“Las valoraciones elevadas no son automáticamente una señal de exceso”. Lo afirma Anita Patel, investment director en Capital Group, en referencia a que son un reflejo de la solidez de la economía americana y de los beneficios corporativos. Además, la experta maneja unas previsiones cautamente optimistas sobre la IA, aludiendo a la magnitud de la inversión ligada a la ola de productividad que va a traer consigo esta tecnología, que considera de carácter estructural.
Con esta idea como hilo conductor, Patel desgrana a continuación cómo interpretar el actual entorno de mercado, los cambios en la estructura del mercado bursátil y los principales riesgos para lo que queda del año.
¿Están justificadas las valoraciones de la renta variable estadounidense?
La renta variable estadounidense cotiza en niveles elevados, y las valoraciones en algunos segmentos —especialmente en grandes compañías expuestas a la IA— son exigentes. El S&P 500 se sitúa por encima de sus medias históricas de valoración, y las mayores tecnológicas cotizan en torno a 34 veces beneficios futuros, frente a aproximadamente 22 veces del conjunto del mercado.
Dicho esto, unas valoraciones altas no son automáticamente una señal de exceso. Reflejan un sólido crecimiento de beneficios, una economía resistente y el volumen de inversión asociado a la actual ola de productividad impulsada por la IA. El crecimiento de ingresos vinculados a esta tecnología es real y cuantificable: las compañías de semiconductores generaron más de 400.000 millones de dólares en ventas el pasado año, el mejor registro histórico, mientras líderes como NVIDIA más que duplicaron sus ingresos interanuales ante la carrera de los proveedores en la nube por asegurar capacidad de computación.
¿Está la IA en territorio de burbuja?
El volumen de capital desplegado apunta a una demanda estructural más que a un entusiasmo especulativo. Los hiperescaladores han invertido más de 400.000 millones de dólares anuales en chips y centros de datos, con Microsoft, Meta y Alphabet señalando aumentos de capex para 2026. Muchas compañías indican además que seguirán limitadas por capacidad hasta bien entrado 2026, lo que evidencia que la demanda de computación para IA sigue superando a la oferta.
Aunque existen bolsas de sobrecalentamiento —especialmente en startups privadas de IA o proyectos de infraestructura en fases iniciales—, el mercado cotizado ya ha comenzado a diferenciar entre líderes rentables y nombres más especulativos. Desde finales de 2025, varios valores destacados de IA se han movido lateralmente mientras el mercado general avanzaba, lo que sugiere una normalización más que una burbuja.
Fuera del sector tecnológico, las valoraciones resultan mucho más atractivas, especialmente en utilities, salud, financieras y algunos segmentos industriales, donde el crecimiento de beneficios ha sido sólido y los múltiplos se sitúan más cerca de sus medias históricas.
Esta dispersión refuerza el atractivo de enfoques diversificados y de gestión activa como el fondo Capital Group Investment Company of America (LUX) (ICA), orientados a construir carteras amplias a lo largo de distintos sectores de la economía. De hecho, estas áreas han comenzado a batir al mercado en los últimos meses, a medida que los inversores buscan fuentes de rentabilidad más allá de las grandes tecnológicas.
En cuanto a los beneficios empresariales, ¿presentan una tendencia saludable? ¿Qué áreas son más sólidas o vulnerables?
Los beneficios empresariales muestran un tono saludable. Estados Unidos encadenó en el cuarto trimestre de 2025 su décimo trimestre consecutivo de crecimiento, con un aumento cercano al 13 % y una amplia mayoría de compañías superando previsiones, lo que refuerza la solidez del ciclo corporativo.
Este crecimiento es generalizado y no se limita a las grandes tecnológicas. Sectores como financieras, industriales, materiales, inmobiliario, salud, utilities y consumo discrecional han presentado resultados sólidos, apoyados en una demanda firme, mejoras en las cadenas de suministro y un aumento de la inversión ante la menor incertidumbre arancelaria.
El sector aeroespacial y de defensa vive un ciclo alcista plurianual impulsado por la demanda global de viajes y el elevado volumen de pedidos. GE Aerospace, por ejemplo, ha registrado un fuerte crecimiento tanto en pedidos como en márgenes, favorecido por la normalización de los cuellos de botella y por el peso de los ingresos recurrentes de posventa.
El sector salud también ha destacado: compañías como Eli Lilly avanzaron más de un 40% en el cuarto trimestre de 2025, impulsadas por el éxito de sus fármacos y por pipelines prometedores.
Entre los segmentos más vulnerables figuran algunas compañías de consumo discrecional expuestas al aumento de costes por aranceles y a la presión sobre los hogares de menor renta, así como parte del software, donde las herramientas de programación basadas en IA están presionando los modelos tradicionales de ingresos.
En conjunto, no obstante, la resiliencia de los beneficios en distintos sectores sigue siendo uno de los pilares clave que sustentan las valoraciones actuales. Para estrategias como ICA, basadas en selección de valores bottom-up y no en la concentración en unos pocos valores de crecimiento, esta amplitud de beneficios abre múltiples vías de generación de rentabilidad.
La amplitud del mercado ha sido reducida por el peso de las “Magnificent 7”. ¿Ha cambiado algo? ¿Cabe esperar mayor dispersión?
La amplitud del mercado ha mejorado de forma significativa en los últimos meses. Tras varios años en los que un reducido grupo de grandes tecnológicas explicaba la mayor parte de las rentabilidades, ahora se observa una mayor participación del conjunto del mercado.
Índices equiponderados como el S&P 500 Equal Weight han superado al S&P 500 tradicional desde octubre de 2025, y sectores como salud, industriales, materiales y energía han liderado las subidas, mientras muchos valores vinculados a la IA se tomaban un respiro.
Este cambio responde a dos factores: unas valoraciones más razonables fuera del decil superior del mercado y un fortalecimiento del crecimiento de beneficios en el conjunto del tejido empresarial.
Un dato relevante es que solo dos de las “Magnificent Seven” figuraron entre los 100 valores más rentables del S&P 500 en 2025, lo que supone un giro frente a años anteriores y evidencia que los inversores están redescubriendo el universo más amplio de oportunidades. Además, más del 60 % de los valores del índice cotizan por encima de su media móvil de 200 días, otro indicador de mayor amplitud.
A medida que el gasto en IA sea analizado con mayor rigor y los inversores pongan el foco en los fundamentales y el retorno del capital invertido, es previsible que aumente la dispersión tanto entre sectores como dentro de ellos, un entorno tradicionalmente favorable para la gestión activa.
¿Qué lección deberían extraer los inversores de la volatilidad de 2025? ¿Qué riesgos anticipa para 2026?
La principal lección de 2025 es que volatilidad no equivale a vulnerabilidad. El año comenzó con tensiones comerciales y temores de recesión, pero la economía estadounidense mostró resiliencia, la inflación se moderó y los mercados bursátiles se recuperaron con fuerza. El S&P 500 cerró con una rentabilidad del 18 %, lo que subraya la importancia de mantenerse invertido incluso en periodos de elevada incertidumbre.
De cara a 2026, se espera un entorno más estable, aunque la evolución geopolítica seguirá siendo un factor a vigilar. Se prevé que la inflación se acerque al 2,5 %, que los tipos de interés tiendan a la baja y que el consumo continúe respaldado por devoluciones fiscales inusualmente elevadas, que podrían inyectar entre 100.000 y 200.000 millones de dólares en los hogares ya desde el verano.
Los beneficios empresariales continúan mostrando fortaleza y se espera un crecimiento del PIB real en torno al 2,5%, con potencial al alza si se aceleran las ganancias de productividad derivadas de la IA.
No obstante, persisten riesgos: posibles cambios en la política arancelaria, la intensidad de capital del despliegue de infraestructuras de IA —que podría presionar márgenes si la demanda final se ralentiza—, y la cercanía del ciclo electoral de medio mandato en EE. UU., históricamente asociado a mayor volatilidad. También conviene vigilar la dinámica de la deuda pública, que supera el 120 % del PIB, así como el aumento de los costes de financiación.
Aun así, los fundamentos del mercado estadounidense —alta rentabilidad empresarial, profundidad de los mercados de capitales, liderazgo en IA y un consumidor resiliente— permanecen intactos. Para los inversores a largo plazo, 2025 ha reforzado la importancia de la diversificación, la resiliencia a la baja y la gestión activa disciplinada, pilares centrales del enfoque inversor de ICA a lo largo de los distintos ciclos de mercado.



