Se cumple ya una semana desde la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y el balance por ahora parece claro: es poco probable que el cambio político en Venezuela provoque una revalorización más amplia del mercado a muy corto plazo; sin embargo, las implicaciones, para el suministro energético, los bonos soberanos de los mercados emergentes, las tensiones geopolíticas y la diversificación de la cadena de suministro, merecen una atención continua.
Para WisdomTree, el cambio de régimen en Venezuela difícilmente moverá por sí solo la aguja del crecimiento global, pero sí puede reconfigurar marginalmente el panorama energético, con efectos de arrastre sobre las materias primas y la renta variable. “En materias primas, la historia es la de unos mercados petroleros bien abastecidos, con la posibilidad de contar con un colchón adicional más adelante, además de un apoyo incremental adicional para el oro como seguro geopolítico. En renta variable, las implicaciones abarcan mejores fundamentos para las refinadoras y las grandes petroleras integradas, un impulso desinflacionario moderado que favorece a consumidores y sectores cíclicos, y un mundo en el que la defensa y la seguridad energética siguen siendo temas centrales”, explica la gestora en su último informe
Sobre la falta de reacción del mercado a corto plazo, RJ Gallo, subdirector de inversiones en renta fija de Federated Hermes, explica que “los acontecimientos geopolíticos de gran repercusión siguen evolucionando de una manera que los mercados consideran poco probable que cambie las trayectorias macroeconómicas a corto plazo e insuficiente para provocar un retroceso duradero de los activos de riesgo”. Pero Gallo reconoce que “se trata de un escenario que podría cambiar rápidamente con otro acontecimiento sorprendente”.
En opinión de Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, cuando se producen shocks geopolíticos, los mercados tienden a sufrir una caída inicial antes de que los fundamentales se reafirmen rápidamente. “Desde una perspectiva geopolítica, estos acontecimientos ponen de relieve la creciente polarización entre las superpotencias políticas, cada una de ellas cada vez más dispuesta a tomar medidas que muestran poco respeto por el derecho internacional o las normas de los últimos 70 años. Se está eludiendo por completo la autoridad de organismos internacionales como Naciones Unidas, y resulta interesante que el gobierno estadounidense haya optado por ignorar también a su propio Congreso”, explica Willis.
La nueva geopolítica
Pese a su poca relevancia en los mercados, los expertos de las gestoras internacionales explican que el impacto de lo sucedido tiene un peso simbólico como parte de un factor macroeconómico más amplio de un reajuste geopolítico. Para algunas gestoras, lo ocurrido viene a confirmar que estamos ante un nuevo enfoque en el concepto de “esferas de influencia”.
Según los expertos de Janus Henderson, el cambio en Venezuela puede tener consecuencias geopolíticas a largo plazo. “Si Estados Unidos se impone unilateralmente para promover sus objetivos económicos o políticos, puede sentar precedentes que repercutan en otras regiones. También dificultará que Estados Unidos condene acciones similares de otros, en el futuro. Es plausible un retorno a un mundo de esferas de influencia delimitadas: China ejerciendo su dominio en Asia, Estados Unidos reforzando su posición en América y Europa continuando con su compleja dinámica con Rusia. Por lo tanto, la transición de Venezuela puede ser un microcosmos de un reajuste global más amplio al que los inversores pueden tener que adaptarse activamente”, explican en su último análisis Alex Veroude, director de Renta Fija, Lucas Klein, director de Renta Variable de EMEA y Asia-Pacífico, y Seth Meyer, director global de Gestión de Carteras de Clientes de Janus Henderson.
En opinión de Mauro Ratto, cofundador y director de inversiones de Plenisfer Investments, parte de Generali Investments, más allá de las tensiones que esta situación puede generar en los mercados latinoamericanos, también puede suponer un riesgo para el dólar estadounidense y para la economía de EE.UU. “Es probable que EE.UU. sea percibido cada vez más como un país nacionalista y agresivo. La trayectoria superior del crecimiento del PIB real de EE.UU. depende del apoyo externo constante para sus déficits gemelos. El episodio de Venezuela puede convertirse en otro golpe al estatus privilegiado del dólar estadounidense y, en última instancia, al rendimiento relativo superior de la economía estadounidense, lo cual aún es poco probable, pero ya no es impensable. Un incentivo adicional para diversificar aún más la economía estadounidense”, argumenta el experto.
Motivos para el optimismo
Ante este entorno, Willis considera que podemos ser positivos desde el punto de vista de los mercados y argumenta que, a pesar de la incertidumbre geopolítica actual, las perspectivas siguen siendo optimistas: “El crecimiento global es resiliente y el estímulo fiscal para extender el ciclo en EE.UU., Europa y Japón está en marcha o en proceso de implementación. La política monetaria sigue siendo favorable, dado que esperamos más recortes de tipos en EE.UU. y el Reino Unido en los próximos meses. En Japón, la narrativa se basa en nuevas subidas que se implementarán de forma lenta y constante. En el contexto de un sólido crecimiento de las ganancias, aún vemos muchas preguntas en torno a los aranceles, la inteligencia artificial y las elevadas valoraciones, pero debemos recordar que los fundamentales siguen siendo favorables y que las perspectivas económicas globales para 2026 son relativamente optimistas. En resumen, hay muchas razones para ser optimistas en este momento”.
Un optimismo que también podría alcanzar a la propia Venezuela. “El país cuenta con una enorme riqueza petrolera y un gran potencial económico, pero décadas de inestabilidad política han sumido a la gran mayoría de su población en la pobreza. Los retos a los que se enfrenta el país se deben en gran medida a decisiones políticas internas que han provocado una infrautilización de los recursos, más que a interferencias externas. Creemos que, a largo plazo, Venezuela tiene la oportunidad de reconstruir su economía de forma que beneficie a su población, generando crecimiento económico y progreso social”, defiende Jason DeVito, gestor senior de carteras de deuda de mercados emergentes en Federated Hermes.
Desde la gestora, reconocen que sus perspectivas generales apuntan hacia la recuperación y el progreso social. “La clave del crecimiento potencial dependerá también del establecimiento de un gobierno estable y responsable. Un gobierno de este tipo puede atraer inversiones tanto de entidades multilaterales, que proporcionan financiación para mejorar el bienestar social, como del sector privado, que busca aprovechar la riqueza de estos profundos recursos”, concluye DeVito.
Reiniciar Venezuela
En opinión de Ratto, independientemente de los comentarios de Trump, “reiniciar” Venezuela es una operación compleja tras más de una década de inversión insuficiente y con una gran parte de la mano de obra especializada del sector petrolero ahora fuera del país. Además de todos los retos sociales y políticos internos, Ratto ve necesario reestructurar su deuda y, para ello, es necesario tener en cuenta el stock total de deuda, incluidos los atrasos acumulados, y tener en cuenta los préstamos bilaterales respaldados por petróleo concedidos por China y Rusia.
“Según nuestras estimaciones, el stock actual de deuda debería situarse entre 190.000 y 200.000 millones de dólares estadounidenses. En el escenario no tan lejano en el que se cuestionan los préstamos respaldados por petróleo, la estructura actual de las reclamaciones de los acreedores se volvería más compleja y controvertida. Reiniciar Venezuela y gestionar una reestructuración ordenada de su deuda externa no será un proceso sencillo; aunque ya hay propuestas sobre la mesa, el riesgo de ejecución sigue siendo muy alto”, concluye Ratto.




Por Antonio Sandoval