Los criptoactivos parece que aguantan, por ahora, en el ambiente de incertidumbre que supone el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Por ejemplo, el bitcoin, la mayor criptodivisa del mundo, frenó su abrupta caída de principios de año coincidiendo con el inicio de las hostilidades: en los dos primeros meses del año, la criptomoneda se dejó alrededor del 25%, pero en este mes de marzo se mantiene relativamente estable en el rango de los 67.000-68.000 dólares.
Eso sí, los inversores no dejan de mirar atentamente la evolución del conflicto y los mensajes de la Reserva Federal. Según datos de CoinShares, los fondos cotizados de activos digitales registraron, en la semana con cierre del 28 de marzo, los primeros reembolsos en cinco semanas: un total de 414 millones de dólares salieron de estos productos, “ya que los temores por el conflicto con Irán y el cambio de rumbo de la Reserva Federal hacia expectativas de subida de tipos dejaron los activos bajo gestión en 129.000 millones de dólares”, según recoge la firma. Esta cifra, precisamente, supone volver a niveles de principios de febrero y son comparables a los de abril de 2025, durante la fase inicial de los aranceles del presidente Donald Trump.

A nivel regional, el sentimiento negativo se centró casi exclusivamente en Estados Unidos, según CoinShares, donde se registraron salidas por valor de 445 millones de dólares. Por el contrario, los inversores alemanes y canadienses consideraron la reciente caída de los precios como una oportunidad, con entradas de 21,2 millones y 15,9 millones de dólares, respectivamente.
Ethereum fue el criptoactivo más afectado por el sentimiento negativo, probablemente relacionado con las noticias sobre la Clarity Law: registró salidas por valor de 222 millones de dólares, por lo que los flujos acumulados en lo que va de año suponen una salida neta de 273 millones de dólares, la peor de todos los activos digitales.
Los fondos sobre bitcoin también registraron salidas por un total de 194 millones de dólares, pero se mantiene flujos netos de inversión en el año, concretamente, por 964 millones de dólares. Mientras que los productos de inversión en posiciones cortas sobre bitcoin registraron entradas adicionales por valor de 4 millones de dólares. Solana también se vio afectada, con salidas de 12,3 millones de dólares. Por su parte, los productos sobre ripple fueron los únicos que registraron entradas por un total de 15,8 millones de dólares.
Las razones
De fondo, desde WisdonTree, apuntan que los grandes asignadores de capital y los vehículos de inversión estructurales ya no son participantes marginales en el bitcoin, sino que, ahora, forman parte permanente del ecosistema. “A diferencia de los flujos especulativos del inversor minorista, los inversores institucionales tienden a acumular durante los periodos de volatilidad en lugar de salir del mercado. Esta dinámica cambia la forma en que se comporta el mercado en episodios de tensión”, apuntan desde la firma que señala que si bien bitcoin sigue reaccionando a shocks macroeconómicos -«ningún activo es inmune»-, la estructura del mercado ha cambiado de forma fundamental. De tal manera que, en ciclos anteriores, los shocks geopolíticos o el estrés macroeconómico podían desencadenar correcciones prolongadas, pero hoy el patrón “parece distinto”.
Con todo, el corto plazo manda y, según comentan en algunas firmas, si el conflicto en Oriente Medio se prolonga y los precios del petróleo se mantienen elevados y logran presionar al alza los datos de inflación, no puede descartarse un escenario de subidas de tipos. “Este contexto históricamente ha sido negativo para los precios de los criptoactivos”, apuntan desde eToro.



