Frente al conflicto en Oriente Medio, las firmas de inversión ponen el foco en no precipitarse y esperar a que los acontecimientos se vayan desarrollando. El primer mensaje que lanzan es poner atención a la duración del conflicto y su alcance, ya que determinarán la magnitud y persistencia de los movimientos de precios en materias primas, renta variable y otros activos de riesgo.
Por el momento, explican que hemos visto un alza en el precio del petróleo y el gas, un mayor interés por los activos refugio y un aumento del sentimiento de incertidumbre. “Los mercados están ajustándose a un mayor riesgo geopolítico, pero todavía no se posicionan ante una guerra regional prolongada. Que esto cambie dependerá menos del ataque en sí —que ya ha remodelado el panorama político en Teherán— y más de lo que ocurra a continuación: cómo se desarrolle la sucesión, hasta qué punto decida Irán responder y si los flujos energéticos desde el Golfo permanecen seguros en los próximos días”, afirma Talha Khan, economista político de Capital Group.
Duración y escala del conflicto
Para tranquilidad de los inversores, Khan destaca que los mercados energéticos suelen recuperarse rápidamente de los shocks geopolíticos. De hecho, desde 1967, ninguno de los grandes conflictos militares en los que ha participado Israel ha tenido un efecto duradero sobre los precios del petróleo, salvo la guerra árabe-israelí de 1973. “El sistema petrolero global actual es más flexible que durante las anteriores crisis del Golfo. La oferta no perteneciente a la OPEP, en particular el shale estadounidense, puede responder con mayor rapidez a los incentivos de precios. Existen reservas estratégicas como colchón. La intensidad energética del PIB es menor que en anteriores shocks petroleros. Estos factores no eliminan la vulnerabilidad ante una interrupción en el Golfo, pero reducen la probabilidad de que una confrontación breve derive en una crisis energética estructural”, argumenta Khan.
Igualmente, desde Banca March reconocen que están preservando su estrategia actual, ya que también consideran que se trata de un conflicto de corta duración. “A nivel regional, los mercados más penalizados están siendo los europeos y los asiáticos, más dependientes energéticamente. Sin embargo, el conflicto estalla al final del invierno en Europa y en una época de temperaturas más suaves en Asia, lo que implica una demanda estacional más contenida en las próximas semanas”, apuntan.
Mensajes para el inversor
Al ponernos en la piel del inversor, Enguerrand Artaz, estratega de La Fiancière de l´Échiquier (LFDE), reconoce que se debe vigilar estrechamente los riesgos de escalada del conflicto, ya que creen que es importante evitar cualquier sobrerreacción negativa ante estos acontecimientos. “Conviene recordar que, en la gran mayoría de los casos, los mercados bursátiles europeos y estadounidenses registran un comportamiento positivo entre uno y tres meses después del inicio de un conflicto armado. Por tanto, es necesario mantener la racionalidad y la disciplina en este entorno”, indica.
Una segunda reflexión para el inversor es la que lanza Tobias Schafföner, responsable de Multi Asset en Flossbach von Storch, quien considera que este contexto refuerza su filosofía de inversión de diversificar entre distintas clases de activos, pero también dentro de cada clase de activo. “En nuestra opinión, los inversores harían bien en prepararse, al menos de forma implícita, para escenarios que a menudo quedan eclipsados por los grandes temas de mercado. Recientemente, el mercado se ha centrado principalmente en la inteligencia artificial (IA), ignorando riesgos potenciales más allá de esta temática”, critica Schafföner.
Por ello, en su opinión, cuando los riesgos desatendidos se materializan, los activos refugio como el oro y, no menos importante, el dólar estadounidense, cobran protagonismo. “Los metales preciosos siempre han sido una parte integrante de nuestras carteras mixtas. Precisamente por esta razón de diversificación, no cubrimos completamente la exposición al dólar. La posición de liquidez también sigue el principio de diversificación y es, por tanto, lo suficientemente amplia como para aprovechar oportunidades de inversión a medida que surjan”, afirma.
Por último, Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, considera importante que los inversores no pierdan de vista los próximos pasos de los bancos centrales, ya que, a corto plazo, el aumento de los precios del petróleo debería elevar las expectativas de inflación y una postura menos acomodaticia por parte de la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo y otros bancos centrales relevantes.
“Es probable que el dólar estadounidense se fortalezca temporalmente, reflejando tanto una revisión a la baja de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Fed como el hecho de que la economía estadounidense es mucho menos vulnerable a un shock petrolero que el resto del mundo. Además, los bonos del Tesoro de EE.UU. podrían recibir flujos hacia activos refugio, aunque, dado el riesgo inflacionario, no espero un rally sostenido en el tramo largo de la curva. Los mercados emergentes se verán puestos a prueba, especialmente aquellos países importadores de petróleo, que son más vulnerables”, considera Desai.
Hablemos de oportunidades
En este contexto, Artaz insiste en que las fuertes caídas registradas en determinados valores y segmentos del mercado pueden ofrecer oportunidades para reforzar posiciones en compañías de calidad a buen precio o para iniciar posiciones en empresas cuyas valoraciones anteriormente considerábamos demasiado elevadas. “También mantenemos las estrategias de protección iniciadas en los últimos meses en determinados fondos, en particular en nuestros fondos diversificados”, matiza.
Para Nitesh Shah, Head of Commodities and Macroeconomic Research de WisdomTree, las empresas intensivas en activos físicos y con baja obsolescencia, como utilities, operadores de infraestructuras, productores energéticos y compañías de transporte, podrían mostrar mayor resiliencia.
“Estas compañías están menos expuestas a disrupciones tecnológicas rápidas y suelen aportar insumos esenciales para los sistemas energéticos y las cadenas de suministro de defensa. En la primera jornada bursátil tras la escalada, el petróleo superó al oro. No obstante, el hecho de que el brent no haya superado de forma sostenida los 80 dólares por barril sugiere que los elevados inventarios actúan como colchón temporal. Si el conflicto persiste o se amplía, cabría esperar un aumento de las primas de riesgo, con el oro reflejando el estrés geopolítico de forma más marcada en las próximas semanas”, apunta Shah.
Repensar la inversión a largo plazo
Ante este contexto, desde BlackRock Investment Institute (BII) van un paso más allá y argumentan que es necesario un nuevo planteamiento en la estructuración de carteras. “La asignación estratégica tradicional ya no basta en un entorno dominado por megafuerzas estructurales. Es esencial revisar de forma periódica las principales tesis de inversión y poner el foco en los motores económicos de fondo”, defienden.
Según su visión, el nuevo conflicto en Oriente, la corrección del sector tecnológico y los resultados de Nvidia evidencian cómo las megafuerzas estructurales están transformando los mercados en tiempo real. “Aunque son ampliamente conocidas, la dimensión y dirección de su impacto a largo plazo siguen siendo inciertas. Al no existir un único escenario a largo plazo, conviene revisar con mayor frecuencia las tesis de inversión y priorizar los fundamentales económicos frente a las etiquetas tradicionales de activos. En un horizonte estratégico de al menos cinco años, sobreponderamos la deuda corporativa de alta rentabilidad y la inversión en infraestructuras”, indican.



Por Alicia Miguel Serrano