Funds Society celebró en Madrid la tercera edición de su evento Funds Society Alternative Summit en colaboración con CAIA Association, consolidándose como un punto de encuentro clave para analizar los grandes retos de la industria. El primer panel reunió a cuatro voces destacadas del sector: David Cienfuegos, Managing Director y Head of Investments, Western Europe & International de Willis Towers Watson Investments (WTW); José de Alarcón Yécora, Managing Director de Andbank; Jaime Lázaro, CFA y Head of Asset Management & Global Wealth de BBVA; y José Miguel Maté Salgado, CEO de Tressis SV-SA.
El evento fue presentado por Leonardo López, CAIA, Head of Iberia Chapter de CAIA Association, que también se encargó de moderar este primer panel. López estableció un interesante paralelismo entre la inversión en activos alternativos y la misión Artemis II, al compartir ambos una visión de largo plazo y la necesidad de tener conocimientos profundos para alcanzar sus respectivos objetivos: “No se viaja a la luna con planes de tres meses. Tiene que haber compromisos para ir a la luna. Tiene que haber una paciencia estratégica, y gestión profesional: no se pueden permitir errores de amateurs. No se puede enviar un civil a la luna si no se prepara como un astronauta. Y, si los alternativos están creciendo, no podemos hacer alternativos sin un entrenamiento adecuado”.
La creciente influencia de la geopolítica, el cambio de régimen de los mercados y la evolución del propio cliente de banca privada fueron algunos de los principales temas abordados en este debate, con los activos alternativos como una asignación cada vez más importante para reforzar la resiliencia de las carteras.
Geopolítica y volatilidad: una nueva normalidad
Dada la intensa actualidad, el primer punto de debate en el panel fue hasta qué punto influyen los eventos geopolíticos sobre la asignación a alternativos en una cartera diversificada, más allá de una lógica preocupación por parte de los clientes. David Cienfuegos constató que el entorno actual ha cambiado radicalmente la frecuencia de los episodios de estrés: antes se producían cada 10 o 15 años, mientras que ahora surgen aproximadamente cada 18 meses. Este nuevo escenario obliga a recalibrar las carteras y pone el foco en su solidez.
Desde su perspectiva, los inversores institucionales ya han avanzado en este terreno, incorporando una mayor exposición a activos alternativos que han contribuido a mejorar el comportamiento en entornos adversos. En cambio, los clientes de wealth management están aún en fase de adopción, aunque avanzando en esa dirección.
Jaime Lázaro aportó una visión geográfica, señalando que los efectos de la inestabilidad se han percibido especialmente en regiones más expuestas, como Turquía, mientras que en España y Latinoamérica el impacto ha sido más limitado. A su juicio, estos episodios refuerzan la importancia de la diversificación y de mantener una perspectiva de largo plazo, recordando que los ciclos favorables no son permanentes.
Por su parte, José Miguel Maté destacó la relevancia de la disciplina inversora y la planificación. Según explicó, el trabajo realizado en los últimos años en formación y comunicación con los clientes está dando resultados: en episodios recientes de volatilidad, los inversores han mostrado mayor calma y confianza en sus estrategias.
José de Alarcón coincidió en que estos momentos de tensión generan un aumento significativo en la demanda de información por parte de los clientes, lo que obliga a las entidades a redoblar esfuerzos en comunicación. No obstante, subrayó un elemento diferenciador clave: “En el último periodo ha habido demasiado ruido alrededor de los activos alternativos”, aunque su propia naturaleza ilíquida contribuye a evitar decisiones precipitadas.
¿Cambio de régimen o vuelta a la normalidad?
El segundo bloque del panel tuvo un enfoque más largoplacista, al girar en torno a la posible transición hacia un nuevo régimen de mercado tras años de políticas monetarias ultraexpansivas. Para Jaime Lázaro, más que un cambio estructural, se trata de una vuelta a la normalidad, en el que el inversor puede beneficiarse de que la renta fija vuelve a ofrecer rendimientos positivos.
David Cienfuegos matizó esta visión al señalar que, más que un cambio de régimen, el contexto actual abre una ventana de oportunidad para recalibrar las primas de riesgo entre distintos activos. En su opinión, este entorno permite ajustar de forma más táctica la construcción de carteras y explorar nuevas fuentes de rentabilidad.
En este punto, destacó el concepto de enfoque integral de cartera, señalando que “nosotros hablamos mucho del total portfolio approach, ver lo que compone la cartera y ver si incorporar nuevos activos mejora la rentabilidad y atender a retorno absoluto”. Este planteamiento implica analizar la cartera en su conjunto, más allá de compartimentos estancos, para optimizar su comportamiento global.
Un cliente más informado y exigente
La evolución del cliente en los últimos años fue otro de los ejes del debate. José de Alarcón destacó que, tras un ciclo muy favorable para la renta variable, los activos alternativos han sido, en términos relativos, los que más han contribuido a la rentabilidad. Además, subrayó el avance en cultura financiera, impulsado por una mayor disponibilidad de información y por el desarrollo tecnológico, un proceso que considera imparable con la irrupción de la inteligencia artificial.
En paralelo, apuntó que el cliente actual valora cada vez más la multicanalidad y se ha adaptado a mayores exigencias regulatorias. También destacó dos tendencias clave: la recuperación del atractivo de la renta fija con la subida de tipos y la creciente presencia de los mercados privados en las carteras.
José Miguel Maté identificó una segmentación cada vez más clara entre tipos de cliente. Por un lado, aquellos que siguen demandando un servicio altamente personalizado y una relación cercana; por otro, perfiles —generalmente más jóvenes— que priorizan la inmediatez, las soluciones automatizadas y el precio. En su opinión, ambos modelos coexistirán sin que uno desplace al otro.
Jaime Lázaro añadió que la verdadera diferenciación en banca privada no vendrá tanto de la sofisticación de los productos, sino de la capacidad de conectar las decisiones de inversión con los objetivos vitales y familiares de los clientes. La planificación patrimonial, en este sentido, se convierte en el eje central de la propuesta de valor.
Retos estructurales y transformación del sector
En cuanto a los desafíos del sector, David Cienfuegos apuntó dos tendencias internacionales con potencial impacto. Por un lado, la creciente conexión entre previsión social y ahorro, con un papel más activo de las empresas en el bienestar financiero de sus empleados. Por otro, el avance del private equity en la adquisición de firmas de asesoramiento, buscando generar economías de escala y mayor eficiencia.
El debate sobre la arquitectura abierta también ocupó un lugar destacado. José de Alarcón defendió que, ante una oferta cada vez más amplia, el papel del asesor es fundamental para filtrar y adaptar las soluciones a las necesidades concretas de cada cliente.
José Miguel Maté coincidió en que el sector evoluciona hacia una mayor concentración. Tras una etapa de oferta muy extensa, considera que el mercado tiende a simplificarse, con un mayor peso de carteras gestionadas y asesoramiento. En paralelo, advirtió que la presión sobre los márgenes, derivada de la regulación y los costes, refuerza la importancia del tamaño, aunque la tecnología —y en particular la inteligencia artificial— podría permitir a firmas más pequeñas competir con éxito.
Por su parte, Jaime Lázaro señaló que uno de los grandes retos es la fidelización del cliente en un entorno marcado por la digitalización y la entrada de nuevos competidores. En este contexto, subrayó la importancia de gestionar adecuadamente el relevo generacional, ampliando el foco desde el cliente individual hacia la unidad familiar.
Finalmente, José de Alarcón puso el foco en los activos alternativos, defendiendo su papel creciente en las carteras, pero siempre bajo un adecuado asesoramiento. Recordó que se trata de productos complejos que requieren una correcta explicación y encaje dentro de la planificación financiera, y destacó que, en su entidad, la asignación media a alternativos ronda el 10% en clientes de mayor patrimonio.



