No se puede hablar de un escenario perfecto, ya que aún existen numerosos desafíos en la economía brasileña. Sin embargo, diversos factores globales y domésticos se han alineado en este primer semestre de 2026 para convertir al mercado brasileño en el principal receptor de inversión extranjera en el mundo, según el análisis de Caio Megale, economista jefe de XP Investimentos.
Durante su participación en un panel celebrado en el 15º Seminario de Inversiones en las EFPC, organizado por la Abrapp (Asociación Brasileña de las Entidades Cerradas de Previsión Complementaria), el economista explicó que el país ha logrado superar con éxito las crisis derivadas del “tarifazo” y se ha beneficiado del alza global del precio del petróleo.
“El Brasil se ha convertido en un gran imán de inversiones globales. Los inversores perciben que el país ha salido bien de la crisis del tarifazo, ha ganado cuota de mercado frente a China y ha mantenido su posición en Estados Unidos”, señaló Megale. Según indicó, entre enero y febrero se produjo la mayor entrada de capital internacional de la historia reciente del mercado doméstico. “Los mercados volaron en esos dos meses”, afirmó.
En marzo, la guerra pasó a dominar la agenda financiera global y el precio del petróleo se disparó. El economista de XP recuerda que a comienzos de año su gestora identificaba como uno de los principales riesgos para Brasil una caída del petróleo, que podría haber reducido ingresos fiscales y exportaciones. Sin embargo, el escenario evolucionó en sentido contrario.
Con el inicio del conflicto, el petróleo superó los 100 dólares por barril y se mantiene en esos niveles. Aunque inicialmente se esperaba una guerra corta y una reapertura del estrecho de Ormuz, eso no ocurrió. En este contexto, Brasil es visto como un ganador relativo. Desde el descubrimiento del presal, el petróleo ha ganado un peso significativo en la balanza comercial y en la recaudación fiscal del país.
“El impacto de la subida del petróleo en la mayoría de países suele ser negativo para el PIB. Solo en Brasil y Rusia tiende a impulsarlo. En términos relativos, Brasil está bien posicionado. La balanza comercial está acelerando su superávit, la recaudación fiscal ha crecido y el Gobierno intenta utilizar esos recursos para amortiguar los efectos de la crisis interna”, analizó Megale. Añadió que los mercados domésticos siguen comportándose bien, aunque no con la misma fuerza que en el primer bimestre, con un buen desempeño especialmente de la bolsa y el mercado de divisas.
Real brasileño en fuerte apreciación
En su diagnóstico actual, especialmente respaldado por inversores extranjeros, Brasil es percibido como un ganador. “Los mercados brasileños están funcionando bien, por ejemplo la bolsa y el tipo de cambio”, apuntó Megale. “Si me preguntan si el dólar tiene más pinta de 4,50 reales o de 5,50, me quedo con la primera opción”, añadió.
El economista recordó que el año pasado el dólar se depreciaba a nivel global y el real se benefició de esa tendencia. Sin embargo, este año el dólar se está fortaleciendo a nivel mundial y, aun así, el real continúa apreciándose frente a otras divisas. Por ello, en 2026 el real estaría registrando una apreciación “doble”.
Flujo récord de capital extranjero y visión de mercado
Roberto Belchior, socio de Tarpon, que también participó en el seminario, señaló que hace un año pocos podían anticipar el fuerte repunte del Ibovespa a partir del segundo semestre de 2025. Este avance estuvo impulsado principalmente por la entrada masiva de capital extranjero —unos 200.000 millones de reales en los últimos meses—, mientras que el inversor institucional doméstico actuó en sentido contrario, con retiradas cercanas a los 100.000 millones desde 2024.
El gestor coincide en que Brasil podría ser uno de los principales ganadores estructurales a largo plazo en los mercados globales. Incluso prevé un nuevo ciclo alcista para la renta variable brasileña similar al vivido entre 2002 y 2008. Dado que las mayores subidas se han concentrado en los valores más líquidos, Belchior apuesta ahora por el potencial de las small caps, que presentan un comportamiento inferior en torno al 20% respecto al Ibovespa.
Desafíos domésticos: inflación y tipos de interés
Para mejorar el panorama económico, sería necesario que la tasa Selic comenzara a bajar, especialmente en términos de tipo real. Sin embargo, según Megale, persisten presiones inflacionistas derivadas del petróleo, los alimentos (con el posible fenómeno de El Niño en el segundo semestre, que podría afectar a la oferta) y un choque de demanda impulsado por políticas gubernamentales para aumentar la renta disponible de los consumidores.
Todo ello complica la labor del banco central. “Todavía tiene sentido recortar la Selic porque los tipos están muy altos, pero el Banco Central tendrá que hacerlo de forma más gradual”, resumió.
La presión inflacionista es global. Los bancos centrales han revertido la tendencia de bajadas de tipos, las rentabilidades de los bonos soberanos han subido en las economías desarrolladas y ese movimiento también ha impactado en los emergentes. Las curvas de tipos se han empinado en todos los mercados, incluido Brasil.
Elecciones y percepción de riesgo
A comienzos del año, XP Investimentos proyectaba un dólar en torno a 5,60 reales, incorporando el riesgo electoral. Sin embargo, esa visión ha cambiado. “El flujo hacia Brasil es tan fuerte que ahora existe la percepción de que las elecciones no serán tan determinantes”, explicó Megale.
Según su análisis, tanto el presidente Lula como una eventual alternativa de Flávio Bolsonaro representan escenarios relativamente conocidos para los inversores, lo que reduce la incertidumbre. “Los factores económicos parecen pesar más en el apetito global por Brasil”, añadió.
El analista político de XP, Paulo Gama, prevé una contienda electoral muy ajustada. Destaca que Flávio Bolsonaro ha reducido su nivel de rechazo y busca posicionarse como una opción más moderada, mientras que el Gobierno de Lula intenta reforzar su apoyo mediante medidas económicas y fiscales.
Más allá del ciclo electoral, ambos analistas coinciden en que el principal reto será el crecimiento del gasto público a partir de 2027, independientemente del gobierno. Para Megale, ese año estará marcado por un ajuste fiscal con impacto negativo sobre el crecimiento económico. En ese contexto, el Banco Central mantendría los tipos de interés en niveles elevados, en torno al 13,5%-14% en el corto plazo. Solo a partir del segundo semestre de 2026, o más probablemente en 2027, podría iniciarse un ciclo más claro de recortes de tipos, condicionado a la evolución de la inflación y del ajuste fiscal.



