Durante años, incluso décadas, los activos alternativos —private equity, deuda privada, infraestructura, bienes raíces, hedge funds y capital emprendedor— estuvieron reservados casi exclusivamente para inversionistas institucionales y patrimonios de ultra alto valor.
Sin embargo, esa barrera comienza a desdibujarse. La industria global de gestión de activos vive un proceso acelerado de “retailización”, o democratización de los mercados privados: una tendencia que busca acercar inversiones tradicionalmente ilíquidas y sofisticadas al inversionista individual.
Si bien, en América Latina, este fenómeno todavía se encuentra en una etapa temprana, ya perfila uno de los principales vectores de crecimiento para la industria de fondos durante la próxima década, diversos actores de la industria así lo reconocen.
La presión por democratizar el acceso a alternativas responde a varios factores estructurales. Por un lado, el entorno prolongado de tasas reales más bajas y la mayor volatilidad de los mercados públicos han llevado a inversionistas —institucionales y retail— a buscar nuevas fuentes de diversificación y retorno. Por otro, las grandes gestoras globales han intensificado el desarrollo de vehículos semilíquidos y estructuras adaptadas al segmento wealth y affluent.
De acuerdo con la firma de análisis Preqin, los activos alternativos globales habrían crecido a una tasa anual cercana al 9,8% en 2025, impulsados principalmente por private equity y private debt. Al mismo tiempo, la consultora identifica la “retailización” de los mercados privados como una de las grandes transformaciones de la industria, particularmente por la apertura regulatoria y el desarrollo de nuevos canales de distribución.
El fenómeno ya es visible en Estados Unidos y Europa. Gestoras como BlackRock, Apollo Global Management, KKR y Blackstone han lanzado vehículos evergreen y fondos con ventanas periódicas de liquidez para inversionistas no institucionales. Incluso, BlackRock ha señalado que el “portafolio del futuro” podría estar compuesto por 50% renta variable pública, 30% renta fija y 20% mercados privados.
La deuda privada representa probablemente el caso más emblemático. Según reportes recientes del sector, el mercado global de private credit ya ronda entre 1,5 y 2 billones de dólares, mientras la participación de inversionistas retail en este segmento ha pasado prácticamente de cero a 13% en la última década.
Para Latinoamérica, la tendencia abre una doble oportunidad. La primera es comercial: ampliar la base de inversionistas más allá de los clientes institucionales tradicionales. La segunda es estructural: desarrollar mercados de capitales más profundos y diversificados, capaces de financiar infraestructura, energía, crédito corporativo o proyectos tecnológicos mediante vehículos de inversión colectiva.
México, Brasil, Chile y Colombia aparecen como los mercados mejor posicionados para capturar esta transformación debido al tamaño creciente de sus industrias de fondos, el desarrollo del segmento wealth management y una regulación relativamente más sofisticada.
En México, por ejemplo, el auge reciente de fondos dirigidos al inversionista patrimonial ya comienza a incorporar estrategias de deuda privada, CKDs, fibras y vehículos híbridos. Brasil, por su parte, lleva ventaja en productos alternativos distribuidos masivamente a través de plataformas digitales y bancos de inversión.
No obstante, la retailización o democratización de los alternativos también implica riesgos relevantes. El principal es el descalce entre liquidez y horizonte de inversión. Muchos activos privados requieren plazos de maduración de cinco, siete o incluso diez años, mientras el inversionista retail suele mantener expectativas de liquidez similares a las de un fondo mutuo tradicional.
Los reguladores internacionales ya observan el fenómeno con cautela. El Financial Stability Board (FSB o Consejo de Estabilidad Financiera. Organismo internacional creado en 2009 que supervisa y hace recomendaciones para fortalecer el sistema financiero global), advirtió recientemente que la creciente exposición de inversionistas minoristas al private credit podría generar tensiones en episodios de estrés financiero debido a problemas de valuación y rescates. De hecho, algunos fondos evergreen en Estados Unidos ya han limitado retiros ante presiones de liquidez.
En ese contexto, el desafío para las gestoras latinoamericanas no será únicamente lanzar productos alternativos para retail, sino construir capacidades de educación financiera, transparencia operativa y administración de liquidez mucho más robustas que las actuales.
Los expeetos coinciden: la retailización de los alternativos no implica simplemente vender private equity al inversionista individual. Supone transformar la arquitectura completa de distribución, asesoría y experiencia de inversión. Y, en una región donde la penetración de fondos sigue siendo relativamente baja frente a mercados desarrollados, ese cambio podría convertirse en el próximo gran salto evolutivo de la industria latinoamericana de asset management.



Por Antonio Sandoval