La situación del mercado laboral en Estados Unidos, que podría favorecer nuevos recortes de tipos de interés este año –incluso aunque la inflación no disminuya más-, representa una oportunidad para invertir en el sector de alto rendimiento, explica Jack Stephenson, investment specialist de high yield americano.
Aunque el crédito high yield no resulte especialmente barato en estos momentos, la calidad de los emisores de deuda ha mejorado de forma notable, subraya el experto en un reciente pódcast de BNP Paribas Asset Management.
Y la demanda de los inversores ha superado a la oferta: “Una parte importante de dicha demanda se explica porque varias empresas han salido del high yield al mejorar su calidad crediticia hasta grado de inversión. Y esa ‘oferta’ que desaparece no se ha compensado con suficientes empresas que hayan hecho el camino inverso, es decir, que hayan caído desde grado de inversión a high yield tras una rebaja de rating”.
Perspectivas macro y high yield
Desde BNP Paribas Asset Management apuntan que los mercados parecen estar descontando un escenario prácticamente ideal para la economía de Estados Unidos, tras la crisis registrada en abril. “Entonces, ¿qué es lo que el mercado está pasando por alto y el entorno macroeconómico no está señalando?”, indica Stephenson.
“Pensamos que el contexto sigue siendo favorable para el high yield americano. No obstante, anticipamos una ralentización del crecimiento de la economía en los próximos dos años frente a los niveles de años anteriores. Partimos de una base muy sólida con un crecimiento del PIB del 2,9% en 2023 y del 2,8% en 2024, es normal que se produzca una normalización cíclica. Creemos que el crecimiento del PIB podría situarse entre el 1% y el 2%, lo que favorecería el high yield”.
El sector ha tenido una evolución que parece encaminarse hacia una rentabilidad básicamente asociada al cupón, en torno al 7%. Un crecimiento menor favorece al high yield en la medida en que éste no requiere unas tasas de crecimiento tan elevadas como las que suelen beneficiar a la renta variable.
“De hecho, este tipo de crecimiento tiende a provocar excesos, como un nivel excesivo de apalancamiento o de recompras de acciones, lo que no suele favorecer a los titulares de deuda. Por lo tanto, este tipo de ralentización controlada del crecimiento que anticipamos para los próximos dos años constituye realmente el punto óptimo para el high yield, ya que permite a los emisores aumentar su EBITDA y sus ingresos, sin caer en los extremos asociados a escenarios de crecimiento demasiado acelerado o demasiado débil”, explica Stephenson.
En cambio, sí observa motivos de preocupación en lo que respecta a la inflación, tanto por el lado de los aranceles como de la dinámica del mercado laboral. Pese a ello, y al gasto en inteligencia artificial que podría tener un impacto muy positivo sobre el crecimiento a corto y largo plazo y también presionaría al alza la inflación, desde la gestora creen que la Reserva Federal podrá seguir recortando los tipos de interés en 2026, lo que seguirá favoreciendo a los mercados de renta fija.
Ya no hablamos de “bonos basura”
Aunque los diferenciales no están baratos, Stephenson pide centrarse en la clara mejora del sector hacia mayor calidad. “Son muchos los inversores que siguen pensando en la deuda high yield como el mercado de los ‘bonos basura’ –dice-. No obstante, a lo largo de los últimos quince años hemos sido testigo de una mejora gradual en su calidad crediticia. Un periodo marcado por tipos de interés bajos”.
Y añade: “En la actualidad, el porcentaje de títulos con calificación doble B es del 55%, frente al 37% que se registraba antes de la crisis financiera mundial, y el de títulos triple C es solo del 10%, frente al 16% que teníamos antes de la crisis”.
Más recientemente, hemos asistido también a un aumento de la emisión de bonos garantizados, que los emisores han utilizado para minimizar los gastos por intereses. Además, la duración se sitúa en mínimos históricos. El hecho de que muchos emisores de high yield hayan alcanzado la calificación de grado de inversión ha sido uno de los factores que ha contribuido a la disminución de la duración de dichos títulos, que ya de por sí tienen vencimientos más cortos.
“A ello se suma una mejora sustancial de la liquidez. Por lo tanto, en términos estructurales, estamos hablando de un mercado que tiene capacidad para sostener unos diferenciales más reducidos y que muestra un techo de ampliación más contenido en episodios de corrección como ocurrió tras el Día de la Liberación”, señala.
Un punto clave es, asimismo, que aunque recientemente se haya producido un repunte de la emisión, la oferta neta sigue siendo reducida y la emisión que se ha producido ha sido mayoritariamente con fines de refinanciación.
Y otro, destaca, es que en torno al 75% de los beneficios de los emisores de high yield americano se generan en territorio nacional y no se ven afectados por tanto por las cuestiones arancelarias o geoeconómicas.
Oportunidades en el sector
Respecto de las oportunidades de inversión, Stephenson destaca que si bien los diferenciales de crédito están bajos y se espera que se mantengan en un rango estrecho, la elevada incertidumbre macroeconómica puede generar oportunidades puntuales.
Además, el high yield americano ofrece rendimientos atractivos (alrededor del 7%), especialmente frente al efectivo, lo que lo convierte en una alternativa interesante para inversores con mucha liquidez.
El experto también recuerda que no se trata de una clase de activo homogénea ni de “todo o nada”: puede usarse de múltiples formas según la visión de mercado, el nivel de riesgo y como complemento a otras clases de activo.
Por ello, puede servir como un gran diversificador de la cartera: puede ofrecer rentabilidades similares a la renta variable con menor volatilidad y vencimientos más cortos que la deuda investment grade.
Stephenson añade que en el índice existen grandes emisores en situaciones de estrés financiero (medios, telecomunicaciones y salud) que aportan una parte relevante de la rentabilidad, lo que supone tanto riesgos como oportunidades. Por ello, la gestión activa y el análisis bottom-up son clave para seleccionar posiciones, priorizando tramos con mejor relación riesgo-rentabilidad o evitando ciertos emisores cuando es necesario.
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