El comportamiento del mercado global de renta fija en 2025 estuvo condicionado por una serie de dinámicas que, lejos de agotarse, continúan configurando el entorno de inversión en 2026. Así lo sostuvo Fabio Angelini, especialista de producto de renta fija de Nordea, durante una presentación reciente de la firma en Madrid. Angelini identifica tres grandes ejes que explican tanto el buen desempeño general del activo el año pasado como los riesgos y oportunidades que se mantienen vigentes.
En términos agregados, 2025 fue un ejercicio favorable para la renta fija. “Fue muy difícil invertir en algo que acabara el año en negativo”, explica Angelini, con la excepción de algunos bonos soberanos de muy largo plazo, principalmente de Alemania y Francia. El resto de los segmentos ofrecieron rentabilidades positivas, en un contexto dominado por un marcado apetito por el riesgo.
El primer gran rasgo del mercado fue la sincronía de movimientos. Durante buena parte del año, los distintos segmentos de renta fija —desde los activos más seguros hasta los de mayor riesgo— se movieron al unísono. “Todo subía o todo bajaba”, resume Angelini. En 2025, esta sincronía jugó a favor de los inversores, ya que el sesgo general fue positivo. Sin embargo, el riesgo para 2026 es evidente: si este comportamiento se mantiene, pero con rentabilidades negativas, el impacto podría ser generalizado. “¿Qué ocurre si todo se mueve de forma sincronizada, pero a la baja?”, plantea el experto.
La segunda dinámica fue el predominio de un entorno claramente ‘risk-on’. A pesar de episodios puntuales de aversión al riesgo —como los provocados por anuncios políticos o advertencias sobre el crédito—, el tono general del mercado fue de búsqueda de rentabilidad. Este comportamiento llevó a los diferenciales de crédito a niveles históricamente bajos. Según Angelini, este factor seguirá siendo determinante en 2026: “Los spreads no pueden estrecharse indefinidamente y, cuanto más bajos están, más fácil es que el mercado sufra una sorpresa negativa”. Aunque unos diferenciales reducidos no implican necesariamente un repunte inmediato, sí aumentan la vulnerabilidad ante cualquier deterioro del entorno macroeconómico o financiero.
El tercer eje fue la alternancia de liderazgo entre Europa y Estados Unidos, impulsada en gran medida por el comportamiento del dólar. Tras una depreciación significativa de la divisa estadounidense, gran parte del descontento de los inversores con los activos estadounidenses se explicó más por el efecto divisa que por el desempeño intrínseco de los activos. Una vez neutralizado ese factor, la renta fija estadounidense se comportó en línea, o incluso ligeramente mejor, que la europea. No obstante, este ajuste ha reducido la competitividad de la rentabilidad ofrecida por EE. UU. “Hoy es posible encontrar activos no estadounidenses que ofrecen más rentabilidad con menor riesgo o menor volatilidad”, afirma Angelini, tanto en grado de inversión como en high yield. Esta realidad refuerza la relevancia de la diversificación geográfica en 2026, especialmente en un entorno político impredecible.
¿Dónde encontrar activos refugio en el entorno actual?
La persistencia de estos riesgos plantea una cuestión clave para los inversores: ¿qué activos pueden desempeñar hoy un verdadero papel de refugio? Tradicionalmente, la protección frente a episodios de aversión al riesgo se ha articulado a través de la asignación a activos considerados seguros. Sin embargo, Angelini subraya que muchas de estas referencias han perdido parte de su fiabilidad.
El dólar, por ejemplo, se ha mostrado débil y volátil. Los Treasuries estadounidenses, aunque han funcionado en determinados momentos, no ofrecieron una protección consistente durante episodios de tensión política o comercial. En Europa, los bonos soberanos núcleo tampoco cumplieron ese papel en 2025, penalizados por el aumento del gasto fiscal en Alemania y los problemas de déficit en Francia.
Paradójicamente, algunos países periféricos —España, Italia, Portugal o Grecia— mostraron un mejor comportamiento. No obstante, Angelini cuestiona si estos activos pueden considerarse refugios en sentido estricto: “¿Se sienten cómodos los inversores utilizando deuda griega o BTP italianos como activo refugio?”. Aunque España presenta un perfil algo más equilibrado, la conclusión es que la definición tradicional de refugio resulta hoy menos evidente.
El oro y otros metales preciosos han ganado protagonismo, en parte porque no conllevan un riesgo político directo. Sin embargo, su elevada volatilidad limita su utilidad como elemento estabilizador de cartera. “Que el oro caiga un 5% en un solo día es algo perfectamente normal”, recuerda Angelini.
Mercados de derivados y el riesgo de sorpresas negativas
A este complejo panorama se suma una fuente adicional de incertidumbre: la divergencia entre distintos mercados de derivados. El mercado de derivados de inflación descuenta tasas cercanas al 1,65%, apenas por debajo del objetivo del BCE. El mercado de derivados de tipos de interés, por su parte, asigna una elevada probabilidad a que los tipos se mantengan estables durante gran parte del año. Ambos mercados transmiten una narrativa de inflación contenida y estabilidad monetaria.
Sin embargo, el mercado de deuda soberana ofrece un mensaje distinto. El aumento del gasto fiscal a escala global está presionando al alza los rendimientos de los bonos a largo plazo, empinando las curvas. “Los mercados de bonos no compran la historia de una inflación baja”, señala Angelini. Esta discrepancia hace que los dos primeros mercados sean especialmente vulnerables a sorpresas, incluso moderadas, en los datos macroeconómicos.
Covered bonds: protección y diversificación en un entorno incierto
En este contexto, Angelini identifica a los covered bonds como uno de los pocos activos que han demostrado su capacidad de actuar como refugio. A diferencia de los gobiernos, que incrementan la emisión de deuda para financiar el gasto, los bancos emiten covered bonds en función de la demanda hipotecaria, que sigue siendo contenida. Esta menor presión de oferta ha contribuido a su estabilidad.
“En 2025, los covered bonds fueron la única clase de activo refugio que realmente cumplió su función”, afirma Angelini. Ofrecieron protección en episodios de volatilidad y no se vieron penalizados en momentos de tensión fiscal o política. Para Nordea, con una amplia experiencia en este segmento de la renta fija, los covered bonds representan una herramienta clave para aportar diversificación, estabilidad y protección a las carteras en un entorno en el que los refugios tradicionales ya no son tan evidentes.



