Última actualización: 14:50 / Jueves, 22 de Agosto de 2019
La columna de MFS IM

Conforme el ciclo madura, los inversores se vuelven más selectivos

Jueves, 15 Agosto, 2019

A pesar de que el mercado de renta variable ha estado proporcionando rendimientos de dos dígitos durante el primer semestre del año, los inversores están discriminando hasta cierto grado, lo que no habíamos visto en años. Adicionalmente, el capital se ha alejado de las empresas que han estado exprimiendo beneficios de sus actividades no básicas.

Mientras que las empresas hacen todo lo que pueden para maximizar sus rendimientos, algunas son muy dependientes de actividades que quedan fuera de sus operaciones comerciales normales, como financiación en la cadena de suministro, recompra de acciones e incremento del apalancamiento.

El mercado también está preocupado por las empresas que tienen problemas para transferir unos costes más elevados de insumos, que provienen del aumento de los gastos laborales, los aranceles y las interrupciones en las cadenas de suministros. Estas preocupaciones las podemos ver reflejadas en una mayor dispersión del mercado.

Este año, después de casi una década de movimiento monolítico del mercado, durante el cual, las empresas con una buena gestión obtuvieron un resultado similar a aquellas que no estaban tan bien gestionadas, hemos visto un cambio fundamental. Los inversores se han vuelto mucho más selectivos al final del ciclo económico. Y la dispersión ha resultado en un mayor número de oportunidades para los gestores activos. 

En lo que va de año, hemos notado tres áreas de bajo rendimiento. Uno, empresas con un alto grado de apalancamiento, dos, empresas con márgenes brutos en descenso, a menudo como resultado de la falta de poder de fijación de precios, y tres, empresas cíclicas de menor calidad.

Evitar empresas sin un modelo de negocio sostenible puede crear valor para segregar las carteras con un sesgo de calidad, como fue el caso en el periodo previo a la crisis financiera mundial.

Pero hay dos diferencias clave entre nuestro ciclo de mercado actual y los ciclos que los precedieron. En los anteriores, uno, hubo una sobreinversión en ciertos sectores de la economía real, y dos, hubo una sobre exposición a esos dos sectores.

Por ejemplo, a finales de la década de 1990, la inversión en fibra óptica y otras tecnologías excedió drásticamente la demanda en estas tecnologías. Los inversores aceptaron la narrativa de que eventualmente se darían los flujos de caja para justificar una acumulación masiva de infraestructura. Esos flujos de caja nunca se materializaron, y las valoraciones finalmente se revertieron a su media.

Una historia similar se desarrolló en el sector inmobiliario residencial a mediados de la década de los 2000. Los inversores cargados con bonos y productos estructurados apalancados sobre bienes inmobiliarios residenciales, asumiendo que los precios de las viviendas nunca caerían, y que los propietarios continuarían pagando sus hipotecas. Pero esas suposiciones resultaron ser fallidas.

Pero en la actualidad, hay menos excesos en la economía real. Y esta es una razón que explica la larga duración del ciclo actual, pero con una fuerza por debajo de su promedio. Hoy hay una menor euforia por parte de los inversores que en 1999 y 2007, y a diferencia de los últimos dos ciclos, no hay burbujas obvias y listas para explotar en la finalización del ciclo.

Sin embargo, no creo que los inversores aprecien la insostenibilidad de los altos márgenes de los que muchas empresas disfrutan hoy en día. Pocos se dan cuenta de los juegos que los directores financieros han jugado con los balances contables y con la cuenta de resultados para mantener esos márgenes. 

Pero solo hay algunas palancas no vitales a las que los directores financieros pueden recurrir para evitar lo inevitable. Y la reducción de los márgenes en mi opinión, es inevitable para aquellos sin una proposición de valor viable.

Gracias, 

Tribuna de Robert M. Almeida, estratega de inversiones en MFS Investment Management
 

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