El BCE ha mantenido los tipos de interés sin cambios en su primera reunión de 2026. Los argumentos han sido claros: la inflación general en enero ha sido inferior a la prevista, el euro más fuerte podría ejercer presiones a la baja sobre la inflación y consideran que existe cierta resiliencia económica. De esta forma, la institución monetaria ha reafirmado su enfoque dependiente de los datos y basado en decisiones adoptadas reunión a reunión, en línea con las expectativas del mercado.
Ahora bien, según las gestoras internacionales es necesario mirar más allá de lo previsible y pronosticable de esta reunión. Por ejemplo, para Robeco, el comunicado expresó confianza en la resiliencia de la economía, en un entorno internacional incierto, y mencionó el “despliegue gradual del gasto público en defensa” como un factor que respalda el crecimiento. “Cabe destacar que el comunicado no mencionó la fortaleza del euro, pese a comentarios recientes de algunos responsables del BCE. Además, durante la rueda de prensa, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló que los riesgos para las perspectivas económicas están, en términos generales, equilibrados. Reconoció la fortaleza del euro como una fuerza desinflacionaria, pero subrayó que este efecto ya se había incorporado en las previsiones del personal técnico de diciembre. Lagarde restó importancia a la reciente caída de la inflación y, en su lugar, apuntó a las proyecciones a medio plazo, afirmando que “no está cambiando nada en absoluto en el escenario base”, destacan desde la gestora.
De tonos y sesgos
En conjunto, la visión del BCE parece equilibrada, aunque Lagarde podría haber sonado más dovish en las respuestas a algunas preguntas. En cambio, en opinión de Christian Schulz, economista jefe de Allianz Global Investors (AllianzGI), la reunión tuvo un tono ligeramente hawkish, ya que la presidenta Lagarde restó importancia a los riesgos a la baja para la estabilidad de precios, a pesar de que la inflación general cayó hasta el 1,7% en enero y de que la inflación subyacente está descendiendo más rápidamente de lo que el BCE había previsto en diciembre.
“También detectamos un sesgo sutil en la forma en que se presentaron los riesgos como equilibrados. Los riesgos a la baja para la inflación que identifica el BCE son casi exclusivamente de carácter deflacionista (menor crecimiento y menor inflación), lo que es claramente acomodaticio (dovish). Sin embargo, los riesgos al alza tienden a ser de naturaleza estanflacionaria (mayor inflación, pero crecimiento más débil). Esto difumina las implicaciones de política monetaria, especialmente cuando se citan factores como el cambio climático o las disrupciones en las cadenas de suministro relacionadas con aranceles. Otro pequeño ejemplo: el BCE destacó los nuevos acuerdos de libre comercio como un riesgo al alza para el crecimiento, pero no reconoció que probablemente ejercerían presión a la baja sobre la inflación”, argumenta Schulz.
Por último, Konstantin Veit, gestor de carteras en PIMCO, considera, directamente, que el banco central se mantiene en una posición cómoda, con una inflación cercana al objetivo, un crecimiento que se mantiene en niveles similares a los de tendencia y unos mercados laborales que siguen siendo sólidos. “En este contexto, los responsables políticos parecen estar en general satisfechos con los tipos de interés oficiales, que se sitúan en torno al punto medio del rango neutral estimado, y ven pocas razones para ajustar los parámetros en esta fase”, añade.
Con la vista en 2026
Por ahora, el mercado, por su parte, no descuenta actualmente ningún cambio de política monetaria durante todo 2026, en línea con las proyecciones de inflación. Christine Lagarde destacó que la economía sigue siendo resiliente (+0,3% en el último trimestre de 2025), aunque en un contexto global desafiante. “Entre los factores que apoyan el crecimiento se encuentran: los efectos de la política monetaria, el bajo nivel de desempleo (6,2% en diciembre), los sólidos balances del sector privado y el incremento gradual del gasto público en defensa e infraestructuras. Al mismo tiempo, las perspectivas permanecen inciertas, sobre todo debido a la persistente volatilidad de las políticas comerciales globales y a las tensiones geopolíticas”, apunta Massimo Spagnol, gestor de renta fija en Generali Asset Management (parte de Generali Investments).
Para Irene Lauro, economista sénior para Europa de Schroders, el crecimiento de la zona euro sigue superando las expectativas, con una demanda interna que cobra impulso a medida que los tipos de interés más bajos y el apoyo fiscal se dejan sentir en la economía. Según su visión, es cierto que la inflación general ha caído por debajo del objetivo, pero el BCE no le dará mucha importancia, dada la volatilidad de los precios de la energía.
“En cambio, creemos que los responsables políticos seguirán centrados en la inflación de los servicios, que sigue estando anormalmente alta y que se espera que se vea agravada por el fin de la ralentización del crecimiento salarial este año. La decisión de hoy ha confirmado nuestra opinión de que el próximo movimiento de tipos del BCE será al alza, en lugar de a la baja”, defiende Lauro.
Por último, Sandra Rhouma, vicepresidenta y economista europea del equipo de Renta Fija de AllianceBernstein, cree que el BCE podría recortar tipos en la segunda mitad de 2026, pero el listón es alto. “Por ahora, nada parece suficiente para alterar la función de reacción del Consejo de Gobierno. La presidenta Lagarde ha restado sistemáticamente importancia a los factores que podrían cuestionar la actual orientación de la política monetaria. El dato de inflación de enero es solo un punto de datos. El euro se sitúa dentro de los promedios históricos. El crecimiento es mejor de lo esperado y mejorará a medida que Alemania despliegue sus planes fiscales. Aunque el discurso del BCE podría volverse cada vez más frágil, es razonable esperar que no haya cambios en su postura durante al menos los próximos seis meses”, concluye.



