bajo crecimiento y alta desigualdad que enfrenta la región. Entre 1980 y 2020, la tasa promedio de crecimiento per cápita del PIB real en América Latina y el Caribe se situó por debajo del promedio mundial.

Otras regiones han reducido la brecha con Estados Unidos. Este no ha sido el caso de América Latina. En promedio, los países de la región cerraron solo 4 puntos porcentuales de la brecha del ingreso per cápita con Estados Unidos, mucho menos que los 47 puntos porcentuales logrados por los países de Asia Oriental.

Además  de  ser  una  de  las  regiones  con  el  crecimiento  más lento del mundo, América Latina y el Caribe ha sido la más desigual desde larga data. A pesar de los notables avances recientes, la región  sigue  siendo  un  50%  más  desigual  que  el  país  desarrollado promedio.  Los  estudios  de  la  Comisión  Económica  para  América Latina  y  el Caribe  (CEPAL)  muestran  que  el  porcentaje  de  personas  que  pertenecen  al  estrato  de  más  altos  ingresos  aumentó del 2,2% al 3% entre 2002 y 2017, pero en 2014, el 10% más rico de la población seguía percibiendo el 40,5% del ingreso nacional en Brasil, y el 39,7% en México.

La  confianza  y  el  civismo  tienen  un  impacto  significativo  en todos los motores clave del crecimiento y la desigualdad. El crecimiento económico depende de políticas públicas y de instituciones para acomodarlo  y  estimularlo. Las  decisiones  más  importantes que  impulsan  el  crecimiento  económico  —invertir,  emplear,  producir, comprar  o  vender—  dependen  en  todos  los  casos  de  la confianza.  Las personas  más  productivas,  capacitadas  e  innova - doras  tienen  más  oportunidades  económicas  en  las  sociedades donde la confianza es alta; en las que carecen de confianza, estas oportunidades son limitadas.

Para acceder al informe completo, hacer click aquí.

 

 

 

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