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Crèdit Andorrà Financial Group

La deuda global

La deuda de los hogares, empresas, bancos y gobiernos de todo el mundo se sitúa en cifras récord. / Foto cedida
Por Josep Maria Pon

El pasado 9 de febrero el presidente Trump firmó un acuerdo presupuestario de dos años que financia al gobierno federal de Estados Unidos hasta el 23 de marzo y suspende el techo de deuda (debt ceiling) durante un año. Se evita de nuevo el shutdown o cierre de la administración que, desde 1990, ya se ha producido nueve veces. La solución ha sido un impulso del gasto con una creciente deuda pública para poder hacer frente a la financiación de operaciones y agencias gubernamentales.

El anterior es un ejemplo de cómo la deuda va aumentando. En enero de 2018, el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) calculó que la deuda de los hogares, empresas, bancos y gobiernos de todo el mundo ascendía, en el tercer trimestre de 2017, a la cifra récord en valor absoluto de 193,3 billones de euros. Esta cifra supone un 318% en relación al PIB mundial. Por economías, un 74% de la deuda corresponde a países desarrollados y el restante 26%, a economías emergentes. Y, por sectores, se distribuye de la siguiente manera: hogares 18,70%, empresas 29,53%, bancos 24,82% y gobiernos 26,95%.

Se observa una tendencia creciente en los últimos años, y la política monetaria expansiva de los principales bancos centrales –que ha llevado a recortar los tipos de interés hasta cero o incluso negativos– tiene mucho que ver. Ha permitido una financiación barata, que ha sido aprovechada principalmente por las empresas. Y los inversores, ante un entorno de exceso de liquidez y una baja tasa de impago, han asumido esas nuevas emisiones, que generalmente han estado muy sobre demandadas.

En el caso de la deuda pública, ¿cómo se puede reducir? Repasemos cuáles son las principales opciones:

  1. Aumento de ingresos a través de incremento de impuestos y reducción del gasto, por ejemplo eliminando subsidios. Es una opción que a los gobiernos no les gusta por el coste político que supone. Algunos países pueden tener margen de maniobra para implementar políticas fiscales expansivas, como en el caso de EE. UU., pero estas políticas suponen una presión añadida sobre la deuda y la sostenibilidad de las finanzas públicas.
  2. Reducción de las tasas de interés que reducen el coste financiero. Hasta ahora este factor se ha producido, pero puede llegar a su fin, ya que en estos momentos parece que el movimiento simultáneo de varios de los principales bancos centrales va en el sentido de endurecer las políticas monetarias. Una subida de los tipos de interés puede lastrar la solvencia de aquellos gobiernos más endeudados. Algunos ejemplos serían: China, que tiene un alto endeudamiento relacionado con el sector inmobiliario y la banca en la sombra, y existe el riesgo que acabe incidiendo en la solvencia soberana; o Japón, con un porcentaje de deuda del gobierno sobre el PIB del 223,8% (se estima que la deuda total es del 400%). Japón, con los tipos a diez años por debajo del 0,10% y unos ahorradores japoneses que de manera continuada van recomprando los vencimientos, hasta el momento no parece generar una especial inquietud.
  3. Generación de inflación. Es el gran objetivo de los bancos centrales. Si bien continúa baja, la probabilidad de sorpresas de inflación al alza es más elevada que en años anteriores, sobre todo en un marco de expansión económica más dinámica y que influya en una aceleración del crecimiento de los salarios.
  4. La opción más deseable es que la economía crezca. Sin duda es la opción más sana, la que permite aumentar los ingresos fiscales y, por lo tanto, aplicarlos en una reducción de la deuda y así aumentar la sostenibilidad financiera. En este sentido las previsiones positivas de instituciones internacionales como el FMI o la OCDE o los datos adelantados que se publican de indicadores de confianza empresarial, que en muchos casos se sitúan en máximos, nos permiten pensar que el crecimiento de la economía colaborará en esa reducción necesaria de la deuda.
  5. Pero si todo falla, ante la imposibilidad de hacer frente a los compromisos llega el temido impago de la deuda. Esperemos que la deuda se utilice con prudencia y no se deba llegar a este extremo.

Hemos tardado casi una década en superar la última crisis financiera ocasionada por un apalancamiento excesivo. La acción combinada de los principales bancos centrales ha tenido un papel fundamental en la recuperación de la normalidad en la actividad económica, pero si la historia se repite, ¿tendrán suficiente margen para aplicar las mismas políticas? Los inversores deben tener muy en cuenta la variable del endeudamiento a la hora de seleccionar las inversiones y exigir la rentabilidad adecuada para cada riesgo que se asuma.

Al finalizar el artículo la deuda pública global ascendía, según https://www.nationaldebtclocks.org/, a 69.623.405.723.931 dólares. Les sugiero visitar la web y comprobar la cifra actual.

Tribuna de Josep Maria Pon, responsable de Renta fija en Crèdit Andorrà Asset Management. Crèdit Andorrà Financial Group Research.

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