Faltan tres días para que el encuentro anual de Davos arranque bajo el lema “Un espíritu de diálogo”. Un mantra que intenta ganar paso en mitad de un claro cambio en el enfoque en la geopolítica y en la política internacional. De hecho, el Foro Económico Mundial reconoce en su último informe sobre riesgos globales para 2026 que la confrontación geoeconómica se erige como el principal riesgo global para este año, seguida de los conflictos interestatales, los fenómenos meteorológicos extremos, la polarización social, la información falsa y la desinformación.
En este sentido, el panorama que prevén los líderes y expertos evidencia una profunda preocupación. La mitad de los encuestados anticipan un mundo turbulento o problemático para los próximos dos años, lo que supone un 14% más que el año anterior. Además, otro 40% prevé que el panorama a dos años sea, como mínimo, inestable, mientras que el 9% opina que será estable y un 1% considera que será apacible. En lo que respecta al panorama a 10 años, el 57% prevé un mundo turbulento o problemático, un 32% anticipa inestabilidad, un 10% estabilidad y el 1% considera que el panorama será apacible.

“Se está forjando un nuevo orden competitivo en el que las grandes potencias tratan de proteger sus intereses. Este entorno cambiante, donde la cooperación resulta muy distinta a la que había antes, refleja una realidad pragmática: los enfoques colaborativos y el espíritu de diálogo siguen siendo fundamentales. Nuestra Reunión Anual de Davos será una plataforma crucial para entender los riesgos y las oportunidades, y también para levantar los puentes necesarios para abordarlos”, señala Børge Brende, presidente y CEO del Foro Económico Mundial.
Según Brende, el Informe de Riesgos Globales ofrece un sistema de alerta temprana, ya que la era de la competencia acrecienta dichos riesgos —desde la confrontación geoeconómica hasta una tecnología sin control, pasando por la creciente deuda— y transforma nuestra capacidad colectiva para abordarlos. “Sin embargo, ninguno de esos riesgos es inevitable. Los retos que destaca el informe ponen de relieve tanto la magnitud de los riesgos potenciales que afrontamos como nuestra responsabilidad compartida de trazar el rumbo a seguir”, reconoce Saadia Zahidi, directora general del Foro Económico Mundial.
El línea con la visión de las gestoras
Las gestoras internacionales coinciden también en esta visión sobre un aumento de los riesgos geopolíticos y económicos. “Sin haber pasado una semana del nuevo año, hemos tenido que lidiar con un complicado contexto geopolítico. El principal acontecimiento, por supuesto, es la intervención de Estados Unidos en Venezuela. Hasta ahora, la respuesta del mercado ha sido bastante moderada: el apetito por el riesgo en activos de riesgo, incluidas las acciones globales, parece mantenerse, mientras que el oro parece posicionarse como la mejor cobertura frente al riesgo geopolítico”, apuntaba recientemente Benoit Anne, Senior Managing Director y responsable del Grupo de Análisis de Mercados de MFS Investment Management.
En opinión de Vincent Chaigneau, director de investigación, Generali AM (parte de Generali Investments), la incertidumbre geopolítica continúa siendo elevada a muy corto plazo. “Aunque la Casa Blanca afirma que el uso de las fuerzas militares en Groenlandia es “siempre una opción”, nuestro escenario central se decanta por la vía diplomática. Vemos indicios de progreso en el acuerdo de seguridad de posguerra en Ucrania, aunque la división del territorio sigue siendo un gran obstáculo. La incertidumbre geopolítica supondrá un aumento del gasto militar; en todo caso, los acontecimientos de finales de año respaldan nuestra pequeña duración corta de los bonos”, resume sobre los principales temas que están generando ahora mismo esa incertidumbre.
Las conclusiones del informe
El informe analiza los riesgos en tres horizontes: inmediato (2026), a corto y medio plazo (próximos dos años) y a largo plazo (próximos 10 años). A corto plazo, los conflictos armados, la instrumentalización de las herramientas en materia económica y la fragmentación social entran en colisión. “Mientras se intensifican esos riesgos inmediatos, los retos a largo plazo derivados de la aceleración tecnológica y el declive medioambiental también crean efectos colaterales”, explica el documento.
En este aumento de los riesgos geopolíticos, económicos y geoeconómicos, la confrontación geopolítica encabeza la clasificación de riesgos a corto plazo: un 18% de los encuestados la consideran el riesgo que con mayor probabilidad desencadenaría una crisis mundial en 2026. También sería el riesgo más grave para los próximos dos años tras escalar ocho puestos con respecto al año anterior. En este sentido, los conflictos armados en los Estados ocupan el segundo puesto para 2026 y caen hasta el quinto para el horizonte a dos años.
En un mundo de crecientes rivalidades y conflictos prolongados, la confrontación amenaza a las cadenas de suministro y a la estabilidad económica mundial en general, pero también a la capacidad de cooperación necesaria para hacer frente a los shocks económicos. En lo que respecta al panorama geopolítico, el 68% de los encuestados prevén un “orden multipolar o fragmentado” para los próximos diez años, cuatro puntos más que el año pasado.
Impactos económicos
En consecuencia, los riesgos económicos registran el mayor incremento colectivo en el panorama a dos años. Además, la preocupación por el aumento de la deuda y las posibles burbujas de activos en un contexto de tensiones geopolíticas podría desencadenar una nueva etapa de volatilidad. “La información falsa y la desinformación ocupa el segundo puesto en el panorama a dos años, mientras que la inseguridad cibernética se sitúa en el sexto. El riesgo de consecuencias adversas de la IA muestra la trayectoria más chocante, ya que pasa del 30.º puesto en el horizonte a dos años al 5.º en el horizonte a 10 años, lo que demuestra la inquietud por las repercusiones para los mercados de trabajo, las sociedades y la seguridad”, apunta el informe.

Los encuestados también señalan la desigualdad como el riesgo más interconectado por segundo año consecutivo, que además agrava otros riesgos al reducirse la movilidad social y la desaceleración económica es el segundo riesgo más interconectado. “En la base de estas interconexiones está la preocupación por las presiones sobre el coste de la vida y el afianzamiento de las economías en forma de K. Debido a que las preocupaciones a corto plazo superan a los objetivos a largo plazo, los riesgos medioambientales han perdido posiciones en el horizonte a dos años”, añade el documento.
Por último, destaca que el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos ha pasado del segundo al cuarto puesto, el riesgo de contaminación del sexto al noveno, y un cambio crítico en los sistemas terrestres y pérdida de biodiversidad pierden siete y cinco puestos, respectivamente. “Todos los riesgos medioambientales han descendido en la clasificación por gravedad, lo que no solo supone un cambio en términos relativos, sino también absolutos. Sin embargo, en el horizonte a 10 años siguen siendo los más graves: los tres primeros son fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y cambio crítico en los sistemas terrestres”, concluye el informe.



