Durante la última década, Perú se ha convertido en un verdadero caso de estudio, dada la inusual rotación que ha experimentado la Casa de Pizarro y la relativa resiliencia que ha mostrado su economía en medio de la convulsión política. Desde que terminó el mandato de Ollanta Humala –el último presidente que completó su período–, en julio de 2016, el país ha tenido ocho presidentes, algunos de los cuales no llegaron a celebrar un aniversario. Sin embargo, la moneda y la economía del país andino se han mantenido relativamente firmes.
Ahora, con el país entrando en un nuevo ciclo político, los actores del mercado están siguiendo el proceso con relativa calma. Con poca expectativa de que suceda algo que pueda impactar el clima de negocios en el país y cambios en el sistema político, los actores locales están actuando con relativa calma. Eso sí, desde la industria financiera destacan que la inestabilidad política ha tenido un costo económico y que el telón de fondo de todo movimiento de mercado hoy en día es el peliagudo conflicto en el Medio Oriente.
Los activos peruanos han tenido buenos resultados en los últimos 12 meses, en distintas dimensiones, pero el último mes se ha visto bajo presión. El dólar ha subido en alrededor de 3,5% frente al sol, mientras que la bolsa –medida por el benchmark MSCI NUAM Peru Select Capped 15%– ha perdido en torno al 9% de su valor. Esto, dicen voces del mercado, no viene asociado a algo idiosincrático, sino que hace eco de un mes donde la aversión al riesgo se ha realzado. En contexto, en ese mismo mes, el índice MSCI Emerging Markets se ha contraído cerca de 11%.
En lo que se trata de expectativas estrictamente ligadas a la economía peruana, el mundo financiero está esperando con relativa calma las elecciones generales del 12 de abril. En esta ocasión, el país acudirá a votar no sólo por un nuevo presidente, sino a elegir vicepresidencias, 60 asientos senatoriales, 130 puestos de diputado y cinco miembros del Parlamento Andino.
Relativa calma
“El ambiente está sospechosamente tranquilo y no se siente una preocupación en el sector empresarial”, relata Jorge Espada, Co-Founder & Managing Partner en Valoro Capital, en conversación con Funds Society.
Para el profesional, la clave está en que se ve improbable el escenario más adverso para los activos locales: una extrema izquierda con poder en el Ejecutivo y las dos cámaras del Legislativo. “Eso está descartado el día de hoy”, señala, acotando que, entre los candidatos con más arrastre, el grueso están alineados a la derecha, con la excepción del socialdemócrata Alfonso López-Chau.
“El mercado hoy no está operando un escenario binario, sino uno de alta fragmentación”, acota Carlos Müller, director de Estrategia y Asesoría de Inversiones de Global Wealth en BBVA. Si bien Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori lideran en las encuestas, ambos se ubican en torno a 11% de intención de voto, con un gran volumen de personas que todavía se declaran indecisas. “Eso hace casi inevitable una segunda vuelta y deja abierta la posibilidad de movimientos tardíos, sobre todo si aparece un candidato que conecte con la demanda de orden y seguridad”, comenta.
Además, está el factor del Congreso, donde la exclusión de partidos que no consigan un apoyo de 5% promueve la concentración de votos. “El día de hoy, se avizora que la extrema izquierda no tenga un porcentaje relevante en ambas cámaras”, agrega Espada, “quizás eso explica la tranquilidad que se ha vivido en este proceso electoral”.
Un nuevo diseño político
Las elecciones de abril también traen una novedad desde el punto de vista del diseño político: el regreso, tras más de tres décadas, del Senado peruano. Tras su eliminación en 1992, la reforma constitucional de 2024 –durante el gobierno de Dina Boluarte– selló el retorno de la bicameralidad, con senadores que serán elegidos en los próximos comicios.
“Los inversionistas están atentos a la evolución de las elecciones generales, no solo en lo relativo a la Presidencia, sino también al Senado, dada la relevancia que esta institución tendrá en la nueva arquitectura política del país”, explica desde LarrainVial Research el Head Of Equity Strategy, Luis Ramos.
En ese sentido, el escenario más favorable para los activos locales, aseguran desde la firma, es “la combinación de un presidente promercado junto con un Senado reflexivo, capaz de contener iniciativas de corte populista que generen riesgo regulatorio, debiliten las anclas fiscales y perjudiquen el desarrollo del mercado de capitales”.
El principal riesgo para la economía local, por el frente doméstico, según LarrainVial, es el populismo. Si bien un Congreso bicameral y fragmentado entre facciones políticas, actúan como contrapesos para hacer reformas estructurales, “ello no necesariamente limita la aprobación de medidas de carácter populista, que suelen requerir mayorías simples”, advierte Ramos.
El mito de los caminos separados
Las condiciones macroeconómicas de Perú han logrado mantenerse relativamente estables en esta década de inestabilidad política, generando la idea de que “la política va por un lado y la economía por otro”. Pero desde el mercado local descartan esa tesis, asegurando que la situación ha tenido un costo.
“Es muy generoso decir que existen en Perú las cuerdas separadas, porque sí nos está costando”, asegura Espada, de Valoro Capital. En un contexto de ciclo de commodities positivo a nivel global, explica, Perú probablemente estaría teniendo un crecimiento de entre 5% y 6%. En cambio, la economía se está expandiendo en torno a 3%. Este diferencial, señala, se debe al deterioro institucional.
Para Müller, de BBVA, hay matices en la narrativa de las cuerdas separadas. “La economía peruana todavía tiene capacidad para seguir relativamente separada de la política en este ciclo”, con la inflación controlada, reservas altas, fortaleza externa, términos de intercambio favorables y un banco central creíble.
“Dicho eso, ese desacople no es infinito”, recalca el profesional. “La política puede no romper la macro de inmediato, pero sí puede frenar inversión cuando la incertidumbre se prolonga”, señala, agregando que la resiliencia que ha mostrado la economía local “no implica inmunidad”.
Ecos de guerra desde el extranjero
De todos modos, independiente de lo que pase con el país latinoamericano, el tema del momento en la industria financiera es el impacto global que tendrá la escalada de los conflictos en el Medio Oriente. “La principal interrogante para los inversionistas hoy es la persistencia del conflicto”, en palabras de Ramos, de LarrainVial Research.
Considerando las condiciones relativamente favorables, el cálculo del mercado es de crecimiento positivo, pero el impacto del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se sentirá. “Para lo que queda del año, la lectura central es de crecimiento positivo, pero menos limpio que hace unos meses”, señala Müller. En esa línea, la expectativa de BBVA es que el crecimiento para el país sea de 2,9% en 2026, debido al shock de oferta, con un primer semestre “más golpeado” y una mejora en la segunda mitad.
“Este año, de normalizarse la situación en el Medio Oriente, deberíamos terminar con un crecimiento por encima del 3%”, acota Espada, de Valoro Capital. Por su parte, las estimaciones de LarrainVial Research cifran la expansión en 3,4% para este año en el país andino, en el caso de que el conflicto sea transitorio. Si se extiende, se enfriaría a 2,6%.
Para Credicorp Capital, el crecimiento se ubicaría entre 3% y 3,5%, dependiendo de la evolución del balance de riesgos global. “El impacto final dependerá de la magnitud y duración de los choques”, señalaron en un informe reciente.



