Tras un año dominado por titulares geopolíticos y la incertidumbre económica, y marcado por los aranceles estadounidenses, las gestoras miran hacia el 2026 con optimismo cauteloso. En general, las firmas de inversión sugieren que la economía estadounidense seguirá sólida y que la europea mejorará, a lo que se suman unas políticas monetarias por parte de los principales bancos centrales favorables para los mercados. Todo ello ofrecerá un entorno de oportunidades, pero también de mayor apuesta por la diversificación.
Al analizar las perspectivas económicas, Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, prevé un crecimiento sólido en 2026. “Anticipamos un repunte de la actividad en algunas economías europeas, con Alemania especialmente bien posicionada gracias a los estímulos anunciados. Se espera que China mantenga su objetivo de crecimiento en torno al 5% y que la expansión de Estados Unidos se sitúe en línea con la de este año. Las perspectivas de crecimiento del Reino Unido continúan siendo mediocres, aunque no difieren de forma significativa de las de 2025, si bien existe cierto margen para un ligero deterioro”, apunta Willis.
Cuestión de resiliencia
“La economía global atraviesa una transición, no una desaceleración. El crecimiento global se moderará en 2026, pero seguirá siendo resiliente mientras se mantenga la extensión del ciclo, impulsado por la innovación y el apoyo de las políticas económicas. La ola tecnológica está redefiniendo un mundo multipolar en el que los riesgos geopolíticos y de inflación se han vuelto más estructurales. Esto se suma a las preocupaciones derivadas de las vulnerabilidades fiscales y excesos de valoración, pero la inversión de capital impulsada por la IA, los cambios en política industrial y la relajación monetaria deberían sostener la actividad y mantener el ciclo”, apuntan desde Amundi.
Christian Schulz, economista jefe de Allianz GI, señala que “la economía mundial entra en 2026 todavía condicionada por las secuelas de las guerras comerciales”, y se prevé que el crecimiento solo se modere ligeramente, hasta alrededor del 2,7%. El ciclo inversor impulsado por la inteligencia artificial, junto con políticas económicas proactivas, actuará como elemento de apoyo. Según Schulz, “la inflación en Estados Unidos repuntará por encima del 3 %, mientras que en Europa y Asia las presiones serán más contenidas, lo que abrirá la puerta a recortes de tipos”.
Y añade que 2026 pondrá a prueba la resiliencia institucional, la flexibilidad política y la capacidad de adaptación a un mundo más fragmentado. “Los inversores deberán prestar atención a los avances tecnológicos que ampliarán la inversión más allá del sector tecnológico estadounidense y de algunas regiones de Asia. Combinados con políticas monetarias y fiscales más flexibles, estos factores deberían sostener la resiliencia global pese a los desafíos sobre pilares como la independencia de los bancos centrales y el libre comercio”, concluye.
“Aunque los precios actuales de los mercados reflejan un escenario Goldilocks, crecimiento con inflación contenida, en nuestra opinión es el menos probable para 2026. Aun así, los mercados podrían seguir anclados en esta hipótesis optimista hasta que los datos del mercado laboral muestren señales inequívocas de estabilización. En última instancia, la combinación de tipos reales negativos a escala global, la relajación de los requisitos para la concesión de crédito y el giro hacia políticas monetarias más expansivas en un entorno de inflación aún persistente sugiere que el crecimiento inflacionista es el escenario más probable para 2026. En conjunto, 2026 debería ofrecer a los inversores oportunidades significativas, siempre que estén preparados para adaptarse a situaciones muy distintas, que abarcan desde un riesgo limitado de recesión hasta episodios de estanflación”, sostiene John Butler, estratega macroeconómico en Wellington Management, y Eoin O’Callaghan, estratega macroeconómico en Wellington Management.
Diversificación ante los desafíos
Aunque los riesgos geopolíticos siguen siendo elevados, para Schulz, “la tentativa de distensión en Oriente Próximo constituye un punto positivo”. Estados Unidos y China continuarán liderando la revolución de la IA, con efectos indirectos que se acelerarán en otras regiones. Las valoraciones en tecnología y en ciertas actividades financieras menos reguladas justifican la cautela, pero “unos tipos de interés más bajos y un apalancamiento privado moderado reducen el riesgo de inestabilidad sistémica”.
Para DWS, la perspectiva para 2026 parece atractiva, aunque el margen de error sigue siendo estrecho. “Los titulares políticos y los riesgos geopolíticos podrían desencadenar una mayor volatilidad en cualquier momento. Por ello, una estrategia de inversión ampliamente diversificada, tanto por regiones como por clases de activos, puede ayudar a los inversores a aprovechar oportunidades mientras se mantienen preparados para posibles contratiempos”, añaden.
Esta misma visión sobre la necesidad de diversificar, también la comparten desde Amundi, ya que consideran que los cambios estructurales a largo plazo seguirán chocando con las dinámicas de corto plazo; manteniendo elevados los niveles de riesgo, pero también redefiniendo las oportunidades a medida que gobiernos y empresas buscan preservar los flujos comerciales y de inversión. “Nuestra postura para 2026 es moderadamente constructiva en activos de riesgo, con una mayor diversificación a todos los niveles y una serie de coberturas estratégicas, como activos alternativos, oro y determinadas divisas”, indican.



