Última actualización: 06:25 / Viernes, 5 Marzo 2021
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Jenna Barnard (Janus Henderson Investors): “Estamos ante el final de un entorno de reflación”

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  • A comienzos de este año, a nivel macroeconómico, el consenso de la narrativa del mercado de renta fija se ha centrado sobre la reflación
  • Así, el conjunto de los gestores de activos ha tenido que decidir si se encontraba ante el principio o el final de un entorno de reflación
  • En la opinión de Jenna Barnard, co-responsable de renta fija estratégica en Janus Henderson Investors, es claro que nos encontramos más cerca del final que del principio y que esto puede crear en los próximos meses una fantástica oportunidad para añadir duración

A comienzos de este año, a nivel macroeconómico, el consenso de la narrativa del mercado de renta fija se ha centrado en la reflación. Así, el conjunto de los gestores de activos ha tenido que decidir si se encontraba ante el principio o el final de un entorno de reflación. En la opinión de Jenna Barnard, co-responsable de renta fija estratégica en Janus Henderson Investors, es claro que nos encontramos más cerca del final que del principio y que esto puede crear en los próximos meses una fantástica oportunidad para añadir duración en el núcleo de la exposición a bonos de las carteras de renta fija flexibles.

Si bien las búsquedas en Google de la palabra “reflación” suelen incrementar en los meses de enero que siguen a un periodo de recesión, -tal y como sucedió en 2009 tras la Crisis Financiera Global o en 2017 con la pequeña recesión sufrida por los mercados emergentes-, este año se han incrementado exponencialmente, mostrando un consenso sin precedentes en la narrativa del mercado. Los motivos por los que los analistas de mercado se han centrado en un entorno de reflación son múltiples: la llegada de la vacuna, la reapertura de las economías y el efecto base de unos niveles de inflación y crecimiento muy bajos en marzo y abril del 2020. No obstante, según la visión de Jenna Barnard, cuando se examinan los detalles de este entorno de reflación, los datos son poco convincentes y la inflación que se verá en los próximos meses será modesta y transitoria.

Ratificando la opinión del consenso, el índice del sentimiento alcista del consenso sobre bonos del Tesoro estadounidense se encuentra en cerca de sus mínimos históricos. De forma similar, el dólar también muestra unos niveles extremos de sentimiento bajista. En contrapartida, los activos que en principio podrían beneficiarse en este tipo de entorno, como la deuda corporativa y de mercados emergentes, en particular, la deuda denominada en divisa local, y las áreas más value del segmento cíclico de la renta variable han experimentado un rally.

Las perspectivas de inflación

Para finales de 2021, en Janus Henderson esperan volatilidad en el nivel de precios, pero no inflación. Este movimiento es en gran parte consecuencia del efecto de base por unos precios de las materias primas muy bajos en la pasada primavera, de la reversión de recortes en los impuestos al consumo (principalmente recortes en el IVA) que tuvieron lugar en varios países, por ejemplo, en Alemania y Reino Unido, así como de la introducción del coste de las emisiones de carbono en Europa. El resultado neto es que se dará un cierto repunte en la inflación de los próximos meses.

Este tipo de volatilidad en los precios ya se ha dado con anterioridad. Los bancos centrales y los inversores en deuda saben que es transitoria. Las perspectivas de inflación para este año y el siguiente se mantienen muy acalladas. El repunte esperado será relativamente modesto en relación con la experiencia similar que se dio en 2011 tras la Crisis Financiera Global. En Estados Unidos, la inflación general debería situarse alrededor del 3% durante los meses de abril y mayo. Mientras que, en Europa y Reino Unido, debería alcanzar un 2%. Estas cifras se podrían comparar con las de 2011, en las que el pico de la inflación llegó a alcanzar un 5% en Reino Unido, un 4% en Estados Unidos y un 3% en Europa.

Si se examinan los procesos de reapertura de las economías y el impacto que estos puedan tener en la inflación, de nuevo, las perspectivas se perciben más deflacionarias que inflacionarias. Esto podría sorprender a algunos inversores, pero, en realidad, la cesta de bienes que está experimentando una inflación relativamente alta en consecuencia de las disrupciones provocadas por el COVID-19 (como el precio de los vehículos de segunda mano o el mobiliario en los hogares) no representa una parte significativa del índice de precios al consumo como sí lo hacen otros productos que experimentan una mayor presión deflacionaria (como el precio de los billetes de avión).

En su análisis, Janus Henderson compara la tasa de cambio en el crecimiento y la tasa de inflación medida año a año en Estados Unidos frente a la tasa de rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años. Los rendimientos de los bonos a 10 años tienden a seguir lo ocurrido en la tasa de cambio. Ésta debería alcanzar un pico en la primavera de este año y mostrar un declive a partir del tercer trimestre del año. Por eso, cabría esperar que la tasa de rendimiento de los bonos a 10 años alcance un pico al mismo tiempo que la tasa de cambio, mostrando una excelente oportunidad para añadir duración a la cartera.

Gran parte de la inflación anticipada está ya reflejada en los precios de los bonos estadounidenses y australianos. Sin embargo, esto no se está viendo en los bonos europeos ni en los británicos que casi no se han movido. En Estados Unidos, las expectativas de inflación que se deducen del mercado de deuda marcan un 2,2% anual en los próximos 10 años, un nivel muy cercano a las expectativas de 2018. Asimismo, los mercados de deuda están descontando que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años (medido por la tasa forward del bono de 5 años en 5 años) subirá y tocará un máximo cercano al 2%, quedando por debajo del anterior máximo del mercado, situado en un 2,5%.

Frente aquellos inversores que creen que nos encontramos al principio de un ciclo reflacionario y que las medidas tomadas para paliar los efectos del COVID-19 traerán el resurgimiento de la inflación en el medio plazo, Jenna defiende que los movimientos en las masas monetarias M2 y M2+, junto con los préstamos bancarios comerciales, siguen contrayéndose tras el pico alcanzando en el segundo trimestre de 2020. Como ejemplo, Jenna citó a Bank of America. La entidad anunció en sus resultados un incremento en los depósitos y una disminución del 4% en su libro de préstamos.

La experta sostiene que, si estuviéramos adentrándonos en un ciclo inflacionario en el medio plazo, la habilidad de crear inflación y de incrementar la velocidad del dinero estaría determinada por el sector privado bancario. Los bancos necesitarían estar prestando una mayor cantidad de dinero, incrementando su libro de préstamos para que este escenario pueda darse.

Si bien los bancos centrales están mostrando su voluntad para crear inflación, no se ha visto un incremento de los préstamos bancarios ni en Europa ni en Reino Unido en los últimos diez años. Y en Estados Unidos se podría decir que las empresas están mostrando una tendencia de desapalancamiento en sus balances, tal y como anunciaron Levis y McDonalds durante la comunicación de sus resultados.

En consecuencia, en Janus Henderson se mantienen estructuralmente alcistas en los bonos del gobierno y dan la bienvenida a la narrativa de un entorno de reflación como una oportunidad para disminuir el riesgo y añadir duración a la cartera.

   

 

 

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