Las perspectivas y convicciones para 2026 de Edmond de Rothschild Banca Privada continúan siendo constructivas a pesar de una ligera desaceleración del crecimiento global. El año se perfila como otro ejercicio clave para los mercados financieros, aunque exigirá a los inversores un mayor grado de selectividad a la hora de posicionarse en los mercados.
“En el marco global, España presenta un perfil relativamente resiliente dentro de Europa, con un crecimiento cada vez más apoyado en la demanda interna», explica Rodrigo Cebrián, director de Inversiones de Edmond de Rothschild Europe en España. «El consumo de los hogares sigue mostrando solidez y el mercado laboral mantiene un tono robusto, aunque con una moderación gradual. De cara a 2026, se espera un crecimiento del PIB en torno al 2%, coherente con una desaceleración ordenada y una menor contribución del sector exterior, en un contexto de inflación que continúa normalizándose de forma progresiva».
En su opinión, más allá del ciclo, el principal reto sigue siendo estructural: «La baja productividad limita el potencial de crecimiento, lo que refuerza la necesidad de activar palancas que permitan aprovechar los avances tecnológicos y mejorar la eficiencia, clave para sostener la competitividad a medio plazo. En el ámbito fiscal, aunque el déficit y la deuda han mejorado recientemente, continúan siendo factores de vigilancia”.
Oportunidades de crecimiento más diversificadas en renta variable
El 2025 se caracterizó por un notable aumento de los índices bursátiles, pero con un rendimiento muy concentrado en unas pocas grandes compañías, especialmente en Estados Unidos y, en particular, en aquellas relacionadas con la inteligencia artificial (IA). Si bien el contexto sigue siendo favorable para la renta variable estadounidense, se espera que el impulso de la IA continúe, los motores del crecimiento deberían ampliarse a un rango más amplio de sectores.
Aunque el entorno sigue condicionado por la incertidumbre política (especialmente en Francia), una combinación del plan de infraestructuras alemán y un posible repunte de los beneficios empresariales podría reavivar el interés de los inversores por los activos europeos, especialmente en los sectores financiero e industrial.
En cuanto al mercado chino y los mercados emergentes, continúan estando relativamente más atractivos. Su impulso podría mantenerse, especialmente en un contexto de debilidad del dólar, pero será necesario que se den catalizadores locales, como políticas de estímulo y una posible relajación de las presiones deflacionistas.
En 2026, las incertidumbres políticas, geopolíticas y comerciales seguirán siendo una constante, generando episodios de volatilidad en los mercados, pero también oportunidades para los inversores a largo plazo capaces de aprovechar estos episodios. Mantener una amplia diversificación sectorial y geográfica será clave para reforzar gradualmente las posiciones a lo largo del tiempo.
Menor atractivo de la deuda soberana
La rentabilidad esperada de los bonos soberanos se ve limitada por los altos niveles de deuda pública, mientras que los bonos corporativos siguen siendo atractivos, pero requieren una mayor selectividad Se prevé que los tipos de los bonos del Estado se mantengan altos en 2026, con un mayor repunte de las curvas de rendimiento motivado por la inestabilidad en las finanzas públicas y las importantes necesidades de financiación. Las últimas bajadas de tipos que se esperan de los bancos centrales, en particular de la Fed, desempeñarán un papel secundario en comparación con las trayectorias presupuestarias de Estados Unidos y Europa. En este contexto, los bonos del Estado serán menos atractivos en una cartera equilibrada, sobre todo porque su carácter defensivo disminuye a medida que aumenta la prima de plazo.
En 2026, a pesar de unos diferenciales de crédito muy ajustados y de algunos impagos recientes, las rentabilidades siguen siendo atractivas en términos históricos. En este contexto, es probable que los inversores aumenten la discriminación entre sectores y calidades crediticias, lo que reduce el riesgo de contagio en el mercado de crédito y favorece el mantenimiento de la exposición a los bonos corporativos, explican en la banca privada.
Las inversiones en inteligencia artificial se han convertido en un motor estructural de la emisión de deuda corporativa junto con las fusiones y adquisiciones: las grandes compañías tecnológicas, cuyas reservas de caja están disminuyendo, recurren cada vez más al endeudamiento para financiar sus inversiones en capital. El ritmo de avance de la IA contribuirá a determinar los ganadores y perdedores en el mundo corporativo, con sectores y geografías desempeñando un papel relevante.
El oro, un diversificador útil y un año de transición en mercados privados
El oro se ha consolidado en los últimos años como un activo esencial de diversificación respaldado por la progresiva desdolarización de los bancos centrales y su papel como refugio seguro en un entorno geopolítico tenso. A pesar de una subida muy significativa desde 2022, sus fundamentos siguen siendo sólidos, respaldados por la demanda estructural de los bancos centrales en varios mercados emergentes. El petróleo, por el contrario, podría experimentar una elevada volatilidad en respuesta a las crisis geopolíticas.
En cuanto a mercados privados, el mercado de capital privado se ha enfriado en los últimos tres años. Sin embargo, el comportamiento subyacente se ha mantenido sólido y las valoraciones se consideran razonables. «El 2026 se perfila como un año de transición hacia una normalización gradual. Los mercados privados se están convirtiendo en un componente esencial para construir carteras robustas, al aportar nuevas fuentes de rentabilidad y diversificación frente a los mercados cotizados, que están más concentrados y correlacionados», explican en la banca privada.
Nicolas Bickel, director del departamento de Banca Privada de inversión del Grupo Edmond de Rothschild, concluyó: «Estamos entrando en una fase de fortaleza continuada de los mercados en la que es probable que la rentabilidad se concentre menos en un único sector o temática específica. En este contexto la diversificación y la gestión de las correlaciones entre las diferentes clases de activos volverán a ser esenciales. Los bonos, los metales preciosos y los mercados privados desempeñarán casi con total seguridad un papel clave en la construcción de carteras sólidas y resistentes junto a la renta variable cotizada”.



