La temática de inversión de la tecnología, incluida la inteligencia artificial, sigue en el foco del mercado, en el que hay opiniones variopintas que incluyen que el sector presenta valoraciones atractivas o, en el polo opuesto, que vive una auténtica burbuja. En este escenario, varias firmas creen que hay oportunidades de inversión el sector, también fuera de Estados Unidos.
Desde una perspectiva histórica, Alex Stauffacher, analista de renta variable de Conviction Equities (boutique de Vontobel), afirma que el ciclo de inversión en IA parece encontrarse en una fase “relativamente temprana”, ya que las olas tecnológicas anteriores, como la telefonía inteligente o la computación en la nube, duraron más de ocho años antes de que la expansión de los ingresos se ralentizara por debajo del 20%.
En este punto, el experto recuerda que han pasado menos de cuatro años desde el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, por lo que cree que “la IA podría llegar a superar ambas revoluciones tecnológicas”, teniendo en cuenta que el impacto ya es evidente: el crecimiento de los ingresos de la nube volvió a acelerarse, hacia el 50%, mientras que líderes de la IA como OpenAI y Anthropic cuadruplicaron sus ingresos en 2025. “Sin embargo, la adopción empresarial sigue en una fase temprana y los flujos de trabajo de IA agéntica apenas empiezan a escalar, lo que puede indicar un amplio margen de crecimiento”, apunta.
Eso sí, según Stauffacher, la durabilidad del ciclo de la IA depende en última instancia de la rentabilidad y del rendimiento del capital invertido (ROIC). Por ahora, los negocios de nube de los hiperescaladores, en conjunto, se han acelerado hasta un crecimiento de casi el 50%, con márgenes operativos del 35%-40%. Unas cifras que podrían aumentar, teniendo en cuenta, según el experto, que la rentabilidad actual se logra con chips antiguos. Por lo tanto, considera que el ciclo de la IA debería tener todavía recorrido por delante y, aunque las valoraciones estaban elevadas antes de la reciente corrección de precios de los valores tecnológicos, se mantenían muy por debajo de los niveles observados en la era puntocom de 1995 a 2001.
Además, el actual repunte tecnológico se ha visto respaldado “por un fuerte crecimiento de los beneficios y una demanda sostenida de infraestructura”, por lo que concluye que tras la ola de ventas, “las valoraciones actuales resultan atractivas y los motores a largo plazo del ciclo de la IA permanecen esencialmente intactos”.
Europa
Joran Mambir, especialista de producto en J. Safra Sarasin Sustainable AM, ve esas oportunidades fuera de Estados Unidos. Concretamente, en Europa. Mambir destaca que Europa ocupa posiciones clave en los equipos críticos que permiten la fabricación de semiconductores de última generación y cita como ejemplos a ASML, ASM International es líder en deposición por capas atómicas o BE Semiconductor Industries (Besi). También, en semiconductores analógicos y de potencia (STMicroelectronics, Infineon y NXP son líderes mundiales en este segmento). Por lo tanto, “estas capacidades posicionan a Europa no como un gran centro de fabricación de chips en nodos avanzados, sino como un habilitador clave de la innovación global en semiconductores, a través de herramientas y conocimiento en semiconductores analógicos que sustentan la industria”, argumenta el experto.
En este contexto, y ante las dificultades europeas para construir un ecosistema competitivo a escala global para la fabricación de chips de última generación, “el futuro europeo de los semiconductores no pasa por tratar de alcanzar a TSMC en nodos avanzados, sino por reforzar sus ventajas diferenciales, como la fabricación en nodos maduros, los chips analógicos y de potencia, y su equipamiento de clase mundial”, apunta, mientras que, “debe construir con paciencia las bases para una competitividad sostenible a largo plazo”.
Asia
Precisamente, Yan Taw Boon, director de estrategias temáticas para Asia en Neuberger, se centra en Asia a la hora de buscar oportunidades. Admite que cada vez resulta más difícil evitar por completo a las grandes empresas tecnológicas, dado su peso en los índices bursátiles globales y su papel fundamental a la hora de impulsar la productividad, la innovación y el crecimiento económico. Sin embargo, “los inversores no necesitan concentrar su exposición en un puñado de empresas estadounidenses de gran capitalización para participar en las tendencias a largo plazo de la digitalización y la inteligencia artificial”.
En este punto, explica que uno de los avances más importantes es que el auge de las infraestructuras de IA se está extendiendo más allá de la propia tecnología. De tal manera que la inversión se está dirigiendo cada vez más hacia sectores como la energía, la construcción, la automatización industrial y la fabricación de componentes especializados necesarios para construir y gestionar centros de datos de IA. “Esto genera un abanico más amplio de oportunidades para los inversores que buscan exponerse al crecimiento relacionado con la IA, al tiempo que reduce la dependencia de un pequeño grupo de valores tecnológicos dominantes”, explica.
Así, ve oportunidades muy interesantes en toda Asia, especialmente en el “triángulo dorado” de los semiconductores formado por Taiwán, Japón y Corea del Sur. “Estos mercados albergan numerosas empresas de pequeña y mediana capitalización que suministran materiales, equipos, servicios de ensayo y componentes esenciales que hacen posible el ecosistema tecnológico mundial”, asegura. El atractivo de estas compañías es que “muchas de ellas están bien posicionadas para beneficiarse del aumento de la inversión global en inteligencia artificial”, afirma, para recomendar diversificar la exposición entre distintas zonas geográficas, sectores y capitalizaciones bursátiles para “participar en el crecimiento estructural del sector tecnológico y, al mismo tiempo, mitigar el riesgo de concentración”.




Por Beatriz Zúñiga