La inestabilidad geopolítica ha sido y es uno de los mayores generadores de malas decisiones financieras.
La incertidumbre es la única certeza de los mercados financieros. Sin embargo, cuando la volatilidad se dispara y los titulares hablan de recesión, de guerras y/o de inflación elevada, el inversor siente una presión difícil de ignorar: la presión de hacer algo. En estos contextos, es recomendable mantener la calma y no sobre reaccionar con ventas precipitadas o entradas especulativas, es decir, evitar el «market timming».
Bajo presión, nuestro cerebro recurre a atajos mentales que no funcionan con los mercados de capitales. Estos sesgos cognitivos son los responsables de la mayoría de los errores que convierten caídas temporales en pérdidas permanentes.
Vemos cinco sesgos clave que aparecen en entornos de incertidumbre, y cómo contrarrestarlos. Estos sesgos han sido estudiados, dentro de la Economía del Comportamiento, por la disciplina de las finanzas conductuales.
Aversión a las pérdidas: el miedo a perder duele el doble que la posibilidad de ganancia
Sentimos el dolor de perder 10 euros aproximadamente el doble que la alegría de que nos da ganar esos 10€. Esto nos lleva a tomar decisiones irracionales para evitar pérdidas inmediatas, aunque sea a costa de sufrir mayores pérdidas futuras.
Un error clásico del inversor es vender en mínimos por pánico. Vender después de una fuerte caída convierte una pérdida teórica en una pérdida real y, además, impide al inversor recuperarse cuando el mercado rebote.
Antes de comenzar a invertir, es aconsejable definir la tolerancia al riesgo (a las pérdidas) y el horizonte temporal de la inversión. Si no se necesitase el dinero invertido en los próximos años (a partir de 3 años), es más prudente no tomar decisiones basadas en el dolor por la corrección del momento. Es importante tener siempre presente que las caídas son el peaje que se paga por la rentabilidad a largo plazo.
Sesgo de disponibilidad: sobrevalorar el peor escenario
El sesgo de disponibilidad nos lleva a juzgar la probabilidad de un suceso por lo fácil que nos resulta imaginar un ejemplo vívido previamente.
No se conviene asumir que cada titular catastrófico en medios de comunicación se convertirá en realidad y tomar decisiones drásticas basándose en el peor escenario posible. Es conveniente contrastar la narrativa con los hechos. La paciencia para separar el ruido mediático de las señales es clave.
Sesgo de acción: la falsa necesidad de «hacer algo»
Warren Buffett decía que «la bolsa es un mecanismo para transferir dinero de los impacientes a los pacientes».
Nos sentimos más tranquilos cuando hacemos algo, aunque esa acción sea perjudicial para nosotros. En momentos de incertidumbre, la pasividad nos parece negligente, cuando a menudo es la mejor opción en esas situaciones.
Rebalancear la cartera con demasiada frecuencia puede llevar a decisiones impulsivas, cambiando de estrategia cada semana, o rotar agresivamente de un sector a otro siguiendo el ruido del mercado. El sesgo de acción convierte una cartera razonable en un “campo de batalla” de decisiones impulsivas.
En cambio, si es recomendable establecer un plan de rebalanceo periódico (por ejemplo, cada 6 meses o cuando un activo se desvíe más de un 5-10% de su peso objetivo). El resto del tiempo, la mejor acción es la inacción disciplinada.
Efecto manada: “si todos saltan, yo también”
Tendemos a copiar lo que hace la mayoría de las personas (en este caso, de los inversores) porque asumimos que ellos saben algo que nosotros no. Este sesgo se multiplica en redes sociales y grupos de inversión. La manada suele llegar tarde a las fiestas y temprano a los funerales.
Lo recomendable es desconectarse del ruido colectivo. La incertidumbre no se resuelve siguiendo a la multitud, sino volviendo a los fundamentos. En estos tiempos de incertidumbre, el inversor puede hacerse preguntas como: “¿sigue teniendo sentido mi asignación de activos?”, “¿ha cambiado mi horizonte temporal?”. Si la respuesta a estas preguntas es no, el inversor debería mantener el rumbo, aunque los demás no lo hagan.
Exceso de confianza e ilusión de control: el espejismo del inversor activo
Creemos que tenemos más control sobre los resultados de nuestras inversiones de lo que realmente tenemos. Leer noticias, seguir gráficos de evolución y tener muchas fuentes de información nos da una ilusión de control que no se corresponde con la realidad.
Algunas prácticas como el uso de apalancamiento, tratar de anticipar el mercado o concentrar la inversión en pocos activos pueden aumentar significativamente el riesgo de pérdidas.
En cambio, como inversores es clave reconocer los límites de nuestro conocimiento personal. La incertidumbre no se puede predecir, solo gestionarse. Eso se traduce diversificar (por tipo de activo, por sector, geográficamente, por estilo de inversión…), mantener un colchón de liquidez y evitar posiciones concentradas o apalancadas. La humildad es la ventaja del inversor que sobrevive.
Para tener bajo control esos 5 sesgos, un disciplinado plan de acción para dar respuesta a situaciones de incertidumbre incluiría los siguientes 4 pasos:
- Revisar tu horizonte temporal. Cuando el horizonte temporal es de medio o largo plazo, es prudente no tomar decisiones basadas únicamente en la volatilidad del corto plazo.
- Reafirma tu asignación de activos. No la cambies por miedo a las perdidas, solo si tu vida ha cambiado (por ejemplo, si tu jubilación se acerca).
- Establece reglas y síguelas. Por ejemplo, no mover más del 5% de la cartera sin unos días de reflexión.
- Desconéctate del ruido. Menos titulares, más revisiones periódicas de tu cartera de inversión (mensuales o trimestrales).
En conclusión, la incertidumbre no es un problema que resolver, sino un condicionante a gestionar. Si bien los sesgos conductuales no desaparecen, podemos identificar sus señales de alarma y poner barreras a nuestro impulso emocional para limitar sus efectos negativos en nuestra cartera de inversión. Los inversores con mayor éxito son los que cometen menos errores en los momentos de mayor presión. Y eso empieza por saber qué no hacer en momentos de alta volatidad.



