Después de un 2025 en el que ha quedado patente la divergencia de caminos que han seguido los distintos bancos centrales mundiales, todo apunta a que este 2026 habrá algo más de estabilidad en lo que a política monetaria se refiere. Eso sí, a la espera de ver si la reciente detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos tiene repercusiones en el precio del petróleo y, por consiguiente, en la inflación y las actuaciones de los bancos centrales.
Sin duda, el foco estará en la Reserva Federal estadounidense. Su presidente, Jerome Powell, llega al final de su mandato en abril, en medio de dudas sobre la futura independencia del organismo y con un miembro del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC), Lisa Cook, atenazada por causas judiciales. “La Fed tiene muchos factores en juego en 2026. No solo un nuevo presidente tomará el mando, sino que el panorama macroeconómico sigue siendo incierto. El mercado laboral parece estar enfriándose, sin colapsar, mientras que la inflación se mantiene estable”, apunta Bret Kenwell, analista de Mercados de eToro en EE.UU., que se plantea si la autoridad monetaria estadounidense “podrá adoptar un tono acomodaticio si estos factores persisten en 2026, o su doble mandato mantendrá a raya a las medidas moderadas”.
Una opinión similar sostiene Ray Sharma-Ong, director global adjunto de Soluciones Multiactivos Bespoke en Aberdeen Investments, que considera que “la Fed se encuentra entre la espada y la pared, con una inflación que sigue siendo elevada a pesar del debilitamiento del mercado laboral”. Una desconexión que “ha ampliado las divisiones dentro del Comité”.
Eso sí, tras las bajadas de tipos de 2025 y el contexto que atraviesa el organismo, “la política monetaria de la Fed ya no es un catalizador para los mercados”, según el experto. La razón es que con unos tipos de interés de los fondos federales entre el 3,5% y el 3,75%, el Comité considera que la política monetaria se encuentra dentro del rango efectivo de neutralidad. Por lo tanto, “el listón para nuevos recortes está muy alto, lo que implica que es probable que el escenario de la política monetaria se mantenga estático durante algún tiempo”. La consecuencia, por lo tanto, es que con los tipos de interés oficiales en pausa, “ya no esperamos un repunte generalizado de la beta en la renta variable; es posible que las correlaciones del mercado disminuyan y que los fundamentales cobren mayor importancia”.
Para Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali AM, parte de Generali Investments, la economía sigue gozando de una base sólida, pero los riesgos a la baja para el empleo siguen siendo más importantes para el FOMC que los riesgos al alza de la inflación.
Ahora, y tras el recorte de diciembre, “puede ahora esperar a disponer de más datos antes de decidir el alcance y el ritmo de nuevas bajadas de tipos”. Aquí, las perspectivas de Zanghieri son claras: la trayectoria prevista para el tipo de interés oficial no ha cambiado desde septiembre, con dos bajadas más de 25 puntos básicos, una el año que viene y otra, en 2027. “Nuestra previsión de otra bajada de tipos el año que viene coincide con lo que espera la Fed, pero creemos que la flexibilización se detendrá ahí”, apunta y admite que esta previsión sólo se modificaría en el timing, con un posible retraso del siguiente recorte para mediados de año.
Europa
Nachu Chockalingam, directora de crédito en Federated Hermes, recuerda el trabajo realizado por los bancos centrales en los últimos años para reducir la inflación mundial. Y, a partir de aquí, prevé que los tipos de interés oficiales bajen, pero que, en general, “se mantengan ligeramente por encima de los niveles previos a la pandemia, especialmente en las economías de mercado desarrolladas”.
Su opinión es que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra seguirán recortando los tipos, “pero la dirección que tomará el Banco Central Europeo (BCE), que comenzó a flexibilizar su política antes, es un poco menos clara”. Principalmente, porque la inflación en la zona del euro se acerca al objetivo del 2%, “pero las perspectivas siguen siendo inciertas debido a las disputas comerciales mundiales y las tensiones geopolíticas”.
La experta explica que persisten los riesgos a corto plazo para las perspectivas de los tipos de interés, pero cree que la situación tendría que empeorar mucho para que el BCE volviera a bajar los tipos en 2026. Algunos de estos riesgos a la baja que menciona apuntan a cualquier impacto adverso retardado derivado de los aranceles estadounidenses, un euro más fuerte, el impacto de las importaciones chinas o un retraso en el estímulo fiscal de Alemania. La agitación política en Francia, en un contexto de empeoramiento de la situación fiscal, supone otro riesgo potencial, según Chockalingam.
El Banco de Inglaterra (BoE) también generará expectación en el mercado a lo largo de 2026. David A. Meier, economista de Julius Baer, espera dos recortes de tipos por parte del BoE y un compás de espera entre las autoridades monetarias escandinavas. El BoE, recuerda el experto, recortó los tipos al 3,75% en su última reunión ante la desaceleración de la inflación y el débil crecimiento, pero se mostró cauteloso ante una mayor flexibilización en el futuro. “Prevemos dos recortes más en 2026 y mantenemos una perspectiva neutral para la libra esterlina”, apunta.
Meier también desgrana sus expectativas para los bancos centrales nórdicos: el Riksbank sueco mantuvo el precio del dinero en el 1,75% en su último encuentro, “con perspectivas que apuntan a posibles subidas a finales de 2026, lo que respalda un escenario alcista para la corona sueca”. Por su parte, el Norges Bank, con el mantenimiento de los tipos en el 4% debido a la inflación persistente, “refuerza a la corona noruega como la divisa del G10 con mayor carry”.
Japón
Respecto a Japón, Álvaro Peró, director de inversiones de renta fija de Capital Group, desvela que continúa la reflación, en medio de un crecimiento económico positivo y una inflación por encima del objetivo. El experto explica que aunque la elección de la nueva primera ministra, Sanae Takaichi -que hizo campaña con un programa de estímulo fiscal, inversión estatal y represión financiera- ha aumentado las expectativas del mercado de una política más flexible, el Banco de Japón (BoJ) ha vuelto a insistir en la necesidad de nuevas subidas en un contexto de debilitamiento del yen y presiones reflacionistas.
Así lo cree también Homin Lee, Senior Macro Strategist de Lombard Odier. El experto prevé que los tipos de interés de Japón sigan subiendo en 2026. “Tras haber protegido a Japón de la deflación mediante años de política monetaria acomodaticia, esperamos que el BoJ acoja con satisfacción los signos de éxito reflacionista con dos subidas de los tipos de interés en 2026, la primera de ellas probablemente en enero”, apunta.
Latinoamérica
Las previsiones también alcanzan a la mayor economía latinoamericana: Brasil. En DWS apuntan que el Banco Central de Brasil “parece dispuesto a mantener su postura agresiva” y adelanta que las reformas estructurales, tras las elecciones del año que viene, “podrían ayudar a liberar el potencial del país”.
Esta es la postura de Yi Li-Hantzsche, analista de mercados emergentes de DWS, que admite que hasta ahora, el banco central de Brasil ha demostrado su compromiso inquebrantable de volver a situar la inflación en el objetivo, “a pesar de la presión del Gobierno y de la proximidad del gobernador Galípolo al presidente Lula”. El experto considera que con un resultado electoral constructivo, y la perspectiva de reformas creíbles, “Brasil podría finalmente desbloquear tipos más bajos sin poner en riesgo su credibilidad”.



