Han pasado 365 días desde que Donald Trump jurara su cargo como presidente de EE.UU., y excepto el frío, poco se parece a aquel 20 de enero de 2025 a hoy. Hace un año, las gestoras internacionales veían en este mandato una clara oportunidad para la renta variable estadounidense -dado sus promesas electorales- y una menor incertidumbre, porque “ya se conocía el carácter y estilo de Trump”. Sin embargo, han sido doce meses de sorpresas y, sobre todo, de importantes cambios en la geopolítica y en la política comercial.
Es cierto que las perspectivas económicas mundiales han mejorado modestamente, pero siguen siendo inciertas. Los expertos destacan que llegamos a este 20 de enero de 2026 con el foco en las valoraciones de los activos, el aumento de la deuda, el realineamiento geoeconómico y el rápido despliegue de la inteligencia artificial están creando tanto oportunidades como riesgos. De hecho, según la última edición del Chief Economists’ Outlook del Foro Económico Mundial, aunque el 53% de los economistas jefe espera que las condiciones económicas globales se debiliten durante el próximo año, esto supone una mejora significativa respecto al 72% que sostenía esa opinión en septiembre de 2025.
“Esta encuesta a economistas jefe revela tres tendencias definitorias para 2026: el fuerte aumento de la inversión en IA y sus implicaciones para la economía mundial; una deuda que se aproxima a umbrales críticos con cambios sin precedentes en las políticas fiscales y monetarias; y los realineamientos del comercio. Los gobiernos y las empresas tendrán que desenvolverse con agilidad en un entorno incierto a corto plazo, al tiempo que siguen construyendo resiliencia e invirtiendo en los fundamentos de crecimiento a largo plazo”, apunta Saadia Zahidi, directora general del Foro Económico Mundial.
La IA y otras valoraciones de activos
Tras un año de desempeño extraordinario, la pregunta sobre si estamos ante una burbuja en la IA centra el debate de las gestoras. Para MFS IM, la pregunta es errónea, ya que considera que centrarse en si la euforia de la IA es excesiva o no, nos desvía del problema más amplio y crítico: la asignación errónea del capital y los límites físicos que limitan el crecimiento.
Lo cierto es que las ganancias bursátiles concentradas en torno a la IA dividen las opiniones de los economistas jefe y un 52% espera que las acciones estadounidenses vinculadas a la IA caigan durante el próximo año, mientras que el 40% prevé nuevas subidas. Si las valoraciones descendieran bruscamente, el 74% cree que los efectos se extenderían por la economía global. Las criptomonedas presentan perspectivas más sombrías: el 62% anticipa nuevas caídas tras la turbulencia del mercado, mientras que el 54% considera que el oro ya ha tocado techo después de las recientes subidas.
En cuanto a los posibles retornos de la IA, existe una amplia variación por regiones y sectores. Aproximadamente cuatro de cada cinco economistas jefe esperan mejoras de productividad en un plazo de dos años en Estados Unidos y China. Prevén que el sector de tecnología de la información adopte la IA con mayor rapidez, y casi tres cuartas partes anticipan mejoras de productividad inminentes. Servicios financieros, cadena de suministro, salud, ingeniería y comercio minorista le siguen como “sectores de rápida adopción”, con plazos de uno a dos años. Por tamaño de empresa, los economistas jefe esperan que las compañías con 1.000 o más empleados obtengan mejoras antes que las demás: el 77% prevé ganancias de productividad significativas en un plazo de dos años.
Además, se espera que el panorama del empleo en relación con la IA evolucione con el tiempo: dos tercios anticipan pérdidas de empleo moderadas durante los próximos dos años, pero las opiniones divergen con fuerza a más largo plazo. El 57% prevé una pérdida neta de empleo en diez años, mientras que el 32% anticipa ganancias a medida que surjan nuevas ocupaciones.
La deuda y las decisiones difíciles
El aumento de la deuda y los déficit públicos es otra de las diferencias con hace un año. Es más, gestionar estos elevados niveles se ha convertido en un reto central para los responsables de política económica, especialmente a medida que aumentan las presiones de gasto. Los niveles de deuda mundial han alcanzado máximos históricos, con ratios deuda/PIB superiores al 100 % en muchas de las principales economías. En Estados Unidos, el déficit se sitúa en niveles poco habituales en períodos de pleno empleo. El aumento de los costes del servicio de la deuda está ejerciendo presión al alza sobre los rendimientos de los bonos a largo plazo, mientras que la inestabilidad política en países como Francia, Reino Unido y Japón se suma a la incertidumbre”, recuerda Paul Diggle, economista jefe de Aberdeen Investments.
Se espera casi por unanimidad que el gasto en defensa aumente: el 97% de los economistas jefe prevé subidas en las economías avanzadas y el 74% en los mercados emergentes. También se espera un aumento del gasto en infraestructuras digitales y energía. En la mayoría de los demás sectores se prevén niveles de gasto estables, mientras que una mayoría de los economistas encuestados anticipa que el gasto en protección ambiental disminuya tanto en economías avanzadas (59%) como en emergentes (61%).
Las opiniones están divididas por igual respecto a la probabilidad de crisis de deuda soberana en economías avanzadas, mientras que casi la mitad (47%) considera probable que se produzcan durante el próximo año en economías emergentes. Una amplia mayoría espera que los gobiernos recurran a una inflación más alta para reducir la carga (67% en economías avanzadas y 61% en emergentes).
También se consideran probables subidas de impuestos: el 62% para economías avanzadas y el 53% para emergentes. Un 53% anticipa que, en los próximos cinco años, los mercados emergentes recurran a la reestructuración de deuda o al impago como estrategia de gestión, frente a solo un 6% en economías avanzadas.
Consecuencia de la nueva geopolítica
Tras los anuncios de la administración Trump en términos comerciales y de geopolítica han dibujado un nuevo escenario global, por no decir que han desdibujado el tradicional marco internacional. En consecuencia, el comercio y la inversión globales se están ajustando a una nueva realidad competitiva.
Según las previsiones de los economistas jefe, los aranceles a las importaciones entre Estados Unidos y China se mantengan en general estables, aunque la competencia podría intensificarse en otros ámbitos. Destaca que el 91% espera que las restricciones estadounidenses a la exportación de tecnología hacia China se mantengan o aumenten; el 84% anticipa lo mismo para las restricciones chinas sobre minerales críticos.
Además, en este nuevo contexto, el 94% espera más acuerdos comerciales bilaterales y el 69% prevé un aumento de los acuerdos comerciales regionales. “Un 89% espera que las exportaciones chinas hacia mercados no estadounidenses sigan aumentando, mientras que los economistas encuestados están divididos sobre el futuro del volumen total del comercio mundial. Entretanto, casi la mitad prevé que continúe el aumento de los flujos de inversión internacional, y el 57% espera que la inversión extranjera directa (IED) hacia Estados Unidos aumente, frente al 9% que espera mayores entradas hacia China”, apunta el informe.
Además de China, ahora el foco está puesto en Groenlandia. “Al hacer que la imposición de nuevos aranceles dependa de la aceptación por parte de Europa de su plan para adquirir Groenlandia, Donald Trump da un paso más en el uso del comercio como instrumento de presión geopolítica. Más allá de la exageración de la declaración, se encuentra una doctrina que ahora se da por asumida: las alianzas ya no son marcos estables, sino relaciones de poder renegociables. Esta secuencia política va acompañada de un coste económico potencial significativo, del orden de entre un 0,2% y un 0,5% de crecimiento según la intensidad de la amenaza arancelaria”, señala Michaël Nizard, responsable de Multiactivos & Overlay en Edmond de Rothschild AM.



