Durante la «2026 Bolton Advisor Conference«, que se realizó en Miami, el reconocido economista Nouriel Roubini delineó una visión optimista sobre el futuro económico de Estados Unidos. A lo largo de su exposición, primero, y su conversatorio con el director administrativo y jurídico de la firma, John Cataldo, después, destacó el potencial de crecimiento y la resiliencia de la economía norteamericana en los próximos años.
El director ejecutivo de Roubini Macro Associates, una consultora con sede en Nueva York que ofrece análisis macroeconómicos estratégicos, inició su presentación con una perspectiva sobre el actual cambio de régimen global, advirtiendo sobre el tránsito «de una relativa estabilidad política a una relativa inestabilidad, o incluso caos».
«Ahora estamos en un periodo en el que los shocks de oferta, especialmente los negativos, se han vuelto importantes: covid, problemas en las cadenas de suministro, proteccionismo, restricciones a la migración y conflictos geopolíticos, todo eso fragmentando y desglobalizando la economía mundial, generando riesgos de estanflación», analizó.
Roubini advirtió sobre el desplazamiento de la economía global hacia mercados más regulados y riesgos de menor crecimiento y mayor inflación: «Todo este conjunto de preocupaciones indica que nuestro régimen económico se está alejando de los mercados libres hacia mercados regulados, y hacia una situación donde el crecimiento podría ser menor y la inflación gradualmente mayor, lo que la gente llama estanflación», sostuvo.
Sin embargo, al analizar el futuro de Estados Unidos, afirmó: «La excepción americana no se ha terminado, el mercado de acciones de EE.UU. no está en una burbuja, nuestras deudas no son insostenibles ni exorbitantes. El dólar va a mantenerse y va a fluctuar, pero no va a colapsar».
Para el expositor, la clave del liderazgo estadounidense reside en su capacidad de innovación y adaptación tecnológica. «La tecnología, históricamente, es un shock de oferta positivo que aumenta el crecimiento potencial, la productividad y reduce el costo de producción de bienes y servicios. La inteligencia artificial es solo la manifestación más reciente de ese shock positivo», explicó. En su visión, la revolución tecnológica actual «es más importante que la invención del fuego, la introducción de la agricultura, la imprenta, el motor a vapor o la electrificación».
El economista, que también se desempeña como profesor emérito de Economía en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York (NYU), proyectó que este ciclo de innovación permitirá a Estados Unidos crecer más rápido que otras economías desarrolladas. «Si Estados Unidos crece más rápido que Europa, eventualmente el dólar será más fuerte, no más débil», sostuvo. Roubini remarcó que la aceleración del crecimiento potencial, gracias a la tecnología y la digitalización, será el mejor remedio para los desafíos fiscales del país. «Tener un déficit más grande y una deuda pública creciente es un problema. Pero si el crecimiento potencial de EE.UU. se acelera, la relación deuda/PIB tenderá a estabilizarse o caer», planteó.
En esta línea, Roubini también restó dramatismo a los temores sobre el dólar: «La verdad honesta es que no hay alternativa. El dólar estadounidense va a seguir siendo la principal moneda de reserva global, porque seguimos siendo el lugar donde invertir, entre otros, no el único, pero sí el principal».
Al referirse al mercado financiero, rechazó la idea de una burbuja en los activos estadounidenses a largo plazo: «Si uno toma una visión de mediano plazo, los retornos para las mejores empresas tecnológicas privadas, para el Nasdaq y el S&P, serán tan altos como en los últimos veinte años, y probablemente mucho más altos. No estamos en una burbuja. Esto es algo secular».
En contraste, Roubini fue escéptico frente a la supuesta revolución de las criptomonedas: «Llamar monedas a estas cosas es incorrecto. Quizás sean criptoactivos, pero no son monedas, porque cualquiera que sepa teoría monetaria básica sabe que para que algo sea dinero o moneda debe ser una unidad de cuenta. Las cosas se cotizan en dólares, euros, yenes; nada se cotiza en Bitcoin… tiene que ser una reserva de valor estable, y es demasiado volátil».
Sobre América Latina, fue directo: «Latinoamérica, como la mayoría de los mercados emergentes, es una mezcla. Hay que preguntarse qué país tiene estabilidad macroeconómica, porque sin estabilidad no hay base para el crecimiento. América Latina ha oscilado entre auges y crisis, y entre populismos de derecha e izquierda. Diría que las cosas están cambiando en parte porque muchos de estos países aprendieron que una política fiscal y monetaria laxa es receta para el desastre».
En el caso argentino, precisó: «Puede que el programa (del presidente Javier Milei) sea radical, pero el tipo de ajuste económico que se necesitaba requería una terapia de shock, y eso es lo que se está haciendo. Tomará tiempo y costará dolor, pero eventualmente dará resultados».
También abordó la rivalidad entre Estados Unidos y China, sosteniendo que la competencia estratégica persistirá, pero que la capacidad de innovación y adaptación estadounidense será un factor decisivo para mantener el liderazgo global: «Incluso antes de Trump, ya existía una especie de guerra fría entre EE.UU. y China en lo económico, político, militar y de seguridad. Esa competencia va a continuar. China es una potencia emergente».
Al cerrar su exposición, Roubini subrayó que el excepcionalismo estadounidense sigue vigente, apoyado en la solidez institucional, la capacidad de innovación, la fortaleza del dólar y la resiliencia del sistema financiero. Estados Unidos, según su diagnóstico, está posicionado para experimentar un ciclo de crecimiento acelerado y sostener su liderazgo en un mundo cada vez más fragmentado y desafiante.



