Última actualización: 12:53 / Viernes, 24 de Mayo de 2019
Tribuna de NN IP

La ilusión de la decisión

Foto: qimono / Pixabay CC0 Public Domain
Por Valentijn van Nieuwenhuijzen

La vista es nuestro sentido más desarrollado. Confiamos constantemente en ella y, sin embargo, somos engañados de forma sistemática por ilusiones ópticas. Si podemos cometer este tipo de errores con nuestra facultad perceptiva más utilizada, posiblemente seamos incluso más susceptibles a fallar en áreas más complejas como la toma de decisiones o el razonamiento crítico.

Dan Ariely, profesor de psicología y economía conductual en la Universidad Duke, denomina al patrón de cometer de forma repetida errores predecibles “the decision illusion” (la ilusión de la decisión). Al contrario de lo que uno pueda pensar, unos niveles más altos de inteligencia cognitiva y experiencia profesional no reducen los efectos de la ilusión de la decisión. Esto se debe a que nuestros procesos cognitivos y emocionales se encuentran inextricablemente interconectados. El cerebro está programado para aplicar la emoción antes que la razón.

La ciencia de la conducta ofrece mucha información sobre cómo podemos mejorar nuestra habilidad para tomar decisiones. Estos datos subrayan la necesidad de implementar técnicas de reducción de sesgos y destacan el papel que puede desempeñar la tecnología a la hora de empoderar a los humanos para que se comporten de forma más racional. Pero antes de empezar a servirse de las máquinas, los inversores profesionales pueden hacer mucho para mejorar sus habilidades a la hora de tomar decisiones sólidas en medio de la incertidumbre.

Los seres humanos normalmente preferimos mantener las cosas como están. Nos resistimos al cambio y tendemos a minimizar el esfuerzo. Preferimos la rutina a la innovación. Es lo que se denomina el “síndrome del status quo”. Pero los comerciantes, los estrategas y los economistas deben aceptar que sus psiques y sus emociones pueden influenciar sus decisiones de forma profunda, independientemente de los años que lleven haciendo su trabajo. Ahondando en las finanzas conductuales –una rama de la economía que analiza el daño que los sesgos humanos pueden infligir en las decisiones finales- los inversores activos pueden percatarse mejor de su potencial.

En su ensayo “The Loser’s Game”, el consultor de inversiones Charles Ellis apunta que, habitualmente, es más fácil tener éxito cometiendo menos errores que siendo más brillante. Con esto en mente, deberíamos preguntarnos a nosotros mismos si hemos estado cometiendo alguno de los siguientes.

Error 1: Limitarse a muy pocas alternativas

Los humanos tienden a buscar evidencias del pasado para tomar decisiones sobre el futuro. Pero, cuando los inversores se ajustan a unas pocas predicciones, algunas falsedades pueden frustrar su éxito.

El análisis pre-mortem puede ser una técnica efectiva para afinar la toma de decisiones. En vez de utilizar el pasado como una guía para el momento actual, el pre-mortem parte del futuro para llegar al presente. Lo haces proyectándote a ti mismo hacia el futuro para mirar hacia atrás: te imaginas que tu predicción ha fracasado y tratas de encontrar los posibles motivos. Este tipo de análisis minimiza el riesgo de un exceso de confianza. El objetivo no es el de abandonar la decisión inicial, sino mejorar el proceso de toma de decisiones para que provea resultados favorables.

Error 2: Pasar por alto un punto de vista contrario

Es habitual que los equipos de inversiones articulen sus carteras de forma que justifiquen un punto de vista concreto. Trazar los motivos por los que podemos equivocarnos no es especialmente fácil.

Una herramienta útil es el ejercicio “equipo rojo/equipo azul”, dirigido a desafiar y defender los análisis que sustentan la mentalidad de los inversores. El equipo azul identifica los factores de incertidumbre o los motores clave que determinarán un resultado y articula hipótesis sobre cómo funcionarán estos motores.

Después presenta evidencias y razonamiento para respaldar sus premisas. Luego, el equipo rojo busca cualquier señal que indique que son poco fiables y aporta ejemplos de cualquier disparador que podría incluso revertir los resultados esperados.

Una de las reglas básicas es la de separar los hechos de las opiniones. Un hecho es un trozo de información que se presume que tiene una realidad objetiva. Una opinión es una creencia más fuerte que una impresión, pero menos que un conocimiento fehaciente. La finalidad del equipo rojo es encontrar la manera de vencer al azul. La toma de decisiones en medio de la incertidumbre es un gran desafío y una opinión desempeña un papel crítico. Pero cuando eclipsa los hechos, es una señal para actualizar tus creencias.

Error 3: Abstenerse de rendir cuentas

Para anticipar resultados, uno debe pensar en términos de probabilidades. Los inversores con experiencia realizan un seguimiento del resultado de sus decisiones, pero muchos de ellos no analizan cómo de buenas o malas fueron. Puedes hacerlo mediante la descripción de tus visiones y expectativas utilizando probabilidades específicas. Puedes crear ciclos de feedback basados en datos y contar con un cuaderno de inversiones que registre tus puntos de vista y los exprese probabilísticamente.  

Resumiendo: las malas predicciones que surgen de decisiones pobremente estructuradas pueden dañar a los inversores activos. Cuando están basadas en las mentes humanas o sistemas de creencias estáticos el riesgo de sesgo es mayor. John Maynard Keynes dijo una vez que “es mejor tener prácticamente la razón que estar exactamente equivocado”. Creemos que aplicando estrategias de reducción de sesgo en nuestras decisiones diarias de inversión podemos mitigar el riesgo de estar exactamente equivocados. De esta forma, podremos minimizar los errores y mejorar el porcentaje de buenas decisiones que, con el tiempo, generarán retornos atractivos y consistentes.

Tribuna de Valentijn van Nieuwenhuijzen, jefe de inversiones en NN Investment Partners, y Willem Verhagen, economista senior

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