Última actualización: 12:43 / Lunes, 30 Agosto 2021
La visión de Thornburg Investment Management

La cuarta ley de la inversión

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  • Diversos estudios han demostrado que los individuos que consiguen los mejores retornos sobre sus inversiones – con independencia de los cambios económicos y de las fluctuaciones del mercado- son inversores que compran acciones y se mantienen invertidos en el largo plazo.
  • Según un estudio de la consultoría Dalbar, entre 1983 y 2013 el S&P 500 generó un retorno medio del 11,1% al año mientras que, durante el mismo periodo, el inversor medio en fondos de renta variable ganó un 3,69% de media al año. De esta diferencia, atribuye un 1,4% las comisiones de los fondos y el resto al mal manejo de los tiempos en las decisiones de los inversores.
  • El periodo medio que se ha mantenido una inversión de renta variable en cartera ha ido descendiendo desde 1940: frente al periodo de ocho años de media de los 60, en la década de 2010 el periodo medio de inversión fue de tan solo cinco meses.

Si tienes objetivos para el largo plazo, debes pensar a largo plazo.

“No se trata de cronometrar al mercado, es el tiempo pasado en los mercados lo que importa”- dicho de la industria de servicios financieros.

Tras años de educación, décadas de experiencia y toda una vida de insights y perspectivas, Jeremy Siegel, el Profesor de Finanzas de la cátedra Russell E. Palmer en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, y autor del libro Stocks for the Long Run, publicado en 1994, necesitó tan solo cinco palabras para resumir, como indica la cita, lo que siempre han sabido los inversores sabios: la inversión es una proposición de largo plazo.

A diferencia de los bonos, que representan una deuda de la compañía emisora, las acciones representan un porcentaje sobre la propiedad de la compañía emisora. Cuando un inversor compra un bono, sabe que la compañía le compensará con el pago regular de intereses, en compensación por el uso de su dinero. Quienes invierten en acciones lo hacen con la esperanza de que, cuando la compañía tenga éxito, la valoración de las acciones se aprecie y los accionistas vean un incremento en el valor de sus inversiones.

Diversos estudios han demostrado que los individuos que consiguen los mejores retornos sobre sus inversiones – con independencia de los cambios económicos y de las fluctuaciones del mercado- son inversores que compran acciones y se mantienen invertidos en el largo plazo. Mientras que muchos inversores saben de manera intelectual que la inversión en acciones es una proposición de largo plazo, emocionalmente quieren una victoria instantánea. Y si no consiguen una, se moverán hacia la siguiente oportunidad. Es manera de pensar cortoplacista y atropellada afecta negativamente a los retornos de los inversores, y tenemos datos que lo demuestran.

Durante más de 25 años, la firma de market research de servicios financieros Dalbar ha estudiado el comportamiento de los inversores y su grado de éxito mediante la comparación de la performance de los inversores individuales con la performance del mercado. Los estudios de Dalbar han demostrado una y otra vez que los inversores individuales ganan menos que los índices.

Hay un estudio de Dalbar que medía un periodo de tiempo hasta 2013, comparando los retornos de inversores con los del S&P 500. Este estudio descubrió que entre 1983 y 2013 el S&P 500 generó un retorno medio del 11,1% al año mientras que, durante el mismo periodo, el inversor medio en fondos de renta variable ganó un 3,69% de media al año. De esta diferencia, Dalbar atribuyó un 1,4% las comisiones de los fondos y el resto al mal manejo de los tiempos en las decisiones de los inversores. Pero ¿cómo sabemos que el pensamiento cortoplacista afecta negativamente a los retornos de inversión?

Este gráfico del libro del Dr. Daniel Crosby The Laws of Wealth: Psychology and the Secrets to Success demuestra que, en conjunto, el periodo medio que se ha mantenido una inversión de renta variable en cartera ha ido descendiendo desde 1940. En concreto, compara el periodo de ocho años de media de los 60 con la década de 2010, cuando el periodo medio de inversión fue de tan solo cinco meses.

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Tres maneras en las que los inversores pueden evitar caer en la mentalidad de inversor cortoplacista:

  • Trabaje con un asesor financiero que le comprenda y entienda sus objetivos vitales. El incremento de la Esperanza de vida requiere que los inversores tengan planes financieros y de inversión que asuman que vivirán hasta los 100 años, lo que significa que puede que algunos de nosotros podamos estar jubilados entre 30 y 40 años. Además de centrarse en sus objetivos, su asesor le recomendará estrategias de inversión y activos que encajen con sus necesidades.
  • Conviértase en estudiante de historia bursátil (simplemente un estudiante, no un profesor). Compare el comportamiento del mercado en el corto plazo (1 a 5 años) con el comportamiento en el largo plazo (más de cinco años). Se dará cuenta de que, aunque los mercados pueden fluctuar enormemente en periodos de uno o dos años, esas fluctuaciones se convierten en pequeños tropiezos dentro de largos periodos de tiempo.
  • Evite revisar sus cuentas de inversión todos los días, porque lo que vea en un día dado puede provocar que tome acciones innecesarias, como vender una acción. Greg Davies, el responsable de Behavioral Finance en la Universidad de Oxford, estudió los valores de cuentas de inversión y descubrió que, si un inversor consulta sus cotizaciones todos los días, verá que ha caído su valor el 41% del tiempo. El inversor que revisa sus cuentas cada cinco años verá que su cuenta tiene pérdidas el 12% del tiempo. Y el inversor que mira su cuenta cada 20 años nunca verá pérdidas de dinero.

Cuando Jeremy Siegel tituló su libro como Stocks for the Long Run, nos dio la respuesta al éxito inversor. Pero el título de su libro no explicaba el papel crítico que juegan los asesores financieros al asegurarse de que el hábito de la inversión en el largo plazo sea adoptado ampliamente entre los inversores.

 

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Thornburg Investment Management es una gestora independiente de inversión global fundada en 1982 que ofrece una gama de soluciones multiestratégicas para instituciones y asesores financieros de todo el mundo. Es una empresa reconocida como líder en inversion en renta fija, acciones y activos alternativos  que supervisa 45 000 millones de dólares (43 500 millones de dólares en activos bajo gestión y  otros 1800 millones en activos asesorados)a través de fondos de inversión, cuentas institucionales, cuentas separadas para inversores individuales de alto patrimonio y fondos UCITS para inversores no estadounidenses (datos a 31 de diciembre de 2020). Thornburg fue fundada en 1982 y su sede central se encuentra en Santa Fe, Nuevo México, EE. UU, con oficinas adicionales en Londres, Hong Kong, y Shanghái.

 

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Acerca de Jan Blakeley Holman

Jan Blakeley Holman, CFP®, CIMA®, ChFC, CDFA, CFS y GFS® es directora de educación financiera en Thornburg Investment Management. Es responsable de identificar y crear programas de educación financiera que den apoyo a los asesores financieros en su trabajo con clientes y prospects. Jan tiene una experiencia de 44 años en la industria de servicios financieros. A lo largo de su carrera ha trabajado como asesora financiera, consejera de asesores financieros y consejera corporativa de servicios financieros.

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