Gescooperativo, la sociedad de inversión colectiva del Grupo Caja Rural, dentro de su iniciativa de fomento de la cultura, financiera y formativa, ofrece una serie de pautas que pueden servir a los inversores en fondos para revisar y planificar sus estrategias de inversión coincidiendo con el inicio de año.
A juicio de los expertos de Gescooperativo, el momento es idóneo, al coincidir con el cierre fiscal del ejercicio anterior, con la publicación de previsiones macroeconómicas y de mercado por parte de las grandes instituciones financieras. Y esta coyuntura debería ser aprovechada también por el inversor para llevar a cabo una reflexión más amplia sobre su situación personal, profesional y vital. “El arranque del año es un momento apropiado para evaluar la cartera, detectar posibles desajustes y definir una hoja de ruta coherente”, explican.
Así, el cierre fiscal permite realizar una lectura completa del comportamiento de los fondos durante el año anterior y comprobar si la cartera sigue siendo adecuada a su perfil inversor. “No se trata solo de analizar la rentabilidad, sino de entender lo que ha funcionado y lo que no, y si el nivel de riesgo asumido ha sido el correcto”, aclaran los expertos. A ello se suma un factor menos técnico, pero igualmente relevante, como es el examen de los cambios previstos en los ingresos, gastos o proyectos personales. “Son elementos que también deben incorporarse a la planificación financiera y que, por lo general, suelen conocerse en los primeros compases del año”, señalan.
Factores a tener en cuenta y el modelo “60/40”
A la hora de diseñar la estrategia para el nuevo ejercicio, los expertos de Gescooperativo citan varios factores de mercado que conviene tener en cuenta. Entre ellos, las expectativas de crecimiento económico global y por regiones, la evolución de la inflación -que marca la rentabilidad mínima exigible a cualquier inversión- y las decisiones de política monetaria de los bancos centrales, que siguen condicionando el comportamiento de los mercados. A este entorno se añade la incertidumbre geopolítica y la importancia de identificar tendencias sectoriales, como ocurrió en su momento con las energías renovables o, más recientemente, con la Inteligencia Artificial.
En este marco, los expertos de Gescooperativo explican que el modelo clásico “60/40” puede ser un buen punto de partida para la planificación a largo plazo de las inversiones en fondos, con el objetivo de aprovechar oportunidades de rentabilidad dentro de un contexto de control del riesgo. Este enfoque se basa en una asignación aproximada del 60% a renta variable, como motor de crecimiento, y del 40% a renta fija, como elemento estabilizador. “Históricamente ha sido una de las fórmulas más utilizadas porque ofrecía un equilibrio razonable entre rentabilidad y riesgo, apoyado en una correlación negativa entre ambos activos”, recuerdan desde la entidad.
Sin embargo, los últimos años han demostrado que no se trata de una regla inmutable. Entre 2022 y 2023, la rápida subida de los tipos de interés provocó caídas simultáneas en renta fija y renta variable, rompiendo esa correlación tradicional y poniendo en cuestión la eficacia del modelo en su forma más rígida. No obstante, de cara a 2026, los expertos consideran que el “60/40” vuelve a tener sentido como punto de partida, en un contexto de tipos aún positivos y con margen para recortes adicionales, lo que permitiría a la renta fija recuperar su papel amortiguador dentro de la cartera.
Eso sí, insisten en que el modelo debe entenderse como una referencia, no como una fórmula cerrada y siempre teniendo en cuenta el horizonte temporal de inversión y el perfil de riesgo de cada inversor. El entorno actual, con múltiples focos geopolíticos abiertos y la aparición de nuevos activos, invita a introducir ajustes.
Adecuación al perfil del inversor y perfil temporal
La clave, subrayan, está en invertir a través de carteras diversificadas ajustadas al horizonte y perfil de riesgo de cada inversor. Para un inversor conservador, una exposición elevada a renta variable puede resultar excesiva, por lo que tendría más sentido una distribución cercana al 20% en renta variable y 80% en renta fija de alta calidad. En perfiles moderados, el equilibrio podría situarse en torno a un 40/60, mientras que en inversores decididos o de riesgo medio-alto encajaría mejor el 60/40. En el extremo más arriesgado, la renta variable podría alcanzar el 80%, con una renta fija más orientada a emisiones de crédito corporativo.
El horizonte temporal y la edad son factores determinantes en esta ecuación. Los expertos recuerdan que un inversor joven tiene más margen para asumir volatilidad y aprovechar el potencial de la renta variable a largo plazo, mientras que quien se aproxima a la jubilación debe priorizar la preservación del capital y la estabilidad de los flujos.
En lo que se refiere a la selección de fondos, la entidad pone el acento en la diversificación y en el valor añadido de la gestión activa, tanto en renta variable como en renta fija. “En renta variable, en entornos volátiles es donde la gestión activa puede marcar la diferencia, identificando ineficiencias y ajustando la exposición por sectores, geografías o compañías”, señalan los expertos. Y añaden que en renta fija no todos los bonos se comportan igual, por lo que combinar deuda pública y corporativa, y distintos rating, ya sea investment grade o high yield, puede ayudar a mejorar el binomio rentabilidad-riesgo y a batir la inflación.
La importancia del rebalanceo periódico
Ahora bien, la gestión del riesgo no termina con la construcción inicial de la cartera. Desde Gescooperativo se destaca la importancia del rebalanceo periódico para mantener la coherencia con el perfil elegido. En condiciones normales, una revisión anual puede ser suficiente, aunque los expertos también recomiendan establecer umbrales de desviación -por ejemplo, del 5% o 10%- que activen una revisión extraordinaria. “Si la renta variable ha tenido un comportamiento muy positivo y ha ganado peso en la cartera, el rebalanceo permite volver a la proporción objetivo mediante traspasos, sin impacto fiscal y sin alterar el perfil de riesgo”, explican.
Expectativas para 2026
Para el nuevo año, las expectativas de los expertos de Gescooperativo apuntan a un entorno moderadamente favorable, aunque con cautela. La renta fija vuelve a ofrecer rendimientos reales atractivos y podría beneficiarse de nuevos recortes de tipos, especialmente en Estados Unidos. En renta variable, las previsiones apuntan a un crecimiento moderado en Europa y Estados Unidos, apoyado por la mejora de los resultados empresariales y por el impulso de la Inteligencia Artificial, aunque siempre bajo la sombra de posibles eventos geopolíticos inesperados.
En suma, los expertos subrayan que no existe una proporción mágica ni una cartera universal y, aunque el modelo “60/40” es una herramienta útil para simplificar y ordenar la toma de decisiones, la inversión debe partir de una autoevaluación realista del riesgo, los objetivos y el horizonte temporal. “La consistencia, la diversificación y el asesoramiento personalizado son los pilares para construir una estrategia de inversión sólida y sostenible en el tiempo”, concluyen.



