Los analistas de las dos mayores gestoras del mundo, especialistas en gestión pasiva, acaban de publicar sus respectivos análisis sobre la nueva guerra en Oriente Medio: Vanguard ha sacado los libros de historia para concluir que el conflicto no afectará el resultado de las inversiones a largo plazo, pero los analistas de BlackRock son menos optimistas y consideran que la distancia entre un shock de volatilidad y una crisis más profunda dependerá de la duración del conflicto.
Hasta la fecha los mercados han reaccionado con subidas del precio del petróleo y bajadas de acciones tanto estadounidenses como europeas. Hasta el momento, podemos decir que se viven momentos de volatilidad.
“Lo que importa es la duración del conflicto”
Los analistas de BlackRock ven la posibilidad de una transmisión global del conflicto, si la hay, a través de las cadenas de suministro: ya sea una restricción del transporte de energía a través del Estrecho de Ormuz o daños a la infraestructura de producción energética en la región. Esto crea el potencial de un aumento repentino de los precios de la energía y el riesgo de estanflación.
“Estos acontecimientos se ven condicionados por tres variables fundamentales: la duración de las hostilidades, el grado de perturbación del transporte energético y el resultado político. Su interacción determinará si se trata de un shock de volatilidad a corto plazo o si evoluciona hacia algo más persistente”, dicen desde BlackRock.
Desde la gestora señalan que se oponen a una reducción indiscriminada del riesgo de la cartera porque, lo que importa, es la duración del conflicto. Las limitaciones en la capacidad de fuego y las posibles repercusiones políticas podrían significar que esta intervención dure semanas, no más.
Por ahora, los estrategas de BlackRock no están modificando sus perspectivas de inversión y confirman elementos centrales del marco macroeconómico general: este es un mundo moldeado por la oferta, el tema de la IA sigue siendo el principal tema global y esto refuerza por qué los bonos gubernamentales a largo plazo no son un lastre confiable para una cartera dados los potenciales riesgos estanflacionarios de una escalada de este último conflicto en Medio Oriente.
La historia y los resultados extremos que no se materializan
Desde otro enfoque, los analistas de Vanguard también se mantienen a la espera y recomiendan templanza a los inversores, atentos a la diversificación y al largo plazo. Pero son menos prudentes que sus pares de BlackRock y que la reacción de los mercados no sugiere temores de un shock sostenido del crecimiento.
La historia nos da lecciones, dicen desde la gestora: “Los períodos en que las acciones y los bonos caen simultáneamente suelen estar asociados con preocupaciones sobre la inflación, incertidumbre política o una repentina revalorización del riesgo. Históricamente, estos entornos han tendido a ser transitorios en lugar de duraderos. Los mercados se adaptan a medida que disminuyen las presiones inflacionarias, mejora la claridad política y se disipa la incertidumbre”.
Los eventos geopolíticos rara vez alteran la dirección del mercado a largo plazo, a menos que resulten en:
Una interrupción prolongada del suministro energético mundial.
Un endurecimiento pronunciado de las condiciones financieras.
Una recesión económica generalizada.
En ausencia de estos resultados, los mercados generalmente se han recuperado incluso cuando las tensiones han persistido, señalan desde la gestora.
“Si bien a los mercados no les gusta la incertidumbre, las reacciones fuertes a los eventos geopolíticos generalmente son efímeras. Tras importantes eventos geopolíticos que se remontan a décadas atrás, las acciones estadounidenses han arrojado rendimientos promedio positivos 6 y 12 meses después”, concluyen desde Vanguard.



Por Alicia Miguel Serrano