El mercado del arte, que durante los últimos años había mostrado signos de recuperación tras la pandemia, se estancó en 2024 y continuó en esa línea durante el primer semestre de 2025. Según el Art Basel & UBS Art Market Report 2025, las ventas globales alcanzaron 57.500 millones de dólares. Esto supone una caída del 12% respecto al año anterior.
El informe describe un escenario actual de incertidumbre prolongada y ralentización en los segmentos de alto valor. Las grandes casas de subastas como Christie’s, Sotheby’s y Phillips, registraron una disminución del 7% en sus ventas durante los primeros seis meses de 2025 respecto al mismo periodo en 2024.
La causa principal: el frenazo en las ventas de alto costo
Los compradores de alto poder adquisitivo están siendo más cautelosos a la hora de adquirir los bienes. Las tensiones comerciales a nivel mundial, conflictos geopolíticos y la inflación en los países del G7 han hecho que los compradores opten más por un arte seguro y no ostentoso. Esto se traduce en que las ventas de obras más accesibles han mantenido su actividad, mientras que las operaciones por encima del millón de dólares han disminuido drásticamente arrastrando el valor total del mercado global.
Aunque el valor total de las ventas de arte cayó en 2024, la riqueza de los individuos más ricos siguió aumentando: la población de millonarios alcanzó los 60 millones a comienzos de 2025, con una riqueza agregada de 226,5 billones de dólares. Esta concentración de riqueza refuerza la base potencial de compradores del mercado del arte, aunque en la práctica muchos optaron por conservar sus activos durante 2024 debido al periodo de incertidumbre.

Más transacciones, menos valor
Paradójicamente, el número de operaciones aumentó un 3% en 2024, alcanzando más de 40 millones de transacciones a nivel mundial. Esto indica que el mercado no ha perdido vitalidad, sino que se ha desplazado hacia la base, con un mayor volumen de ventas en los segmentos accesibles.
Los galeristas pequeños y medianos —aquellos con una facturación inferior a 250.000 USD al año— experimentaron un crecimiento del 17%, mientras que las ventas en línea se mantienen un 76% por encima de los niveles de 2019, consolidando el papel del canal digital.
La paradoja es clara: nunca hubo tantos ricos en el mundo, pero su apetito por comprar arte de alto valor es menor. El mercado, históricamente dependiente de las grandes fortunas, se enfrenta así a una nueva dinámica donde el crecimiento del patrimonio no implica necesariamente un aumento proporcional del consumo cultural o del coleccionismo de lujo.

Desigualdad y cambio generacional
El informe también apunta a un cambio generacional en la propiedad de la riqueza y, por ende, en las colecciones. A medida que grandes patrimonios comienzan a transferirse hacia herederos más jóvenes, los gustos y las prioridades cambian.
Estas nuevas generaciones —más digitales, globales y sensibles a temas sociales y medioambientales— podrían alterar las reglas del mercado del arte, desplazando el foco del prestigio tradicional hacia criterios de sostenibilidad, diversidad o compromiso cultural. Además las mujeres y jóvenes probablemente se convertirán en segmentos cada vez más importantes dentro de la población de millonarios y, por tanto, también dentro del mercado del arte en el futuro.
Por otro lado, la concentración extrema de la riqueza —menos del 2% de la población posee casi la mitad de los activos financieros globales— plantea preguntas sobre el grado de dependencia del mercado del arte respecto a un grupo reducido de compradores.
Un mercado en busca de equilibrio
Los expertos coinciden en que el mercado del arte atraviesa una fase de reequilibrio. La euforia postpandemia, impulsada por liquidez abundante ha dado paso a una etapa más prudente y selectiva. Las galerías apuestan por diversificar sus canales y reforzar su presencia online, mientras las casas de subastas ajustan sus calendarios y comisiones para mantener la competitividad.
Casi la mitad de los galeristas encuestados esperan mantener sus ventas en 2025, y un tercio confía en aumentarlas. Sin embargo, el consenso es que el crecimiento vendrá desde abajo, no desde las operaciones multimillonarias que tradicionalmente impulsaban las estadísticas.
En este contexto, el arte parece reconfigurarse como un activo de valor emocional y cultural, más que como refugio financiero inmediato. El mercado global del arte ya no depende solo de unos pocos grandes compradores, sino de una comunidad más diversa y dinámica.




Por Alicia Miguel Serrano