En su outlook de convicciones para 2026, Edmond de Rothschild Europe calificaba el ejercicio como un periodo de transición marcado por la concentración de mercado. Seis meses después, la firma mantiene su visión constructiva sobre el ciclo económico y considera que estamos asistiendo a una transición desde un crecimiento impulsado por el consumo hacia otro apoyado en la inversión empresarial y el CAPEX.
En opinión de Rodrigo Cebrián, director de inversiones de Edmond de Rothschild (Europe) sucursal en España, esta dinámica favorece la productividad y el empleo. Con él hemos charlado y analizado qué espera la firma de banca privada para la segunda mitad del año, en esta entrevista.
¿Mantienen la recomendación de una diversificación activa hacia sectores cíclicos y europeos frente al sesgo de crecimiento estadounidense?
Favorecemos Estados Unidos por su liderazgo tecnológico y capacidad de innovación. En Europa vemos oportunidades más selectivas, especialmente en sectores de calidad cuyas valoraciones se han quedado atrasadas o penalizadas frente a la euforia de la inteligencia artificial Eso sí, vemos oportunidades en empresas del sector consumo básico, lujo y algunas industrias. No obstante, nuestra visión sobre Europa es más táctica que estructural, dado el impacto que pueden tener la energía, la inflación y los tipos sobre el crecimiento europeo.
¿Qué inquietudes les trasladan sus clientes respecto a la segunda mitad del año? ¿Dónde ponen ellos el foco y dónde vosotros?
La geopolítica sigue siendo la principal preocupación de los clientes por la intensidad de las noticias. Sin embargo, desde una perspectiva de gestión de activos, seguimos centrados en los factores que realmente determinan el comportamiento de los mercados: crecimiento económico, inflación, política monetaria y, especialmente, beneficios empresariales. Mientras las compañías mantengan capacidad para incrementar ingresos y márgenes, los mercados cuentan con un soporte sólido. Nuestro foco está en vigilar si ese crecimiento de beneficios continúa siendo capaz de absorber los posibles efectos de unos tipos más elevados o de nuevas tensiones geopolíticas.
Han advertido sobre los riesgos de concentración extrema en tecnología e IA. ¿Cómo valoran la salida a bolsa de SpaceX y su impacto sobre el sector?
La concentración sigue siendo elevada, y los índices nos llevan automáticamente a ello, pero existen diferencias importantes respecto a la burbuja puntocom. Las grandes tecnológicas de hoy generan beneficios y caja de forma consistente. SpaceX representa una temática estructural muy atractiva, vinculada a conectividad e infraestructuras de tecnología, algo crítico hoy, aunque muestra valoraciones muy exigentes si miramos múltiplos. Si la operación tiene éxito, podría reactivar el mercado de OPVs y abrir la puerta a nuevas salidas. Aun así, la experiencia demuestra que muchas grandes salidas a bolsa terminan ofreciendo resultados más moderados una vez superada la fase inicial de entusiasmo, incluso por debajo de la media de mercado.
¿Cómo están viviendo sus clientes este boom de la IA? ¿Qué estrategias les están pidiendo para participar y cuál es su enfoque?
La IA es una de las conversaciones recurrentes con nuestros clientes. Muchos buscan exposición a semiconductores, centros de datos, ciberseguridad o energía. Nuestro enfoque consiste en entender la IA como una transformación digital y ahora mucho más física. Por ello, invertimos en todas las capas de la cadena de valor: desde los semiconductores, que siguen siendo el principal cuello de botella, hasta utilities, infraestructuras, construcción o materiales. Estos sectores serán necesarios para soportar la inversión asociada a esta revolución. Creemos que una aproximación equilibrada ofrece una mejor relación entre potencial de crecimiento y riesgo de concentración.
La reciente subida de tipos del BCE, ¿refuerza vuestra visión sobre la duración o abre una oportunidad para la parte larga de la curva europea?
Seguimos siendo cautos con la duración. La inflación continúa presionando las curvas, el crecimiento económico podría justificar tipos estructuralmente más altos y los déficits públicos están aumentando las primas exigidas por inversores. Por ello, no vemos una oportunidad clara para incrementar significativamente la exposición a deuda soberana de largo plazo. Además, hemos observado que en algunos episodios de tensión geopolítica las rentabilidades han repuntado en lugar de actuar como refugio, cuestionando parcialmente el papel defensivo tradicional de estos activos.
Más allá del oro, ¿qué activos o estrategias están utilizando para proteger las carteras frente al aumento del riesgo geopolítico?
La mejor protección sigue siendo una asignación estratégica de activos correctamente diseñada. Más que centrarnos en la volatilidad, analizamos cómo se comportan las carteras en escenarios extremos o riesgos de cola. Este enfoque nos ha llevado a revisar algunas exposiciones estructurales, especialmente en deuda soberana. Asimismo, podemos utilizar estrategias de cobertura mediante derivados cuando el coste de protección resulta eficiente. La clave no es reaccionar a cada evento, sino construir carteras capaces de resistir distintos entornos de mercado.
¿Dónde encuentran hoy las mejores oportunidades en mercados privados y cómo gestionan las exigencias de liquidez de los clientes?
En nuestra opinión, los activos privados son una pieza fundamental dentro de una asignación estratégica a largo plazo, siempre que el inversor comprenda y acepte su naturaleza ilíquida. Actualmente nos interesan especialmente proyectos donde la creación de valor sea tangible y visible para el cliente. Encontramos oportunidades atractivas en mercados menos accesibles, como el norte de África o en proyectos de transformación de activos reales, como la descontaminación de suelos industriales para su desarrollo residencial. También vemos valor en coinversiones y estrategias de Real Estate especializado, donde la construcción de la TIR es más transparente y menos dependiente de múltiplos o de las condiciones de salida del mercado.



