Acacia Inversión ha presentado su informe anual macroeconómico y de mercados, en el que anticipa un escenario global marcado por la fragmentación económica, el desfase de políticas monetarias entre regiones, un estímulo fiscal selectivo y un sesgo inflacionario al alza. En este contexto, la gestora multifamily office independiente considera que la gestión activa, la diversificación real y el análisis fundamental serán claves para capturar oportunidades fuera del consenso.
Tras un 2025 de resiliencia, actualmente el mercado se debate entre las dudas que generan las elevadas valoraciones de las compañías tecnológicas, el riesgo de concentración de los índices estadounidenses, la incertidumbre que genera la relación entre Estados Unidos y China y la independencia de la Reserva Federal a la hora de implementar su política monetaria. En resumen, las dinámicas macroeconómicas actuales hacen creer que el 2026 estará marcado por un desfase en los ciclos de política monetaria, estímulo fiscal expansivo, un sesgo inflacionario alcista, un dólar estadounidense aún más débil y mejor rendimiento de los activos en el sector de materias primas y en los mercados fuera de Estados Unidos.
No perciben un 2026 para replicar el consenso, sino para identificar desequilibrios, valorar correctamente los cambios estructurales y construir carteras resilientes. En un entorno menos sincronizado y más volátil, la gestora reafirma su compromiso con una gestión activa y flexible para transformar la complejidad del ciclo en oportunidades de inversión.
Desfase monetario y estímulo fiscal como motores de 2026
Mientras Europa podría mantener tipos estables, Estados Unidos seguiría con un proceso gradual de bajadas, condicionado por la persistencia de la inflación. Japón, por el contrario, se encuentra en un punto de inflexión hacia la normalización monetaria.
El estímulo fiscal jugará un papel central, con un fuerte impulso en Europa (liderado por Alemania), Japón, Estados Unidos y China, especialmente en sectores estratégicos como infraestructuras, defensa y transición energética. En Europa, un mercado laboral sólido y una política fiscal expansiva han impulsado el crecimiento por encima de su potencial, lo que, pese a una inflación general cercana al objetivo, mantiene la presión sobre la inflación subyacente. En este contexto, el ciclo de recortes del BCE parece haber concluido y el consenso apunta a tipos estables en torno al 2% en 2026, si bien se descuenta con una probabilidad pequeña que podría llegar a implementar una política monetaria con sesgo más restrictivo.
En Estados Unidos, el ciclo monetario avanza con retraso respecto a Europa. La Reserva Federal prevé continuar con las bajadas de tipos hasta finales de 2026, aunque de forma gradual, condicionada por el impacto inflacionario de los aranceles y la debilidad del mercado laboral. La persistencia de la inflación subyacente y el dinamismo de la demanda, apoyados por el estímulo fiscal, podrían limitar el margen para nuevos recortes. Japón, por su parte, se encuentra en una fase de transición tras décadas de tipos muy bajos y se espera que el Banco de Japón avance en la normalización de su política monetaria mediante subidas de tipos, en contraste con el resto de economías desarrolladas.
Durante 2025, las materias primas vivieron un año de elevada volatilidad. De cara a 2026, su perspectiva sobre las materias primas es constructiva, con la excepción del petróleo. La aceleración del crecimiento económico global, apoyada en el estímulo fiscal, la implementación de la inteligencia artificial y unos tipos de interés más bajos, favorecerá la demanda de metales industriales y metales preciosos. A ello se suma el impulso estructural derivado de la transición energética y la inversión en energías renovables. En este contexto, el oro y la plata podrían prolongar el rally iniciado en 2025, beneficiándose de un dólar estructuralmente más débil, de la persistencia de la inflación y de un entorno de mayor incertidumbre macroeconómica y geopolítica, consolidándose como activos refugio.
Asimismo, el escenario macro apunta a un crecimiento global sólido en 2026, con un sesgo inflacionario al alza. El traslado a precios de la política arancelaria estadounidense y el fortalecimiento de los precios de los commodities podrían aumentar la volatilidad de la inflación y presionar al alza los tipos de interés a largo plazo, incluso en un entorno de políticas monetarias más laxas. En el mercado de divisas, se espera que el dólar estadounidense continúe debilitándose, mientras que el yen japonés, actualmente infravalorado, podría apreciarse a medida que el Banco de Japón avance en la normalización de su política monetaria.
Cautela con la inteligencia artificial
En Acacia Inversión mantienen un enfoque cauteloso respecto a la inteligencia artificial (IA). Aunque su adopción se ha extendido a la mayoría de los sectores productivos y su potencial para mejorar la productividad global es indudable, las compañías que lideran su desarrollo cotizan con valoraciones exigentes, lo que incrementa los riesgos para el inversor. Observan varios factores que podrían presionar la sostenibilidad del actual auge de la IA, como señales de posible sobredemanda de chips, una desaceleración en la generación de caja de las principales compañías, el encarecimiento de la financiación y una mayor disciplina en el gasto de capital. A ello se suman el aumento de los costes energéticos y la creciente disponibilidad de soluciones abiertas, que podrían comprimir los márgenes del sector.
Si bien reconocen que los resultados empresariales siguen siendo sólidos y que el consenso de mercado no identifica, por el momento, una burbuja comparable a la de las puntocom, el enfoque es prudente. Prefieren evitar una exposición pasiva a las compañías líderes de IA, dada la elevada concentración de riesgos. Por ello, priorizan la inversión en la infraestructura que sustentará su desarrollo a largo plazo, como los metales industriales, los metales raros y la energía, donde identificamos un mejor equilibrio entre rentabilidad y riesgo.
Visión estratégica para los inversores
En términos de posicionamiento, Acacia Inversión apuesta por una infraponderación en renta variable de Estados Unidos, ante el riesgo de concentración y valoraciones exigentes en el núcleo tecnológico, así como una mayor incertidumbre institucional y de política económica. Se prioriza la exposición a riesgo desde geografías y temáticas con mejor perfil rentabilidad-riesgo. Al otro lado, un posicionamiento positivo en metales preciosos y materias primas (excluido el petróleo), que recuperan un papel estratégico como cobertura frente a la volatilidad del dólar y la inflación. La transición energética y la inversión en infraestructura para inteligencia artificial refuerzan el atractivo de los metales industriales y de la energía vinculada a la electrificación.
Muestran preferencia por renta variable europea, japonesa y de mercados emergentes. En Europa, el impulso fiscal (liderado por Alemania) apoya el crecimiento y los márgenes en sectores cíclicos; en Japón, la combinación de reformas, normalización monetaria y potencial de apreciación del yen ofrece una oportunidad diferencial; en emergentes, la debilidad del dólar y el nuevo ciclo de inversión en recursos críticos favorecen un enfoque selectivo por países, con una visión constructiva pero prudente en China. Y una apuesta por activos reales como infraestructuras y real estate, por su capacidad para trasladar precios, preservar el poder adquisitivo y estabilizar carteras en un entorno de inflación más volátil.
Por sectores, prefieren energía estadounidense, banca europea y salud. La energía es un insumo clave para el desarrollo de la inteligencia artificial y la expansión de los centros de datos; la banca europea puede beneficiarse de una curva de tipos más empinada; y el sector salud aporta un perfil defensivo ante posibles repuntes de la volatilidad macroeconómica. Y muestran cautela en crédito estadounidense y en duración, ante diferenciales comprimidos y el riesgo de repuntes inflacionarios que podrían presionar los tipos largos. En contraste, se identifican oportunidades en la deuda emergente en moneda local, beneficiada por la debilidad del dólar, y en los bonos japoneses de largo plazo, apoyados en la transición de la política monetaria y la infravaloración del yen, que podría atraer flujos de capital. Todo, con en enfoque prudente en inteligencia artificial.



