La competencia por atraer y retener financial advisors en Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más intensos de la última década. En un mercado marcado por la consolidación, los cambios regulatorios y la creciente sofisticación de los clientes, la batalla por el talento asesor se ha convertido en un factor estratégico clave para los grandes jugadores del wealth management.
Un caso emblemático fue la adquisición de Commonwealth Financial Network por parte de LPL Financial, valuada en unos 2.700 millones de dólares. Según un análisis de Wolfe Research, la operación desencadenó una rotación significativa de asesores, reflejando las tensiones que generan los procesos de consolidación en el segmento independiente.
De acuerdo con estimaciones de la firma, entre un 5% y un 10% de los advisors de Commonwealth habrían abandonado la plataforma tras el anuncio, aunque LPL aún estaría en camino de cumplir su objetivo de retener cerca del 90% del total. Wolfe Research señala que el ritmo de salidas se ha moderado, pero la competencia por el talento sigue siendo elevada.
Dentro de este proceso, Raymond James aparece como uno de los grandes ganadores, al captar a un número relevante de asesores que optaron por migrar tras la operación. El atractivo de la firma se apoya en una propuesta percibida como más cercana al modelo independiente, con mayor autonomía y estabilidad cultural, factores especialmente valorados por advisors con clientela internacional.
Para los advisors que operan con clientes latinoamericanos, europeos o globales, este movimiento subraya un punto clave: la elección de la plataforma en EE.UU. es cada vez más estratégica. Más allá de la escala o la tecnología, pesan factores como la cultura corporativa, la flexibilidad operativa y la continuidad en la relación con el cliente.
Más allá del caso puntual de LPL Financial, en la guerra por los advisors pesan factores como el envejecimiento de la base de asesores, la creciente demanda de servicios fiduciarios y la profesionalización del cliente HNW y UHNW, en el marco de la consolidación del sector. En consecuencia, se eleva el valor estratégico de los advisors con libros de clientes sólidos y relaciones de largo plazo.
En este contexto, las fusiones y adquisiciones no solo reordenan balances, sino que también actúan como catalizadores de movimientos de talento, beneficiando a firmas con propuestas culturales y operativas claras.
Para Wolfe Research, el episodio LPL–Commonwealth es un recordatorio de que la escala por sí sola no garantiza retención, y que el éxito de las grandes plataformas dependerá cada vez más de su capacidad para combinar eficiencia operativa con una experiencia atractiva para el advisor.



