Última actualización: 12:10 / Lunes, 17 Enero 2022
Observatorio Financiero

El Consejo General de Economistas mantiene su previsión de crecimiento para 2022 en el 5,6% y alerta sobre el peligro de una inflación estructural en España

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  • Se mantiene un incremento del PIB en 2021 en el 4,7%, a pesar del crecimiento mayor de lo esperado del tercer trimestre, dado que se estima un crecimiento inferior en el cuarto trimestre lastrado por la sexta ola de contagios COVID
  • La inflación subyacente aumenta cuatro décimas, hasta el 2,1%: este incremento contrae el consumo y lastrará el crecimiento del primer trimestre de 2022
  • El tejido empresarial español está conformado fundamentalmente de pymes, muy sensibles al incremento de los costes energéticos y los costes laborales, con apenas colchón no solo para invertir sino para sobrevivir a estas incidencias
  • El aumento de los precios de los productos energéticos está siendo repercutido por parte los productores, lo que está influyendo en los precios del resto de los productos: esto hace que el incremento de la inflación ya no sea coyuntural, sino que, en parte, sea estructural

El año 2021, que comenzó su andadura optimista por el inicio de la vacunación contra la COVID-19, ha llegado a su fin con la sexta ola en su máximo apogeo en España. La llegada de la vacuna y el alto índice de vacunación, junto con la finalización de las restricciones de movilidad, hicieron prever al Consejo General de Economistas una vuelta a la normalidad y al dinamismo de la economía española. Por ello, sus estimaciones de crecimiento fueron aumentando a lo largo de los meses. Sin embargo, la llegada de la quinta ola en el tercer trimestre de 2021, con el retraimiento del turismo, el incremento de los precios de la energía y los problemas en las cadenas de suministro, hicieron que moderaran las previsiones tras el verano.

Si bien es cierto que los datos de contabilidad nacional del tercer trimestre adelantados en el mes de octubre se les antojaron demasiados bajos, consideraron que no estaba reflejado el turismo, que, aunque no había alcanzado las cifras anteriores a la pandemia, sí estaba repuntando, al menos el turismo nacional. Por ello, "no nos ha sorprendido los datos definitivos de contabilidad nacional publicados por el INE el pasado día 23 de diciembre", comentan desde el Consejo.

En cuanto al cuarto trimestre, en el que se esperaba un cierto repunte de la actividad, la nueva variante Ómicron ha provocado la ralentización brusca de la incipiente recuperación de la economía a nivel mundial. En el caso español, esta sexta ola –con una incidencia de 1.775,27 contagios– está provocando bajas laborales, personal confinado, y la adopción de medidas restrictivas relacionadas con el ocio, que hacen que la actividad económica se esté contrayendo. Por ello, se espera que el crecimiento del último trimestre del año se sitúe entre el 1,8% y el 2%, y 2021 cierre con un crecimiento en torno al 4,7%, como apuntaban en las previsiones de noviembre.

Una inflación estructural

El crecimiento del primer trimestre de 2022 se espera que sea plano, debido en parte a la falta de inercia de este último trimestre de 2021, y al elevado incremento del IPC –6,7% en tasa interanual, el mayor de los últimos 30 años–. En el mes de diciembre, el IPC se ha incrementado el 1,2%, debido fundamentalmente a la subida del precio de la electricidad, y en menor medida, al aumento de los precios de la alimentación. No obstante, preocupa el incremento que está sufriendo la inflación subyacente, que no tiene en cuenta el incremento de precios de los productos energéticos ni de los alimentos no elaborados, que ha sido de 2,1%, cuatro décimas más que en el mes anterior. Hay que indicar que, desde el mes de junio, que era del 0,2%, está registrando subidas considerables todos los meses. El aumento de los precios de los productos energéticos está siendo repercutido por parte de los productores, lo que está influyendo en los precios del resto de los productos. Esto hace que el incremento de la inflación ya no sea coyuntural, sino que, en parte, sea estructural.

El problema del encarecimiento de los bienes, unido a que los salarios están creciendo a un ritmo inferior podría provocar una contracción del consumo interno y una pérdida de competitividad en las exportaciones, fundamentalmente si el diferencial con nuestros principales mercados se ensancha. Hay que tener en cuenta que el crecimiento del IPC de la zona euro en noviembre fue del 4,9% mientras que el de España fue de 5,5%, es decir, 6 puntos más.

El tejido empresarial español está conformado fundamentalmente de pymes, muy sensibles al incremento de los costes energéticos y los costes a laborales, con apenas colchones para, no solo invertir, sino sobrevivir a las incidencias. Por ello, puede que no sea el mejor momento para afrontar una subida de los costes laborales, vía incremento del salario mínimo interprofesional o vía cotizaciones sociales, dado que muchas de estas empresas tienen difícil su viabilidad. Como ya se ha indicado en meses anteriores, la extensión hasta el 31 de julio de 2022 de la línea de avales del ICO para autónomos y empresas, la ampliación de la moratoria concursal, y la refinanciación de los préstamos avalados por el ICO, tiene como consecuencia diferir el cierre de una parte importante de estas pymes, con sus efectos en la estructura económica del país, y en el nº de trabajadores empleados.

En cualquier caso, las exportaciones tuvieron a lo largo de 2021 un buen comportamiento, en torno al 11%, aunque parte de este incremento es debido al alza de los precios. Hay que indicar que una parte importante de las pymes están abriendo sus mercados al exterior, lo que hace que puedan ser más competitivas y les sea más fácil crecer. En este sentido es importante las ayudas de organismos que facilitan a las empresas el proceso de internacionalización.

Los índices PMI indican una cierta ralentización de la actividad en el mes de diciembre. En el caso español, el índice manufacturero se ha situado en 56.2, por debajo de 57.1 registrado en noviembre, debido a un crecimiento más débil de los nuevos pedidos. No obstante, las expectativas de actividad futura en los próximos doce meses han mejorado ligeramente, impulsadas en parte por la esperanza de nuevas mejoras en los suministros tanto en la zona euro como en España.

En cuanto a la tasa de paro, se prevé que esta finalice en 2021 en torno al 14,7% y en 2022 disminuya al 14,2%, aunque es relevante indicar que, de octubre de 2020 a octubre de 2021, cuatro de cada cinco empleos creados han sido en el sector público, lo cual es lógico teniendo en cuenta los refuerzos que se han producido en el personal del sector sanitario y en menor medida en el sector de la educación.

La deuda pública en España, que en mayo de 2021 llegó a ser del 125%, ha ido moderándose en el tercer trimestre y se prevé que se sitúe en torno al 121% a finales de 2021, y el déficit público entre el 7,8% y 8,5%.

2021 ha sido un año bursátil muy bueno para las Bolsas americanas y europeas, con rentabilidades de dos dígitos. Sin embargo, y a nivel comparativo, el patito feo ha sido la Bolsa española, con una rentabilidad de su principal índice de referencia el Ibex 35 del 7,93%. Rentabilidad por otra parte que si la comparamos con otros activos con rentabilidades negativas (activos monetarios y renta fija) o reducidas (activos inmobiliarios) ha sido buena. Los resultados menos brillantes del Ibex frente a otros índices bursátiles se deben básicamente a la composición del propio índice en el que tienen un gran peso los bancos y empresas vinculadas al turismo, mientras que las empresas tecnológicas, que han sido las que han obtenido mejores resultados, tienen un peso ínfimo.

El aprovechamiento total de los fondos europeos es básico. Hasta la fecha se han concedido 19.000 millones de los que parece se han invertido 5.000 millones; el resto, 14.000 millones, más los 27.000 millones comprometidos para este año, a los que hay que añadir también los fondos estructurales, que en 2022 inician nuevo programa operativo hasta 2027, constituyen una inyección de fondos inmensa que pueden ser un motor de propulsión tan necesario en el año en que el entramos. Por ello deberían poder ejecutarse adecuadamente para afrontar los nuevos retos de la economía española y conseguir la modernización del sistema productivo, cumpliendo los objetivos para los que fueron concedidos.

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