El contexto actual exige una construcción de carteras más dinámica y basada en escenarios. Esta es la principal conclusión a la que ha llegado BlackRock sobre cómo los inversores institucionales -family offices, fondos de pensiones y bancos centrales-, se enfrentan al devenir de los próximos años. Una reflexión que queda argumentada en su último informe de Investment Directions, en el que ha analizado los posibles escenarios, así como el efecto para las carteras.
Aunque el análisis muestra matices para cada uno de los diferentes tipos de inversor institucional, sí pone de relieve que todos tienen en común un claro cambio desde la dependencia de un único escenario base hacia un enfoque de construcción de carteras más dinámico y basado en escenarios. “A medida que los resultados están cada vez más condicionados por fuerzas como la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica y una mayor volatilidad macroeconómica, los inversores están replanteándose tanto en qué invierten como cómo se implementan las carteras”, reflexionan desde la gestora.
Tres aspectos comunes
En todos los tipos de inversores, el informe identifica tres temas comunes. En primer lugar, la importancia de haber pasado de manejar un escenario base a tener una visión de varios escenarios. Según explica el informe, los inversores están sometiendo las carteras a pruebas de estrés bajo múltiples escenarios de crecimiento, inflación y geopolítica, reduciendo la dependencia de supuestos estáticos a largo plazo y buscando mayor resiliencia a medida que las coberturas tradicionales se vuelven menos fiables.
En segundo lugar, el informe confirma como tendencia la ampliación del universo de inversión. En concreto observan que, con resultados en renta variable más dispersos, los inversores están ampliando sus asignaciones entre mercados privados y públicos para mejorar la diversificación, potenciar los retornos y generar ingresos más estables.
Por último, BlackRock señala en su informe que el inversor realiza una implementación de activos y estrategias desde una gestión activa, aunque para ello use vehículos pasivos. “Más allá de la asignación de activos, los inversores se centran en la eficiencia de la implementación, incluyendo destinar parte de la exposición núcleo a estrategias activas sistemáticas, utilizar ETFs en lugar de futuros para determinadas exposiciones a renta variable y cubrir parcialmente la exposición al dólar estadounidense para equilibrar la protección con sus características de activo refugio”, indica el documento en sus conclusiones.
Breve balance y perspectivas
Según reconoce el informe, la evolución de los mercados en 2025 —marcada por tendencias estructurales o megafuerzas como la inteligencia artificial (IA) y la fragmentación geopolítica— ha puesto de relieve un profundo aumento de la incertidumbre. Como resultado, BlackRock considera que se ha vuelto mucho más difícil fundamentar las decisiones de asignación estratégica de activos en torno a un único escenario de partida a largo plazo.
En concreto, la IA impulsó el comportamiento de la renta variable estadounidense y el crecimiento económico el año pasado, pero las perspectivas son muy inciertas. “Si la adopción de la IA supera las expectativas, Estados Unidos podría beneficiarse más que otros mercados”, reconoce la gestora. Por otro lado, la fragmentación geopolítica provocó volatilidad en 2025. Para la gestora, existe un escenario en el que Estados Unidos podría convertirse en una fuente de inestabilidad geopolítica en un horizonte estratégico, “lo que podría traducirse en una mayor caída del PIB estadounidense frente a otros mercados y en un fuerte aumento de las primas de riesgo en los activos estadounidenses”, señalan desde la gestora.

La firma reconoce que la renta variable estadounidense sigue siendo la mayor asignación en las carteras estratégicas del BlackRock Investment Institute. Sin embargo, según sus nuevas hipótesis del mercado de capitales del cuarto trimestre, las rentabilidades esperadas de la renta variable estadounidense y de las carteras en general se han vuelto mucho más inciertas en un horizonte estratégico, en función de cómo evolucionen las dos megafuerzas mencionadas. “La naturaleza de esta incertidumbre ha cambiado: ya no se trata solo de la incertidumbre en torno a una tendencia central de largo plazo, sino también de cuál de los distintos escenarios terminará materializándose”, explica el informe.
Al mismo tiempo, la gestora ve probable que la volatilidad macroeconómica y de los mercados sea estructuralmente más alta. Según su visión, los bancos centrales tendrán menos capacidad que en el pasado para amortiguar los shocks, debido a una inflación estructuralmente más elevada impulsada por el envejecimiento demográfico, que presiona al alza los salarios en los mercados desarrollados; por la fragmentación geopolítica, que incrementa los costes de reconfiguración de las cadenas de suministro; y por el despliegue de la IA, que podría generar desequilibrios entre la oferta y la demanda de energía. “En resumen, esperamos rentabilidades más inciertas y una mayor volatilidad”, concluyen desde BlackRock.



