El conflicto con Irán está afectando directamente al estrecho de Ormuz, un punto crítico para el tránsito comercial global, especialmente de petróleo y otras mercancías esenciales. Su posible cierre no constituye un evento regional, sino un shock sistémico con impacto directo sobre el comercio mundial, la energía y el crecimiento económico. Y podría recortar hasta dos puntos el crecimiento de la economía española, según el Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), que ha analizado la situación ante el conflicto con Irán, evaluando sus posibles efectos en distintos escenarios y proponiendo una serie de medidas para reforzar la economía española, tanto frente a esta crisis como a nivel estructural.
«No se trata de un paso cualquiera: por Ormuz transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, lo que lo convierte en una auténtica arteria del sistema económico global. Su bloqueo implicaría una contracción inmediata de la oferta de crudo y, como consecuencia, un fuerte incremento de precios«, destaca. Así, el primer canal de transmisión es el energético. «El encarecimiento del petróleo se traslada rápidamente a toda la estructura de costes: suben los precios del transporte —marítimo, terrestre y aéreo—, se reducen los márgenes empresariales y, finalmente, el consumidor asume el impacto a través de la inflación. En este contexto, el poder adquisitivo de los hogares se reduce, lo que provoca una contracción del consumo y un claro deterioro de la renta real».
El segundo canal es el comercio internacional. El aumento de los costes logísticos y la incertidumbre geopolítica generan una caída en los intercambios comerciales. Las cadenas de suministro, ya tensionadas, vuelven a fragmentarse, mientras las empresas retrasan inversiones o buscan rutas alternativas más costosas. Este proceso da lugar a una desglobalización forzada, que reduce la eficiencia y limita el crecimiento potencial, advierte.
El tercer canal es el financiero. Los mercados reaccionan con mayor aversión al riesgo: aumentan las primas, cae la inversión y el capital se refugia en activos seguros. «Para una economía como la española, altamente endeudada, esto supone un encarecimiento de la financiación y una reducción del margen fiscal», añade.
Un impacto delicado
En el caso de España, dicen en el observatorio, el impacto es «especialmente delicado». «Como importador neto de energía, el encarecimiento del crudo y la apreciación del dólar deterioran la balanza por cuenta corriente. Además, al tratarse de una economía basada en los servicios, el país sufre la caída del consumo europeo, afectando tanto a las exportaciones como al turismo, un sector clave. Aunque podría producirse cierta compensación por el desvío de turistas desde Oriente Próximo, la pérdida de poder adquisitivo en los principales mercados emisores seguirá teniendo un efecto negativo», advierte.
Estos shocks no son simétricos: afectan de manera desigual según la flexibilidad de cada economía. Aquellas con mercados laborales más dinámicos y menor carga regulatoria tienden a adaptarse mejor, mientras que economías más rígidas, como la española, pueden ver intensificado el impacto.
La estimación del impacto: los tres escenarios

Partiendo de un escenario base de crecimiento del PIB del 2,24% en 2026, se plantean tres posibles escenarios:
Escenario 1: guerra corta
Con una inflación entre el 3% y el 4% y un precio del petróleo entre 100 y 110 dólares durante un mes, el crecimiento se reduciría al 2,06%, mientras el empleo crecería un 1,93%. El segundo trimestre mostraría un crecimiento prácticamente plano.
Escenario 2: guerra larga
Con inflación persistente por encima del 4% y petróleo por encima de 120 dólares, el crecimiento caería al 1,49% y el empleo al 1,4%. La economía entraría en tasas negativas de crecimiento intertrimestral.
Escenario 3: crisis total
Con inflación superior al 5% y precios del petróleo cercanos a 150 dólares, el crecimiento se reduciría al 0,53% y el empleo al 0,5%. En este escenario, la economía entraría en recesión, con caídas significativas de la actividad.
En conjunto, el impacto podría oscilar entre una pérdida de dos décimas y casi dos puntos de crecimiento, con efectos relevantes también sobre el empleo.

Medidas a aplicar
Ante este contexto, la respuesta de política económica resulta clave, defienden en la entidad. El Observatorio advierte del riesgo de adoptar medidas como la intervención de precios, el aumento del gasto público o las subvenciones generalizadas, ya que podrían agravar los desequilibrios estructurales. Como alternativa, propone reforzar la oferta económica, facilitando la inversión y reduciendo trabas regulatorias.
Entre las principales medidas destacan rebaja de impuestos sobre la energía y los hidrocarburos (algo que ya se ha anunciado); reducción del IVA en productos esenciales; incentivos fiscales para las empresas; deflactación del IRPF para aumentar la renta disponible; impulso a una reforma energética, incluyendo energía nuclear y fracking; elaboración de presupuestos con enfoque de base cero; mayor flexibilidad laboral; y reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social. Estas medidas buscan mejorar la capacidad de adaptación de la economía y sentar las bases para un crecimiento más sostenible y productivo, dice el Observatorio económico de la universidad.
«El posible cierre del estrecho de Ormuz trasciende el ámbito energético: se trata de un shock global que afecta a precios, comercio, inversión y crecimiento. La diferencia entre una crisis temporal y una prolongada dependerá, en gran medida, de la política económica aplicada. Según el análisis de la UFV, apostar por un aumento del gasto público podría deteriorar las perspectivas a medio y largo plazo. En cambio, la aplicación de reformas estructurales y rebajas fiscales permitiría sostener mejor la actividad económica y el empleo», apostilla.



