En la industria del wealth management, el concepto de legado está intrínsecamente ligado al de sostenibilidad. Los profesionales saben que la preservación del patrimonio a largo plazo exige un compromiso firme con el entorno natural y social. Bajo esta sólida premisa opera la Fondation Lombard Odier, con más de 20 años de experiencia en su haber.
Ginebra siempre ha sido una ciudad donde las finanzas y la labor humanitaria se encuentran. Fondation Lombard Odier, fundación corporativa del banco privado de 230 años de historia, encarna esta tradición. Creada por los socios gestores del Grupo en 2004, formalizó una tradición familiar que se remonta a Alexandre Lombard, socio de mediados del siglo XIX que fue de los primeros en apoyar a Henry Dunant en la creación del Comité Internacional de la Cruz Roja, y a Henri Hentsch, quien ayudó a establecer una red pionera de cajas de ahorro para inversores de recursos modestos, y reunió bajo un mismo techo las distintas iniciativas filantrópicas del Grupo.
“Durante dos décadas, la Fundación se ha sostenido sobre los pilares de la acción humanitaria y la educación. Pero a finales de 2024, realizó un giro decisivo cuando el Consejo abrió un nuevo programa dedicado a los desafíos medioambientales. En consecuencia, hoy la Fundación actúa principalmente en dos ámbitos: el medioambiental y la acción humanitaria, donde la alianza con el CICR ocupa un lugar preferente”, explica Max Martin, responsable global de Filantropía en Lombard Odier.
Fondation Lombard Odier se creó en 2004 por los socios gestores del grupo y formalizó una tradición familiar que se remonta a Alexandre Lombard
Según la visión de la organización, el cambio climático, la contaminación y el colapso de la biodiversidad exigen la movilización de todos los sectores de la sociedad, y el compromiso del Grupo con una economía sostenible y positiva para la naturaleza allanó el camino. Dentro de la filantropía medioambiental, la Fundación busca ocupar una posición diferenciada: proyectos que combinan ciencia, innovación e impacto sobre el terreno, con preferencia por iniciativas que inspiren un cambio sistémico. “La cartera piloto de 2025 muestra cómo lo llevamos a la práctica. Un proyecto de la Organización Meteorológica Mundial utiliza aprendizaje automático para anticipar olas de calor extremo en comunidades que acogen a personas desplazadas”, pone como ejemplo.
Respecto a la acción humanitaria, Martin reconoce que sigue siendo el más complejo de afrontar, sobre todo en un contexto en el que los conflictos se multiplican, las necesidades aumentan y la financiación se reduce. “Desde 2024, la respuesta de la Fundación ha sido conceder al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) total flexibilidad para asignar su contribución anual y dirigirla donde las necesidades sean más acuciantes. Mientras la atención mundial se centra en Ucrania o Gaza, millones de personas sufren en la indiferencia relativa, como en Burkina Faso, donde más de dos millones de personas han sido desplazadas por un conflicto de años agravado por la sequía y las inundaciones. Aprender a confiar plenamente en el criterio de un socio de largo recorrido resultó ser, en el contexto actual, uno de los movimientos más eficaces”, explica.

Foto del Comité Internacional de la Cruz Roja, Fuente: Fondation Lombard Odier

Foto del Comité Internacional de la Cruz Roja, Fuente: Fondation Lombard Odier
Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), parte del Programa de Acción Humanitaria. La Fundación apoya al CICR mediante una contribución anual, con el fin de reforzar la capacidad de la organización.

Foto Swiss Polar Institute, Fuente: «Iniciativa Ice Tools» Swiss Polar Institute & Fondation Lombard Odier

Foto African Parks, Fuente: Fondation Lombard Odier
African Parks, parte del Programa de Donaciones de Fin de Año de los Empleados y fundada en el año 2000 como una solución local para conservar la biodiversidad africana. Su misión es restaurar y gestionar de forma eficaz paisajes y ecosistemas para que sean ecológica, social y financieramente sostenibles.
La fundación actúa principalmente en dos ámbitos: El medioambiental y la acción humanitaria, donde la alianza con Cruz Roja ocupa un lugar preferente
Igualmente, su presencia geográfica también ha evolucionado y aunque Ginebra sigue siendo el ancla de la institución, desde 2021 ha extendido su huella gracias a su programa de Comunidades Locales. Esto ha permitido apoyar proyectos en cada ciudad donde Lombard Odier tiene presencia, abarcando desde Suiza hasta Madrid, Londres, Nueva York, São Paulo, Tokio o Singapur. “El recorrido muestra el paso de una fundación ginebrina que actúa internacionalmente a una fundación de alcance global con raíces en Ginebra”, afirma Martin.

Foto African Parks, Fuente: Fondation Lombard Odier
Misma “Teoría del Cambio”
Sin embargo, hay algo que, según Martin, permanece inmutable desde la fundación de la organización: “Lo que no ha cambiado es nuestra teoría del cambio: subvenciones diseñadas, ante todo, para generar un efecto detonante y federador, con un énfasis creciente en las alianzas y la cofinanciación para apoyar proyectos innovadores y transformadores”.
Además, el Consejo también ha alineado el propio patrimonio con la misión, adoptando una carta de inversión responsable basada en los PRI, la Iniciativa Financiera del PNUMA y el Pacto Mundial de la ONU, de modo que el capital trabaje por el bien público incluso antes de que se conceda un solo franco.
Max Martin, responsable global de filantropía en Lombard Odier: “Mi visión del filántropo de 2036 es menos la de un donante pasivo que la de un socio colaborativo en la transformación”

Foto Max Martin, responsable global de Filantropía en Lombard Odier
“Tras más de dos décadas de andadura, la primera lección que hemos aprendido es que el cómo tiene la misma importancia que el cuánto. La mayoría de las organizaciones sin ánimo de lucro ven cómo el grueso de sus presupuestos se consume día a día en operaciones sobre el terreno; lo que las entidades beneficiarias suelen necesitar es ayuda para que sus organizaciones sean más eficaces. Esto significa digitalizar procesos, profesionalizar la captación de fondos, introducir nuevos modelos de financiación que multipliquen el impacto sobre el terreno”, explica. En consecuencia, la entidad ha optado deliberadamente por trabajar de forma proactiva con un círculo restringido de socios. “Esto garantiza un compromiso profundo en cada proyecto y aportaciones que van más allá del dinero, incluido el voluntariado basado en competencias por parte de los empleados de Lombard Odier en torno a la experiencia bancaria y las finanzas innovadoras”, añade.
Del grupo a la fundación
Una de las características del enfoque y del método de Fondation Lombard Odier es que la Fundación no inventó la filantropía del Grupo, sino que la heredó. Según Martin, la organización encara, sin fisuras, los valores humanistas de una Maison cuyos socios respaldaron a Henry Dunant antes de que la Cruz Roja tuviera nombre, y cuyos actuales socios (Hubert Keller como presidente, junto con Anne-Marie de Weck, Christophe Hentsch y Denis Pittet) forman parte de su Consejo. “La misión de la Fundación es fomentar la eficacia, la creatividad y la innovación de sus beneficiarios. El método es inconfundiblemente Lombard Odier: el saber hacer financiero prestado mediante el voluntariado basado en competencias, y un patrimonio invertido bajo una carta de sostenibilidad. El Banco repiensa las economías; en la Fundación aplicamos la misma convicción a la filantropía”, destaca Martin.
El filántropo de 2036
A la hora de proyectar cómo va a ser su trabajo dentro de diez años y cómo evolucionará la filantropía, desde la Fundación identifican tres convicciones claras. En primer lugar, consideran que la eficacia se ha convertido en la cuestión central. “A medida que los desafíos se multiplican, los donantes destinarán más recursos a fortalecer las organizaciones que en el pasado, para ayudar a garantizar que sean organizaciones sin ánimo de lucro profesionales y eficaces las que ejecuten los proyectos que financian”, indica Martin. En segundo lugar, señalan que la financiación flexible y basada en la confianza seguirá extendiéndose entre el círculo de beneficiarios de confianza y larga trayectoria y su experiencia con CICR es un claro ejemplo de ello.
Y, en tercer lugar, ven claro que la filantropía seguirá volviéndose más sistémica y colaborativa. “Los problemas sociales no ocurren en compartimentos estancos, y la respuesta filantrópica debe ser igualmente sistémica: cofinanciación, coaliciones intersectoriales y herramientas basadas en la ciencia. Mi visión del filántropo de 2036 es, por tanto, menos la de un donante pasivo que la de un socio colaborativo en la transformación”, concluye Martin.




