Los mercados privados se enfrentan este año a un paisaje técnico, exigente y maduro, donde el éxito dependerá cada vez más de la disciplina de entrada, la creación de valor real y la gestión de cartera a lo largo de periodos de tenencia más largos.
Este nuevo contexto exige menos dependencia de las condiciones de mercado y más enfoque en capacidades internas y estratégicas para crear alfa sostenido en el tiempo
Según el informe global de mercados privados de McKinsey, 2025 fue un año de reactivación para la industria del private equity después de varios años de actividad debilitada.
Rebound de transacciones, pero con desafíos persistentes
En 2025 se produjo un notable repunte en el valor de las transacciones, especialmente en operaciones grandes. El valor de las compras de compañías (buyouts y crecimiento) de más de 500 millones de dólares aumentó un 44%, superando 1 billón de dólares y marcando un récord histórico.
El valor total de las transacciones también creció en todas las tallas, aunque el número de operaciones disminuyó, lo que indica una mayor selectividad y concentración en grandes acuerdos. Las salidas también repuntaron con fuerza, subiendo más del 40%, impulsadas por un casi doble incremento del valor de OPVs. Aun así, la cantidad de salidas por número fue menor y la mayoría de las compañías siguen en cartera, lo que contribuye a un volumen récord de activos retenidos por largos periodos.
A pesar del repunte de actividad, los múltiplos pagados por adquisiciones volvieron a subir y se sitúan en niveles altos históricamente (un múltiplo mediano de 11,8 veces EBITDA). Esto, junto con el mayor coste del capital y una menor disponibilidad de deuda barata, hace que los activos sean más caros y las rentabilidades comparadas con los mercados públicos sigan siendo modestas.
El inventario de empresas compradas que no se han vendido —y que llevan múltiples años en las carteras de los fondos— es el más grande registrado, con más de 16.000 compañías mantenidas por más de cuatro años, lo que refleja tenencias medias superiores a seis años y medio y presiona las expectativas de liquidez para los inversores.
El nuevo normal del private equity
Ante un entorno donde las salidas son más lentas y los retornos en efectivo más escasos, soluciones que antes eran marginales han pasado a formar parte del “nuevo normal” del private equity. Las secundarias, los vehículos de continuación y el financiamiento basado en el valor neto de activos se han consolidado como mecanismos permanentes para gestionar la liquidez en las carteras.
Estas herramientas ayudan a ofrecer retornos de efectivo a los inversionistas incluso cuando los mercados de salidas tradicionales siguen restringidos, y se espera que su uso aumente en los próximos años.
Creación de valor operativo como motor de retornos
El informe subraya que las palancas tradicionales que impulsaban los retornos en private equity (compra a múltiplos bajos, expansión de múltiplos y apalancamiento barata) ya no operan con la misma fuerza. Durante la década anterior estas palancas explicaron cerca de la mitad de los retornos generados por los fondos, pero con los múltiplos de compra altos y menor contribución de la deuda, la creación de valor operativo se ha convertido en el principal determinante de retornos. Esto obliga a los gestores a integrar mejoras desde etapas tempranas de posesión y a sostenerlas a lo largo de la vida de la inversión, no solo en el tramo final antes de la venta.
El rol de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial (IA) emerge como un factor transformador en todas las fases del ciclo de inversión. McKinsey destaca que, si bien muchos fondos aún están en etapas iniciales de adopción, se está acelerando su uso en procesos de diligencia, monitoreo de cartera, pricing, marketing, ventas y automatización.
Los gestores más avanzados ya incorporan la IA de forma integral en sus tesis de inversión y en planes de creación de valor, lo que les permite mejorar productividad y apoyar narrativas de salida más atractivas. Al mismo tiempo, la IA también genera riesgos, pues obliga a revaluar carteras existentes y a decidir si reforzar, reposicionar o desinvertir en activos según su capacidad para aprovechar la tecnología en sus posiciones competitivas.
Perspectiva de los inversores (LPs)
Desde el punto de vista de los inversores institucionales, las asignaciones efectivas a private equity se redujeron por primera vez en más de una década, debido a la comparación desfavorable con los mercados públicos, que han tenido rendimientos robustos, y a la necesidad de mayor liquidez.
Las métricas tradicionales de retorno siguen siendo importantes, pero los inversores cada vez valoran más la capacidad de los fondos para entregar efectivo real a través de distribuciones. A pesar de los desafíos de rentabilidad y liquidez, una mayoría significativa de inversores planea mantener o aumentar sus asignaciones a private equity, aunque con criterios de selección más exigentes y énfasis en distribución de efectivo y co-inversiones.




Por Alicia Miguel Serrano