La gestión de activos es una profesión que exige una alta capacitación, mente fría para afrontar los datos, sensibilidad para comprender el entorno y don de gentes para tratar con los clientes. “El gestor de fondos del siglo XXI ya no responde a un perfil único. Es una profesión cada vez más multidisciplinar, donde conviven economistas, ingenieros, matemáticos y expertos en datos”, explican los expertos de Gescooperativo. La firma acaba de elaborar una guía divulgativa en la que detalla qué se necesita hoy para dedicarse profesionalmente a la gestión de activos.
Según explica la entidad, el objetivo de esta acción es acercar esta profesión al gran público y a los jóvenes que se plantean su futuro profesional. La firma reconoce que comúnmente, la figura del gestor de fondos se asocia a gráficos, mercados y decisiones de alto impacto financiero. Sin embargo, detrás de esa imagen existe una combinación exigente de formación técnica, adaptación constante y cualidades personales que no siempre son visibles. Efectivamente, las carreras de Economía, Finanzas o ADE han sido la vía más habitual para acceder a la gestión, y hoy siguen aportando una base muy válida para los futuros profesionales, pero ya no son el único camino.
“Hoy no es imprescindible haber estudiado Economía o Finanzas para ser gestor. Es una ayuda porque te aporta fundamentos, pero estamos viendo cada vez más perfiles técnicos, como ingenieros, matemáticos, físicos o científicos de datos, que aportan un enorme valor en la parte cuantitativa y tecnológica de la gestión”, señalan.
La evolución del sector, que ha caminado en paralelo al desarrollo de las nuevas tecnologías, ha ampliado el abanico de perfiles técnicos en la industria financiera. Aspectos como la modelización de carteras, la medición de riesgos o el análisis predictivo se apoyan cada vez más en herramientas estadísticas avanzadas, big data y machine learning, e incluso existen fondos cuya gestión se basa íntegramente en algoritmos diseñados por especialistas cuantitativos. No obstante, en Gescooperativo subrayan que la tecnología complementa, pero no sustituye la capacidad de análisis del gestor, dado que la inversión “sigue teniendo una dimensión de criterio y valoración que no puede automatizarse por completo”.
Conocimiento técnico imprescindible
Por eso, más allá del grado universitario, el núcleo técnico del gestor se construye sobre competencias muy concretas, entre las que figuran la comprensión profunda de los estados financieros, el análisis de flujos de caja, la valoración de empresas y el conocimiento de ciclos económicos y gestión del riesgo.
“Un gestor debe ser capaz, en primer lugar, de analizar e interpretar los estados financieros de una empresa, comprendiendo qué hay detrás de cada cifra. Asimismo, debe saber modelizar distintos escenarios, estimar riesgos y valorar activos en diversos contextos macroeconómicos. En términos generales, ha de ser capaz de identificar el valor intrínseco de las compañías, sus ventajas competitivas y sus perspectivas de crecimiento a largo plazo”, afirman los especialistas de la entidad, quienes añaden que a este bagaje de conocimiento los profesionales deberían sumar el dominio de herramientas como Excel avanzado, Python, terminales financieros y, cada vez más, aplicaciones de inteligencia artificial. Además, inciden en que el idioma inglés es considerado esencial en un entorno globalizado.
En este proceso de especialización, certificaciones internacionales como el CFA (Chartered Financial Analyst) desempeñan un papel relevante, a juicio de los expertos. “El CFA es una de las acreditaciones más exigentes y reconocidas a nivel mundial. Profundiza en renta fija, renta variable, derivados, modelos cuantitativos, etc. Su modelo de enseñanza te permite entender la estructura interna de los productos financieros y además incide en un aspecto fundamental, como es la ética profesional”, explican. Este último aspecto es un pilar fundamental de la profesión, pues, como recuerdan, “gestionar el patrimonio de terceros exige un sentido de responsabilidad muy alto”.
Un perfil más complejo que hace 15 años
Desde la gestora de las Cajas Rurales señalan la evolución que ha experimentado el mercado de la gestión de activos financieros en los últimos quince años, sobre todo con la irrupción de nuevos modelos de negocio, valoraciones basadas en expectativas futuras y la influencia de factores como las redes sociales. “Hace 15 años bastaba con una buena base en análisis fundamental y experiencia de mercado. Hoy necesitas capacidad para manejar grandes volúmenes de datos, entender nuevos sectores y adaptarte a cambios de paradigma constantes”, apuntan.
De hecho, las métricas tradicionales conviven ahora con análisis de sentimiento en redes sociales o con herramientas de inteligencia artificial capaces de detectar patrones en tiempo real. Además, la volatilidad puede amplificarse por una declaración pública o un mensaje en redes, lo que exige una monitorización constante del entorno.
Las cualidades personales marcan la diferencia
Los expertos de Gescooperativo señalan que, más allá de la necesaria formación técnica del profesional, lo que termina marcando la diferencia son sus actitudes personales. “La disciplina, la capacidad de mantener una tesis de inversión cuando el ruido de mercado es intenso y la humildad para reconocer errores, son rasgos de personalidad muy importantes a la hora de convertirte en un buen profesional”, afirman. “No hay que perder de vista -dicen- que la incertidumbre forma parte del día a día del gestor y que convivir con ella no se aprende en un manual; se adquiere con horas de vuelo. Si no eres capaz de gestionarla, difícilmente podrás dedicarte a esto”.
Otro de los mitos en declive es el del “gestor estrella”, que va cediendo terreno cada día al trabajo en equipo. “La gestión moderna es un trabajo colectivo; nadie puede dominarlo todo”, sostienen.
Motivación y vocación
En cuanto a las motivaciones de quienes deciden dedicarse profesionalmente a la gestión de fondos, la curiosidad genuina por los mercados ocuparía el primer lugar, a juicio de los expertos. “Es verdad que el prestigio o la remuneración pueden influir, pero si no hay pasión, es muy difícil sostener la exigencia de esta profesión”.
Por ello, quienes deseen dedicarse a esta profesión, porque sientan un auténtico interés por entender cómo funcionan las empresas y los mercados, la recomendación que les hacen los expertos de Gescooperativo es doble: especializarse cuanto antes y empezar a invertir, aunque sea con pequeñas cantidades. “Invertir por cuenta propia permite adquirir experiencia real, entender la volatilidad y desarrollar criterio. Cuanto antes se empiece a acumular experiencia, mejor”, aconsejan.
A pesar de todo, en un entorno complejo, donde la inteligencia artificial gana terreno, desde Gescooperativo reivindican el componente humano de la inversión. “Para ser gestor de fondos necesitas una mezcla de rigor técnico y curiosidad insaciable. La tecnología ya forma parte del proceso, pero la valoración seguirá teniendo un componente de arte. Si todo fuera completamente objetivo y automático, no existiría el mercado tal y como lo conocemos”, concluyen los expertos.



Por Alicia Miguel Serrano