El estado de Nueva York emitió el primer bono municipal de la historia en 1812 para financiar la construcción de un canal. Más de dos siglos después, este mercado supera los 4 billones de dólares, con más de 60.000 emisores y una tasa de impago muy reducida. Con rendimientos en torno al 5 % y una fuerte exposición a infraestructuras —la mayoría de las emisiones financian activos de uso público como aeropuertos, hospitales, sistemas de agua o universidades—, esta clase de activo sigue siendo una de las menos cubiertas por inversores internacionales, que apenas representan el 3 % del mercado.
El fondo BNY Mellon US Municipal Infrastructure Debt cumple nueve años desde el lanzamiento de su versión UCITS. En este periodo ha superado en rentabilidad al índice US Aggregate, a la deuda corporativa estadounidense e incluso a los Treasuries. Este comportamiento responde tanto al mayor carry estructural del mercado como al aumento de la demanda internacional.
Jeffrey Burger, uno de los cinco cogestores de la estrategia de bonos municipales de BNY —firma con presencia en este mercado desde 1933 y 40.000 millones de dólares bajo gestión en este segmento—, ha visitado recientemente España para explicar el potencial de este activo. “El mercado de bonos municipales es el principal mecanismo de financiación de infraestructuras en Estados Unidos, tanto históricamente como en la actualidad”, señala. Se trata, además, de un mercado público, transparente y líquido, que ofrece “retornos y riesgos propios de la renta fija, frente al crédito privado”.
¿En qué se diferencia el mercado de bonos municipales de otros mercados de deuda pública de EE.UU.?
Es consecuencia de la estructura del sistema de gobierno estadounidense, dividido en tres niveles: federal, estatal y local. Por debajo del gobierno federal —que incluye Congreso, Presidente y Tribunal Supremo— existen 50 estados y miles de entidades locales, además de instituciones sin ánimo de lucro como universidades. Desde su origen, el modelo estadounidense buscó limitar el papel del gobierno federal y distribuir responsabilidades. Por diseño, este no asume la mayor parte de la inversión en infraestructuras.
¿Por qué el sector privado está menos involucrado en infraestructuras en EE.UU.?
El tamaño del país dificulta alcanzar economías de escala y limita la rentabilidad potencial para el sector privado. A ello se suman diferencias regulatorias entre estados, así como factores geográficos, climáticos y sociales. En este contexto, los bonos municipales tienden a comportarse como monopolios naturales, lo que contribuye a su baja tasa de impago. Los defaults son excepcionales, como el caso de Detroit en 2013.
¿Por qué esta clase de activo está poco analizada fuera de EE.UU.?
Hasta 1986, todos los bonos municipales estaban exentos de impuestos para los inversores estadounidenses, lo que reducía su atractivo para inversores extranjeros. Tras la reforma fiscal de ese año, algunos pasaron a ser gravables. El tratamiento fiscal depende del uso de los fondos: las emisiones destinadas a servicios públicos suelen estar exentas, mientras que aquellas con potencial de retorno económico pueden tributar. Para el inversor internacional, esto genera una oportunidad: bonos con igual calidad crediticia pueden ofrecer mayor rentabilidad en su versión gravable, sin impacto fiscal para el inversor extranjero.
¿Cómo se comparan los bonos municipales con los Treasuries?
El elevado endeudamiento federal —38 billones de dólares— lleva a algunos inversores a buscar alternativas dentro de la deuda pública estadounidense. En este sentido, los bonos municipales ofrecen mayor diferencial, mejor calidad crediticia y diversificación. A diferencia del gobierno federal, los estados no pueden incurrir en déficits presupuestarios. Además, los bonos municipales financian principalmente infraestructuras vinculadas a activos generadores de ingresos, no gasto corriente. Otra diferencia clave es la amortización: los bonos municipales suelen devolver tanto intereses como principal, mientras que la deuda federal se refinancia de forma recurrente. Esta disciplina fiscal reduce el riesgo de impago. Actualmente, ofrecen en torno a 85 puntos básicos de diferencial (OAS) y, con una duración similar a la de los Treasuries, rentabilidades comparables a la deuda corporativa con menor riesgo crediticio.
¿Cómo es el proceso de selección de bonos?
El equipo está compuesto por 23 profesionales, incluidos 10 analistas especializados en crédito municipal. Su objetivo es identificar valor relativo, detectando bonos infravalorados o sobrevalorados en función de sus fundamentales. Este análisis permite generar alfa frente al índice. La baja tasa histórica de impago en grado de inversión refuerza este enfoque. El equipo se completa con cinco gestores senior y un grupo especializado en negociación. La especialización exclusiva en este segmento es uno de los principales diferenciales de nuestra plataforma.
¿Cómo está posicionada actualmente la estrategia?
El fondo mantiene una duración de siete años, pero con una beta de entre 0,65 y 0,70, lo que implica menor volatilidad que el índice. Esto se debe, en parte, al perfil del inversor —principalmente patrimonios elevados estadounidenses con estrategias buy & hold— y a la presencia de opciones de amortización anticipada, que reducen la duración efectiva. La estrategia prioriza los revenue bonds, respaldados por ingresos específicos de activos como aeropuertos, sistemas de agua o instituciones educativas, con mecanismos que garantizan la cobertura del servicio de la deuda.
La cartera tiene una exposición relevante a educación y sanidad, especialmente en emisiones de alta calidad. En educación superior, la incertidumbre sobre estudiantes internacionales ha elevado las rentabilidades. En sanidad, la reducción de subvenciones ha presionado al sector, generando oportunidades en hospitales menos dependientes de ayudas públicas, ubicados en zonas de mayor renta o con un papel esencial en sus comunidades.
Las rentabilidades obtenidas en el pasado no constituyen necesariamente una indicación de rentabilidades futuras. El valor de las inversiones puede bajar. Los inversores podrían no recuperar la suma invertida.
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