La electrificación y la inteligencia artificial se han convertido en un gran motor de la economía global. En este marco, las perspectivas para la energía limpia no solo se basan en esa mayor demanda de electrificación, sino que la IA ofrece un impulso adicional.
De hecho, la temática de la energía limpia fue una de las que obtuvieron mejores resultados en 2025 y ha iniciado 2026 con fuerza, impulsada por el optimismo en torno a la demanda de electricidad, la expansión de la electrificación y la construcción del ecosistema digital. El foco de los inversores se centra en las compañías que poseen y operan activos de infraestructura esenciales y críticos, como los centros de datos de inteligencia artificial.
Explosión de la demanda de electricidad
Durante dos décadas, el crecimiento de la demanda eléctrica estuvo prácticamente neutralizado por las mejoras en eficiencia energética. Ese equilibrio se ha roto. En los últimos cuatro años, la demanda mundial de electricidad ha crecido a un ritmo sin precedentes, en primer lugar porque el mundo se electrifica: vehículos eléctricos, edificios más eficientes, hogares cada vez más dependientes de sistemas eléctricos. En segundo lugar, la explosión de la infraestructura digital —con los centros de datos como emblema— está elevando las necesidades energéticas a una escala difícil de exagerar.
Porque la inteligencia artificial no se mide en bytes ni en megabytes; se mide en electricidad, que es la que realmente la hace posible. La IA consume una enorme cantidad de energía, que puede proceder de energía limpia, solar, eólica o almacenada, o del gas y la nuclear.
Pero construir una central nuclear puede llevar más de una década; una instalación de gas, entre seis y ocho años. En cambio, los proyectos de energía solar, eólica o de almacenamiento pueden estar operativos en apenas 18 meses. No sorprende, por tanto, que casi toda la nueva capacidad instalada recientemente en Estados Unidos provenga de estas fuentes.
Este cambio estructural explica por qué la energía limpia ha sido una de las temáticas de inversión más destacadas el año pasado, superando claramente al conjunto de la renta variable.
El papel de la infraestructura
Aquí juega un papel central el desarrollo de infraestructuras, sector en el que lanzamos recientemente una estrategia orientada a la generación de rentas que invierte en empresas que poseen y operan activos esenciales y críticos, como redes de energías renovables, compañías de agua y gestión de residuos, así como infraestructura digital.
Esta estrategia conecta varias de las megatendencias actuales: la innovación, la demografía, la geopolítica y, por supuesto, el medioambiente.
Pero además, la estrategia ofrece diversificación entre la innovación y las infraestructuras, de modo que resulte especialmente atractiva para los inversores en un entorno incierto: con características defensivas y, en muchos casos, capacidad de ofrecer cobertura frente a la inflación.
La energía limpia no sólo compite en costes con los combustibles fósiles, sino que, en muchos casos, los supera. La eólica y la solar son hoy más baratas que el carbón o el gas, lo que ha dado a esta temática un carácter estructural. Los clientes quieren tener exposición a una estrategia que les pague un dividendo atractivo, pero que también busque proteger el capital en un entorno de mayor volatilidad.
La inversión en infraestructuras medioambientales permite, además, abordar la temática desde un enfoque más amplio, el de la “adaptación”, que va más allá de un solo sector clave, como podría ser el del agua, donde las valoraciones son muy elevadas. Ampliar el foco hacia sectores con características similares —gestión de residuos, infraestructuras digitales, redes— permite capturar el mismo perfil defensivo sin depender de un único segmento.
Seis estrategias diferenciadas
En el equipo gestionamos seis distintas estrategias adaptadas a las necesidades de los inversores, con soluciones diferenciadas. Hay estrategias con un mayor sesgo a crecimiento e innovación, centradas en compañías emergentes y en tecnologías disruptivas. Otras buscan reducir el error de seguimiento y acercarse más a los mercados tradicionales mediante enfoques multitemáticos. Y están, por último, las estrategias de infraestructuras cotizadas orientadas a la generación de rentas.
La estrategia insignia, Clean Energy Solutions, cuenta con un mayor componente de crecimiento, de innovación. Además, recientemente ha recibido la categoría de «estrategia de impacto». Hemos trabajado mucho en ella, tanto en operaciones de mercado primario como de mercado secundario, y hemos respaldado la salida al mercado de varias compañías como inversores de referencia, es decir que suscribimos acciones de la compañía y nos comprometemos a adquirir una parte determinada del capital antes de que empiece a cotizar.
Esta estrategia fue la ganadora en la categoría de Mejor Fondo de Transición entre 10.500 gestionadas por más de 480 gestoras de activos a escala mundial en la edición de 2026 de los premios ESG and Sustainability Champions Awards de Main Street Partners, del grupo All Funds.
Un aspecto menos visible, pero igualmente relevante, es que mi experiencia conjunta con Edward Lease –el otro cogestor de la estrategia- invirtiendo en el sector nos ha permitido una participación activa en el mercado primario para identificar compañías antes de que salgan a bolsa, actuar como inversor de referencia y aportar estabilidad en momentos clave.
En definitiva, la electrificación y la inteligencia artificial están redefiniendo el sistema energético global. No se trata de elegir entre energía limpia, gas o nuclear: la magnitud de la demanda hará que todas sean necesarias. Con precios de la electricidad al alza en Estados Unidos y Europa y un déficit de oferta evidente, las perspectivas para la energía limpia son extraordinariamente favorables, gracias a su rapidez, escalabilidad y competitividad.
Tribuna de Ulrik Fugmann, codirector del Equipo de Estrategias Medioambientales y cogestor del BNP Paribas Clean Energy Solutions.
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