Última actualización: 07:36 / Viernes, 14 de Junio de 2019
Crèdit Andorrà Financial Group

El dólar estadounidense debería irse debilitando a medida que el crecimiento global vaya convergiendo de nuevo en 2019

Por Jadwiga Kitovitz

El dólar estadounidense fue el claro ganador de 2018 dado que fue uno de los pocos activos en registrar ganancias. El crecimiento económico excepcionalmente fuerte de Estados Unidos, las agitaciones políticas en los mercados europeos y emergentes y la escalada de las tensiones comerciales han dado alas este año al "billete verde".

El debilitamiento de los datos europeos desató el temor a una ralentización económica en la región y alejó la posibilidad de poder ver una subida de los tipos por parte del Banco Central Europeo. En Italia, la coalición de gobierno entre la Liga y el Movimiento 5 Estrellas presentó un plan presupuestario que desafiaba a la Comisión Europea y que encolerizó a los inversores, que temían que un incremento en la deuda italiana provocase un efecto dominó en los mercados. La libra esterlina se debilitó asimismo frente al dólar ante las inacabables negociaciones para alcanzar un acuerdo sobre el Brexit. Finalmente, la subida de los tipos de interés y la guerra comercial entre Estados Unidos y China afectó especialmente a las divisas de los mercados emergentes ya que una ralentización más pronunciada en China podría tener un impacto directo sobre sus economías.

Pensábamos que el dólar se debilitaría en 2018, pero no habíamos previsto las prolongadas negociaciones derivadas de la guerra comercial ni el resultado de las elecciones italianas. El 2018 ha sido un año de economías divergentes, con una batalladora economía americana por un lado y con el resto del mundo por el otro. Creemos que esto debería cambiar en 2019 a medida que vayan desvaneciéndose los estímulos fiscales en Estados Unidos y el resto del mundo se vaya recuperando.

La ralentización en Europa se debió en parte a la normalización de unas insostenibles elevadas tasas de crecimiento en 2017 y a factores temporales tales como la caída del sector automovilístico. La implementación del Procedimiento Mundial Armonizado para Ensayos de Vehículos Ligeros (WLTP, por sus siglas en inglés) podría ayudar a reducir las emisiones de carbono, pero también ha creado problemas en la producción, distribución y almacenamiento de vehículos. No obstante, Europa sigue creciendo por encima de la tendencia y estos factores deberían desaparecer en el futuro, los efectos base serán más asequibles y la mejora en el mercado laboral seguirá apoyando a la demanda interna.

En lo que se refiere a los riesgos políticos, Italia no puede ir demasiado lejos en su desviación fiscal ya que los mercados seguirán empujando al alza las rentabilidades en perjuicio de los propios intereses de Italia. Es precisamente por esta razón por la que ya han rebajado el objetivo de déficit hasta el 2,04%, prácticamente en línea con las exigencias de la CE. En cuanto al Reino Unido, parece que hay múltiples posibles resultados entre los que se encuentran elecciones generales anticipadas o incluso un nuevo referéndum. Sea cual sea el resultado, al final el Reino Unido deberá alcanzar un acuerdo ya que un Brexit sin él sería demasiado desastroso para su economía.

Por lo que se refiere a los mercados emergentes, creemos que China recurrirá a las políticas de estímulos fiscales en el caso de que la tasa de crecimiento caiga por debajo del 6% y, aunque la situación podría seguir siendo inestable, China y Estados Unidos deberían alcanzar un acuerdo en el mejor interés de todas las partes.

El sentimiento del mercado ante todos estos riesgos es ya muy negativo y parece que ya se ha descontado un escenario pesimista. Por consiguiente, en el caso de que cualquiera de estas cuestiones concluyera de forma positiva, la consecuencia sería probablemente un movimiento bajista en el dólar. Por último, el factor más importante para los movimientos de la divisa es el cambio de los diferenciales del tipo de interés. El mercado está descontando solamente 40 puntos básicos de subidas por parte del BCE a lo largo de los próximos dos años mientras que la Fed se está acercando al final de su ciclo de subidas. Por consiguiente, hay un amplio margen de sorpresa para que el BCE adopte una línea más dura.

El riesgo principal de esta perspectiva es que el dólar comience a depreciarse únicamente durante la segunda mitad de 2019 ya que puede llevar tiempo que las tensiones políticas se resuelvan por sí mismas y las elecciones al Parlamento Europeo en mayo podrían resultar ser otro obstáculo. 

Tribuna de Jadwiga Kitovitz, CFA, responsable de Gestión Multiactivo y Clientes Institucionales del Grupo Crèdit Andorrà. Crèdit Andorrà Financial Group Research.

 

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